jueves, 31 de enero de 2013
La dama y el vagabundo
Demonios, como odio a Carlos cuando se pone retórico. Y seguro que él me odia a mi cuando me pongo objetivo y lógico, porque suelo sacar argumentos que no son facilmente atacables. Lo reconozco, debatiendo soy un hijo de puta y, como en otras cosas en la vida, cuanto más frío e indiferente me muestro más eficaz resulto. Lo que viene a querer decir que, aunque soy español de cultura hispana, mi vena germanico-extraña funciona como un reloj.
¿Qué porqué odio a Carlos? Porque el paralelismo que ha establecido sería valido en un determinado supuesto. ¿Recordáis la peonada con cervecita que me pegué? Ya he visto como me las pagan. Como sabía que me las iban a pagar, por otro lado, siendo esto la crónica de una muerte anunciada.
A ver, estoy molesto con Sauca porque no sé nada de él desde hace meses. Estoy molesto con Rabanal porque tengo que perseguirlo para que dé señales de vida, y a veces ni por esas. Pero esa gente está en otra escuela, lo cual viene a ser estar en otro destino. En Marina la gente que está en otro destino queda contigo si de verdad son amigos. Con los compañeros quedas día sí y día también, porque no tienes otra cosa. Eso no es amistad, sino conveniencia pura y dura. Lo cual no quita que, para algunos de nosotros, el interés sea muy relativo al valorar bastante nuestra soledad.
Ahora bien, otra cosa es cuando tienes a alguien al lado doce horas al día. Si yo no hablara con Tovar, con Sabino, con Ojeda, con Somaza, me molestaría. Si además fuera gente con la que me he mandado whatsapps y mensajitos en navidad, rollo " no te amargues ", y con quién he echado peonadas, ya la cosa pasaría de molestia a ofensa personal. Estaría en juego mi orgullo y, como le dije el otro día a una colega, orgullo ( stolz en alemán ) es mucha palabra tanto en un idioma como en otro.
¿Qué estoy actuando de forma infantil? No lo creo. Cada uno da lo que recibe. En mi caso, he dado demasiado. Cuando alguien se enfadó conmigo por whatsapp la llamé por teléfono. Dos veces. El otro día me enfadé yo por whatsapp y me dijeron algo que se traduciría como " ea ea ". Cuando alguien estuvo triste yo cogí y me fui andando bajo la lluvia a animarla. Pero no podía ser. Porque las princesas están por encima del bien y del mal y no responden más que ante Dios y yo, perro vagabundo, no dejo de ser un español. Con el orgullo de la vieja raza, que otra cosa quizás no hayamos tenido pero durante toda nuestra historia pudimos levantar la cabeza y, como le decía el otro día a Vero la B, decir que no tenemos nada que no nos hayamos ganado a pulso.
Y eso duele, claro que duele. Así que entiendo que el punto objetivo del amigo Carlos, Mr Luxemburgo, a la hora de establecer paralelismos entre la relación de d. José y Pequeño Pony. Pero d.José no ha pasado a mi lado días y días sin saludarme, esperando a que yo diera un primer paso, ni me ha hecho sentir nunca como si yo fuera la mascota de nadie. Así que buena suerte, Pequeño Pony, pero perdiste un amigo hace tiempo y aún no lo sabes. Y yo he ganado un poquito de seguridad en mi mismo y he respondido un poco a la pregunta esa que hacían los Reincidentes, acerca de quién soy.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario