martes, 5 de noviembre de 2013
Waving hands
Aún estoy atontado. Será la combinación de excesivas y maravillosas horas de sueño con el cambio de ritmo de vida. Las pausas, como la de este fin de semana, son terribles y maravillosas. Te descubren un mundo de felicidad... y te lo quitan. Es sacar la cabeza de debajo del agua para respirar, es necesario para vivir pero volver a la abnea se hace terrible.
No quiero nada con nadie. Estoy bien. Me he dado cuenta de que mantengo multitud de "relaciones zombi". Gente con la que sigo hablando... no sé porqué. Gente por la que me preocupo... ¿para qué? Amistades a las que sé que nunca volveré a ver a la cara, personas que aparecen solo para contarte sus problemas y desaparecen, conocidos con los que no puedo compartir mis inquietudes.
No me hacéis falta. Se está bien solo, cuando se está bien.
Entonces me preguntó porqué. Y reconozco que, dentro de mi, sigo siendo ese niño al que su padre dejó, sin darle importancia. Y de ahí nace el miedo a quedarme solo, el "vampirismo social". De ahí nace el sufrimiento cuando mi pareja me dejó, la no asunción de la muerte de mi hermano.
No quiero más drogas. No quiero videojuegos, no quiero libros, no quiero musica, no quiero miniaturas. Tampoco quiero esforzarme. No quiero trabajar, no quiero estudiar, no quiero entrenar. Llevo semanas y meses caminando al borde de una depresión, mirandola por el rabillo del ojo y haciendo como que no existe. Que tontería. No podemos cerrar los ojos y pensar que algo va a desaparecer si no le prestamos atención. Los problemas deben asumirse, ir a por ellos y resolverlos. Como decía aquel ridiculo estado de whatsapp, lo unico que cae del cielo es agua. Y por cierto, aquí está cayendo un montón.
Así que toca separar la paja del grano. Toca priorizar y descubrir que es importante y que no. Toca decidir que quiero y como lo quiero. Y toca asumir que, por el camino, haremos sacrificios y habrá gente que era importante, pero que en este momento no lo es. Quizás por algo tan absurdo como motivos esteticos aplicados a las emociones (me gusta como me habla, la forma en que lo dice), quizás por motivos de oportunidad en el tiempo (no estuviste cuando te necesité), quizás por cuestiones meramente circunstanciales. Pero, como le dije el otro día a una amiga, cuando mi vida se hace más pequeña y el circulo se estrecha, por definición hay gente que tiene que salir. Y es lo que me toca.
El otro día le dijeron a mi colega Luis que les parecía que era egoista la forma que tenía él de clasificar a la gente. Para Luis, hay gente con la que salir, gente con la que viajar, gente con la que hablar... hay una casilla para cada gente. Funcionalidad. Y él decía que probablemente fuera egoista, pero que la vida misma era egoista y no conocía otra forma de hacerlo bien. Seguramente, Luis tenga razón y ese es el camino. Pero iré probando, hasta encontrar el mío. Siempre he sido más dado a "adaptar" formas ajenas que a crearme propias, porque así es más fácil, pero la imitación absoluta se me resiste. Un punto de imperfección es la clave para hacer algo divertido y, si no es divertido, ¿para qué hacerlo?
Buen día, comadrejas.
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