lunes, 11 de noviembre de 2013
Intenciones
Visions come, visions come, in a sickroom bed... - Katatonia, deliberation.
Hace mucho tiempo, una persona muy muy especial me preguntó si las intenciones no contaban para nada, mirando al mar. Yo pensé en la pregunta, un rato, y le dije que en la mayoria de ocasiones, las intenciones contaban más que los hechos.
Estoy descendiendo por una pendiente oscura y resbaladiza. No es que no haya luz; es que apenas queda el recuerdo de lo que fue. Mientras caigo, intentando agarrarme a algo para volver a tropezar, cogiendo asideros que se me deshacen entre los dedos, voy ganando velocidad. A medida que lo hago genero un campo gravitatorio propio, un campo triste y gris, seco, donde todo lo que toca se marchita. La risa empieza a ser un recuerdo de tiempos pasados, así como una noche de sueño profundo o un abrazo. Como el recuerdo de la luz, el recuerdo del calor empieza a perderse y me hago de acero por fuera y de cristal por dentro.
A medida que genero gravedad, produzco un campo. Mi mundo se reduce, encogido por la presión que dicho campo genera sobre mi entorno. Algunas personas desaparecen, van quedando como sombras. No duele la perdida, duele la ausencia de sensación de la perdida, como una camisa que nunca nos ponemos pero, aún así, nos alegra ver en el cajón. El reflejo de tu esencia en los ojos de otra persona, la necesidad de ser a través de otros porque no sabes lo que eres a través de ti mismo. Parasito, criatura simbiotica, sombra de colores.
Todo eso se pierde. Y los impulsos te dominan. Hambre, sed, dominio, placer, odio. Te preguntas lo que eres. ¿Y no son acaso las intenciones más importantes que las acciones? Ves figuras y mascaras que danzan a tu alrededor. ¿En qué idioma hablan? No puedes entenderla. Y la noche se desfigura en una sucesión de rostros, que la velocidad transforma en una mancha de color y luego...
en nada.
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