domingo, 13 de enero de 2013

Nuestra inevitable naturaleza


Una de las mejores lecciones que aprendí este año en el viaje con Rabanal, que fue de esas experiencias que te cambian la vida, es que no podemos evitar ser nosotros mismos. Existe una cierta naturaleza que nos condiciona irremediablemente a tomar determinadas decisiones, actitudes y posiciones. No podemos evitarlo. En general somos criaturas flexibles, adaptables hasta el extremo... y precisamente de ese extremo estoy hablando ahora.
Yo tengo una naturaleza bastante oscura sobre la que construyo mi vida. Esa naturaleza oscura no me impide tener un "codigo de honor", que diría Luis. Soy lo suficientemente inteligente como para renunciar a mis principios cuando considero que la ocasión lo precisa o merece, pero tengo que verlo muy claro. Porque si no, mis principios vendrían a valer basicamente una mierda.
¿ Qué por qué digo esto ? Porque una de las cosas que hizo que el viaje con Rabanal fuera una experiencia maravillosa es que es algo que compartimos. Una cierta actitud ante la vida, una intransigencia respecto a lo que está bien y lo que está mal. Empecé este blog porque había cambiado, ya no era el Prosiland que estaba buscando su lugar bajo el cielo. Ya sé cual es mi lugar bajo el cielo, aunque sea un lugar móvil y fragil, porque mi casa son mis amigos y mi refugio es mi naturaleza. Como decía antes una cierta actitud, unas ciertas decisiones, unas ciertas posiciones. Esa es mi casa.

Y la he perdido. A ella, que inspiró tantas y tantas notas de este blog y de mi vida, tantas reflexiones interesantes, tantas posiciones. Ella que me lo hizo pasar fatal y me dejó marcas por dentro y por fuera que tardaban en curar, porque yo no quería tampoco que lo hicieran. Me gustaba sentirme suyo. Pero como dije antes, todos tenemos determinados limites. Si permites que el miedo entre en tu vida, el miedo dominará tu vida. Si permites que te humillen, nunca volverás a respetarte a ti mismo. Y ni la persona más maravillosa del mundo vale más que tu mismo. Si olvidas eso, si separas tus pies del camino de baldosas amarillas... ay amigo, que Dios te pille confesado.
Lo cual, por supuesto, no quita que lo lamente profundamente. Y que puede que dentro de un tiempo me arrepienta y tienda una mano, porque en mi vida casi nadie desaparece del todo - y si no, miren a mi archienemiga -. Pero es difícil, existiendo el orgullo.

Había otro detalle curioso que quería comentar. Vicen y yo hablamos el otro día sobre como algunas reacciones de la gente te suben la moral. En mi caso no es así. Yo no necesito que nadie estimule mi ego, tengo plena conciencia de mi valor " real ". Y dada mi testarudez, no me bajan del burro en cuanto a ello ni en un sentido ni en otro. En cambio sí reconozco que hay reacciones que sirven para estimular esa idea de " pues tan mal no lo debo estar haciendo ". Es la idea, perfectamente explicada por mi psicologa, de que nuestra forma de vida es consecuencia natural de nuestro carácter. Y si somos personas sociables tendremos montones de amigos y si somos personas desconfiadas estaremos solos. Ese tipo de cosas. 

No hay comentarios:

Publicar un comentario