jueves, 31 de enero de 2013
Pero, ¿ qué te he hecho yo ?
Ya he escrito alguna vez que la tensión narrativa tiene un periodo. Demasiado poco y pierde efecto, demasiado largo y desaparece. Y estoy justo en el punto en el que la tensión está a punto de desaparecer, llegando a la cuspide de la curva de Gauss. Hace tiempo, concretamente el día 23 de diciembre, que decidí dejar de perseguir lo imposible. La gente no cambia e intentar cambiarla es absurdo y el miedo es un enemigo muy poderoso. Así que, como he hecho otras tantas veces, me encogí de hombros, metí mano de la mochila para sacar un libro y me puse comodo para que el tren me llevara al siguiente destino. Sabiendo que what comes around goes around y que no tiene sentido volverse loco por lo que no puede ser y, además, es imposible.
Pero claro, no podías dejarlo pasar. No podías quedarte ahí, en el mordisco sútil. Tenías que inyectar el veneno y observarlo hacer efecto. Y cuando tras tanto tiempo resulta que no hace tanto efecto, te molestas y te preguntas porqué. Niña mala que juega a quitarle las alas a la mariposa y ver como intenta volar, ¿ qué pretendías? ¿Acaso creías que yo no tenía patitas?
Lo triste de esto es que también tengo memoria. Para esas cosas soy muy nórdico y el Norte no olvida. Ni lo bueno, ni lo malo. Y tu fuiste la que me sacó de la oscuridad de la mano. Tu fuiste la que me enseñó a mi niño y me hizo sentirme comodo con él tras tanto tiempo. Tu fuiste la que me clavaste los dientes, la que preguntó ¿por qué?, la que practico los silencios, la que compartió mi coche. Contigo abucheé Pesadilla antes de navidad y conté cuentos desde el pantalán del muelle. El muelle de Bahia Sur será para siempre el sitio donde me cantaste una canción mientras nos helabamos de frío.
Y tu preguntabas, ¿ es que las intenciones no cuentan para nada ? Te diré un par de cosas. En primer lugar que yo nunca me arrepiento de lo que hago, digo o pienso, porque si actuo así es porque creo en lo que hago. Y si me equivoco lo arreglo, y si no puedo arreglarlo me jodo. En segundo lugar, que todo lo que hago, digo o pienso lo defiendo y lo mantengo, a menos que no tenga como. Así que todo lo que puse en esa carta, por egoista que te parezca, me costó un dolor hacerlo y a día de hoy sigue en pie. Y en tercer y ultimo lugar, que incluso al peor criminal se le leen sus delitos antes de condenarlo, y si he hecho algo malo quiero defenderme. O cuando menos saber lo que habrá en la balanza cuando el día de mañana San Pedro me ponga la cara colorada antes de mandarme para abajo a hacer chicharrones de mi, por haberme pasado toda la vida remando para no llegar a la orilla.
Ah, y de propina te voy a decir una cosa. El miedo es una fuerza demasiado poderosa, pero si te pasas la vida esperando a que te den la luz verde para hacer, decir o pensar, se te van a pasar muchos trenes llenos de zombis. Y no me enseñes los dientes, que yo sé que para las cosas que no tienen importancia no piensas. Igual que yo. Que te echo de menos, niñata. Y te lo digo por aquí y te lo voy a decir siempre, a medida que miro por el retrovisor del coche nuevo - grís, como tu decías que me pegaba - y veo que te alejas.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario