domingo, 10 de noviembre de 2013
El deseo se enroca
Decía Dag, el personaje de Generación X, en medio de una fase de profunda desesperación lo siguiente: "... y puede que el sexo se haya convertido solo en una excusa para mirar a otro ser humano a los ojos. "
Esta frase, tan terriblemente demoledora, me recuerda a semanas de haber escuchado el comentario de "lo que tienes que hacer es follar más". Y no es mentira. El objetivo de satisfacer el placer, de encontrar el olvido existe ahí. De extenderse hasta desvanecerse, de entregarse hasta llegar a esa pequeña muerte que decía no recuerdo que autor frances y yacer enterrado, olvidado en la cama, una baja más de ese infinito combate cuerpo a cuerpo que día tras día, noche tras noche, da sentido y pervivencia a nuestra especia.
¿Qué es el deseo? El deseo es hambre. La lujuria es hambre. Existe como impulso animal, enterrado en nuestras visceras, ansioso de satisfacción. Empujandonos a extremos absurdos, disgregando nuestra concentración, convirtiendonos en muñecos de nuestras ansias. "No te imaginas las tonterías que he hecho por un polvo". Oh, me las imagino. ¿Y quién no, compañero/a? La noche nos envuelve en su abrazo gelido, y antes de que los dedos de hielo de la soledad se enrosquen en torno a tu pecho te revuelves cual animal salvaje y luchas. Oh, como luchas. ¿Pero de qué sirve? Te diriges a ti mismo como si condujeras un coche, maquina sin voluntad propia, cuando la mayoria de las veces lo que conduces es un perro, un animal con deseos propios que tira de ti en una dirección o en otra. A veces diriges tu, a veces te dirige él.
¿Y yo? Yo me siento en la oscuridad de mi habitación, con mi unica almohada. Soy un enanito en una cama gigantesca y la noche me susurra promesas. El abrazo de las sabanas me asfixia, la manta me aprisiona. ¡Dejadme escapar! Dadme aire y libertad, dadme espacio. La serpiente del deseo me mira desde la esquina, de la habitación, amenazandome desde una pila de ropa sucia y yo me encojo. No soy el hombre que se apoyaba en los hombros de gigantes que era, porque los gigantes se fueron y quedé solo. Solo, enfrentando a un mundo que no entiendo y no me acepta, enfrentado a mis miedos e inseguridades. Enfrentado a ese fantasma del deseo, ese olvido de la realidad hecho en forma de abrazos. Y mis recuerdos me torturan. Recuerdos de abrazos infinitos, de manos recorriendo un costado, de la suave curva del cuello de ella, del vuelo de sus pestañas, de su sonrisa falsamente ofendida. De su nariz con la que juguetear, de su indomito cabello, de su ternura. Oh, de su ternura...
¡ no me tortures con eso ! Deja que caiga como un obus de hierro en el fondo del lago y quede allí, enterrado, solo un juguete más que no sirve.
Deja de enroscarte en torno a mi pecho para no salir de ahí, maldita serpiente. Olvidame, y dejame olvidarte.
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