sábado, 12 de enero de 2013
Back to mordor
Una semana y ya está todo como siempre. Bien. En siete días he descubierto varias realidades compuestas de mi personalidad y mi vida, si bien la mayor parte de ellas son productos directos de mi actitud y mi carácter.
Por un lado, ayer fue mi última relación social con la princesa en semanas. Ya hemos vuelto a la situación estandard en la cual no pinto nada y eso es bueno. Como diría Hannibal Smith " Me encanta que los planes salgan bien ".
Hay otra historia por ahí que no me encanta tanto. Una historia con una chavala que parecía realmente especial. Digo parecía porque realmente no tengo ni puñetera idea como es. Alguna vez he escrito aquí un cierto miedo a dejar que mi concha me absorva. Observando a esta chica me doy cuenta de que realmente no tengo ese problema, porque sigo creando, reaccionando y estando loco. El día que el silencio sea la herramienta que uso para colocar una pantalla entre yo y el mundo, o que pise el hielo con mucho cuidado antes de andar, entonces deberé empezar a preocuparme. Como le dije a Rabanal, tarde o temprano uno siempre encuentra al pez más grande.
Otra de las cosas que he aprendido estos días es mi maldita mentalidad estoica, que me impide disfrutar de los placeres de la vida. Es mi forma de ser y en cierto sentido está basada en el miedo a una cierta adicción que me prive de mi libertad de juicio. Es en esa libertad de juicio en la que me baso para no tener una dependencia emocional del juicio de nadie, aunque si es verdad que esta es una vida muy solitaria. Por elección, al optar por la calidad sobre la cantidad, pero aún así solitaria. Ya le decía ayer a James, que es un tío interesantisimo, que me da coraje estar en un acto social en el cual sé que la mayoria de las relaciones son perfectamente circunstanciales y basadas en intereses mutuos. Una vez uno renuncia a creer, renuncia a intentarlo. Es curioso pero es así, la fé es el principal componente de todo esfuerzo.
Y para terminar, recordar a la mariposa de coral. Jugó muy mal sus cartas conmigo y la echo de menos, de una forma atroz. Y la voy a echar mucho más, porque el orgullo es una criatura terrible, inmensa y abotargada, que no permite hacer determinados movimientos. Yo he jugado limpio, porque al igual que yo ella sabe que hay un limite que no se debe pasar. Una vez permitimos determinadas cosas, dejamos de respetarnos a nosotros mismos y cuando no nos respetamos a nosotros mismos dejamos de existir. Pasamos a ser la sombra de otras personas u otras circunstancias, dejamos de tener volumen y dimensión. En ese sentido, soy esclavo de mi imagen de mi mismo. Y ella es esclava de sus actuaciones y la inercia historica de sus impulsos. Así que la echaré de menos, porque ha sido alguien que ha supuesto un antes y un después en mi vida y siempre la recordaré. Salve, mariposa de coral.
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