martes, 22 de enero de 2013

Spit it in the eye


Ayer leí un estado de whatsapp que me gustó. Decía " Si sonríes a la vida... la vida te sonreirá ". Yo añadí, en mi habitual estilo, que si no lo hace estás en tu derecho a escupirle en el ojo, cogerle de la pechera y gritarle a la cara " ¡ sonríe ! ¡ sonríe ! ¿ Quién es el jefe ? ¿ Quién es el jefe ? ".
Bueno, algo parecido pasa con mis sensaciones de hoy. Si quieres que la vida te respete, a veces vas a tener que obligarle. Vas a tener que plantarte en el sitio, ponerte firme y decirle " oye, mira, yo valgo un montón. Y si no estáis dispuesto a reconocermelo, voy a obligaros ". A veces no vale solo con coger la mochila y tirar para otro lado, porque no puedes hacerlo y no tienes más remedio que quedarte.
En cuanto a lo que escribí antes sobre la princesita, mentiría si no confesara mi parte de culpa. Si trazamos una línea horizontal, colocando en un extremo a las chicas que cocinan tartas los domingos y en el otro a esa gente que coge una mochila y lo deja todo, ella y yo estamos en extremos separados. Y yo tengo que asumir de una vez lo que le puedo pedir a una gente y lo que no le puedo pedir a otra.
Hoy Aliusha ha acudido al rescate. Esa niña probablemente sea la unica amiga que tengo. ¿ Como sé que es una amiga ? Porque le digo que la necesito y para el mundo. Y luego a continuación me dice, tras escucharme, " te comprendo ". Y es verdad. Lo hace. Sabe de lo que estoy hablando y porqué. Y luego me dice " Ale, espabila. ¿ tu no eras un tío independiente ? ". No solo sabe quién soy, sino sabe donde pulsar para ponerme a funcionar. Conoce el valor del orgullo y del respeto.
Al fin y al cabo, la frase de la compañera se resume en " cada uno da lo que recibe ", ese rollo karmico de la canción de Jorge Drexler. Que comparto hasta cierto punto, si bien yo considero que, al igual que dice el refrán, Dios ayuda a quién se ayuda a sí mismo. Así que mejor madrugarle a la vida y trabajar por respetarse y quererse uno mismo, antes que ceder la iniciativa a terceras personas sobre nuestro carácter, nuestra actitud, nuestras expectativas. Y si tienes una duda ya sabéis lo que dijo la señora Ibarruri: mejor morir de pie, que vivir de rodillas.

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