sábado, 26 de enero de 2013
Riete
Ya voy teniendo una edad en que puedo convertirme en una figura historica. O quizás debería decir que voy teniendo una edad en la que puedo recordar historia. Hoy os voy a contar una historieta de esas, pero para explicaros algo cuando menos curioso.
Fue el verano del 97 y yo tenía quince años. Era mi segundo verano como adolescente en que iba a Vigo y estaba en medio de consolidar amistades, intentar algo con una chica, descubrir el mundo e intentar ponerme un pendiente, sin que mi abuelo me arrancara la oreja en el proceso. Tenía unos walkman de cinta, que rebobinaba con un boli, y me pasaba todo el maldito día escuchando el number of the beast de Iron Maiden, el metal works de Judas Priest y lo que podía grabar de la radio, con unos cascos de alambre que me cubrían la cabeza y entonces eran lo más hortero del mundo y hoy los lleva todo Dios. Hacía un tiempo bastante bueno, como casi siempre en Vigo por esas fechas, y yo me pasaba el día en la playa o paseando, escuchando musica y fantaseando. También escribía cartas.
Y entonces un día llegué a casa y había un silencio más grave de lo normal. Mis abuelos miraban la tele y yo me senté con ellos. ETA había secuestrado a Miguel Angel Blanco, un chaval del pais vasco metido en política y había dado un ultimatum. O se cumplían unas condiciones que creo que eran el acercamiento de presos o algo así en 48 horas o lo mataban. Era verano y todo Dios estaba de vacaciones o a punto o trabajando... pero toda España se puso en pie. Hubo manifestaciones por todo el país. Yo, en una casa perdida en un pueblo de Galicia, lo sentía. Iba andando por la misma carretera o el mismo barrio de siempre y sentía una tensión, una presión. Toda España contenía el aliento. En el telediario salían testimonios, suplicas. No hubo nadie en todo el país que esos días no pusiera una vela, no fuera a una manifestación, no rezara, no intentara algo. Incluso yo, que ya por aquel entonces tenía claro que ese nuevo santo ni me iba ni me venía, recuerdo haberle deseado de todo corazón que la historia acabara bien.
Pero no podía acabar bien. Se anunció que lo habían matado. Aquel día recuerdo que mi abuelo se quedó mirando la tele y gruñó algo entre dientes. Él no era el típico que juraba y blasfemaba ante la tele, " los deberían matar a todos ", " hijos de puta ". No. Él se quedaba callado y observaba y lo que quiera que pensara se lo guardaba para él. Pero aquel día debió de salirle por dentro algo. Yo creo que aquel día lloré.
Al cabo de unos días, recuerdo leer el periodico. A mi me gustaban las columnas de opinión incluso entonces y di con una que me llamaba la atención. Era el Faro de Vigo pero el periodista cubría el País o el Mundo.. no sé, un periodico grande. Y recuerdo que me llamó muchisimo la atención algo que me pareció terriblemente heterodoxo ( entonces no conocía esta palabra ). El hombre aconsejaba reírse. Hacer chistes sobre los etarras. Banalizarlos. El periodista decía que, aquello de lo que nos reímos, no nos produce miedo. Y al no producirnos miedo es más atacable. Hubo una epoca en mi vida en que lo pasé muy mal con examenes. Entonces yo estudiaba en Jerez y tardaba media hora andando en llegar a la estación de trenes, a través de un polígono industrial y unas naves de producción de vino. Y recuerdo el trayecto riendome. A carcajadas. Empezaba con un esfuerzo y luego poco a poco me iba animando. Y cuando llegaba al tren me sentía más ligero, más fuerte, más preparado para afrontar lo que viniera. Es curioso como el mundo se te encoge cuando piensas que tu vida entera depende de un determinado aspecto y que, sin ello, nunca podrás ser feliz. Que tontería.
Así que riete. Como me recuerda a veces Carlos que haga, como aprendí aquel verano en que todos perdimos un poco de nosotros mismos. Porque si te ríes, lo que sea que te asusta tendrá menos poder sobre ti y podrás doblarlo y vencerlo. Animo. Disfruta de la vida.
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