jueves, 31 de enero de 2013
Gente tóxica
Es casi una broma privada entre mi amigo Luis y yo. Hace un par de años, en Madrid en el FNAC, vimos un libro titulado " Gente tóxica " y mi colega se echó una foto con él. Llevamos años diciendole que es un ruina, con esas hechuritas de yonqui ochentero que se gasta.
Pero realmente el libro tenía más mijita de lo que parece, o quizás es que yo estoy en esa fase del mes. Sí, en esa. Porque vengo reflexionando como hay gente que de forma natural produce cosas negativas y como esas cosas negativas terminan salpicandote. Como dijera aquel refrán tan sabio: qué buen día hace, verás que viene algún cabrón a joderlo.
Porque siempre es así. Ahora estaba escuchando " todo se transforma " de Jorge Drexler, una terapia que os recomiendo a todos los que os sintáis simpáticos sobre el karma, y volvía a mi esa imagen mental. Mi colega Carlos, que es un relativista de los %!!·$%( dirá que cada persona tiene su forma de ser y encaja más o menos con otras personas. Eso es cierto. Pero también es cierto que existen determinadas personas encajadas en una espiral de incertidumbre existencial, falta de amor propio y, en general, de amor, que está ahí para hacer daño. Gente que quizás sufrió mucho y ha decidido vengarse del universo, o gente que quizás sufrió mucho y ya no sabe vivir sin miedo. También quiero hacer un apunte importante aquí sobre algo que dijo mi colega Deivid cuando apenas teniamos dieciseis años: un amigo no te lo dice, te lo demuestra. Desconfiad de la gente que habla mucho y cita cosas que suenan a sabiduría china, porque lo que está haciendo es ocultarse detrás de palabras, como otra gente se oculta detrás de maquillaje, una imagen de un determinado tipo o cualquier otra forma de camuflaje social. Quién es rico no necesita decir que es rico, al igual que quién vive feliz y equilibrado no necesita decirselo a nadie.
A eso vengo a referirme con gente tóxica. A gente no ya que sea infeliz, sino que es incapaz de ser feliz. Que no puede vivir ajena al miedo, a lo que los demás pensarán o dirán de él/ella, a no estar a la altura. Y llega un momento en que el dolor les sobrepasa y empiezan a transmitirselo a otra gente, sin poder evitarlo. Es su enfermedad y no son conscientes de ella. En algunos casos son gente que se puede salvar... pero en la mayoria de ellos no. O quizás yo no he dado con la cura. Alguna vez lo he intentado y una y otra vez he fracasado, porque no se puede enseñar a una piedra a nadar, ni a un pez a caminar sobre la tierra. Y yo ya hace mucho tiempo que dejé de ser el mesías de nadie y me dedico a vivir levantando las olas más pequeñas posibles, atrincherado en mi esquinita del mundo donde solo dejo pasar a aquellos que realmente suponen una diferencia positiva. ¿ Miedo ? No, maldita sea. Sigo equivocandome y seguiré haciendolo, porque a veces un caballero tiene que dejarse engañar para seguir siendo fiel a sí mismo. Pero una cosa es dejar pasar algunas cosas y otra ser gilipollas.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario