martes, 12 de noviembre de 2013

Feliz aniversario de marina -sigh -


Aquí estamos. Doce de noviembre de 2013. Hoy hace seis años que entré en las Fuerzas Armadas. A partir de mañana, entra en vigor mi contrato de larga duración y paso a ser un militar que devenga trienios. Ya puedo mirar por encima del hombro a todos esos piltrafillas que no lo hacen.
¿Y qué? Mi capacidad profesional nunca se ha medido en años. Mi experiencia tampoco. La formación, la inquietud, el conocimiento... son cuestiones que son muy dificiles de medir. ¿En qué momento pasas a ser un hombre maduro? ¿Cuando te dejas barba? ¿Cuando pagas facturas? ¿Cuando dejas de ponerte camisetas?
Algo parecido pasa con esto. Este año tengo muy pocas cosas que celebrar. El año pasado fue mi primer año sin un "dinero extra", porque estaba en la escuela. Lo entendí, aunque me sorprendió. También fue mi primer año que no subía al puente algún curso mío para felicitarlo y abrazarnos. Todos los anteriores los había celebrado navegando, por ser temporada de campañas hidrograficas. Pero lo acepté. Era un año de transición, estaba empezando en la escuela, merecería la pena. Todos los sacrificios conducían a algo.

Ahora no lo tengo tan claro. Ha sido un año de penurias emocionales, de inutilidad profesional. ¿Como lo celebro? Como mis ultimos cumpleaños en Ferrol. En blanco. Es un día que pasa sin pena ni gloria, otro más en una cadena infinita punteada por examenes que apruebo o suspendo, pruebas que me duelen, soledad que atempero con drogas como videojuegos o muñequitos. Sin más horizonte que seguir adelante, esas carreras en las que te duele el cuerpo y ya no sabes ni porqué sigues, excepto porque tienes miedo a pararte y ver que todo el camino que llevas recorrido no sirve para nada.

Pero eso no es culpa de mis compañeros. De Ivan, de Juanje, de Borja, de Ezequiel, de Gonzalo, de Mireya, de Emilia, de Santi, de Carlitos, de Ruben, de Gonzalo, de Guillermo, de Giovana. De los ochenta y tantos zocotrocos que salimos, que eramos la vergüenza de la escuela y que salimos, y que quién más quién menos cumplimos con nuestro deber -menos los que confirmaron las promesas que parecían ser- y que seguimos por el mundo, y que hagamos lo que hagamos siempre podremos recordar aquellos seis meses de ¡corra! ¡corra  mucho!, de revistas de policia, de instrucción militar bajo la lluvia, de examenes y examenes y examenes, de fines de semana de desfase, de guardias infinitas. De soledad, de frío, de dolor. Y a la vez de compañerismo, de bromas, de esfuerzo, de satisfacción. Así que, ¿sabéis que? Que me da igual el mundo. Hoy voy a tomarme una cerveza a la salud de toda esa gente y de mi. Porque lo hariamos bien o mal, pero lo hicimos. Y eso no nos lo quita nadie.

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