jueves, 21 de noviembre de 2013
Ojos que esconden
Me miras con ojos que muestran desafio, ojos que muestran poder, ojos que muestran deseo. Me miras con ojos de posesión, como un depredador miro a una presa y yo sonrío. Mis ojos no muestran nada. ¿Qué buscas en mis ojos? Ahí no hay nada para ti. Nada para tus juegos de tira y afloja, nada para tus sonrisas de dominación, nada para tu arrogancia femenina, calculada en calaveras que alineas a tus pies en ese salvaje trono de deseo.
¿Qué esperas encontrar? Mis ojos son de lapislazuli y detrás de esa pantalla me escondo yo. Agazapado, una sombra que se sacude a rafagas de viento, que abraza su cuerpo pequeño rodeado de musculos inflados que no contienen más que aire. Una promesa, un susurro, una mentira.
Sí, abrazame. Aprietame fuerte, acerca tu oreja a mi oído. Deja que deslice mentiras peligrosas sobre tu piel, que corren como aceite y te impregnan y no te sueltan. Sé que no significan nada y tu sabes que cuando salga el sol desaparecerán. Pero, ¿y si...? Y con esa promesa te engañas a ti misma, te dejas enredar, te envenenas y entierras la culpa entre sabanas empapadas. ¿A quién le importa lo que traerá el mañana? A mi desde luego que no. Porque el niño que está dentro de mi sigue agarrado a ese cordón umbilical de independencia, de feroz y solitaria independencia, construida con lagrimas condensadas por noches de soledad. ¿Y qué le importa a nadie como está mi alma? Más triste que la luna y más sola, que el silencio.
Y mientras las horas caen impasibles y los días suceden a las horas, mientras las gotas de lluvia forman su mensaje ininteligible en el asfalto de las calles, tu, con el cuerpo de una veintena de mujeres, con los ojos mentirosos y desafiantes de otra docena, buscas mi mano en la oscuridad. Y yo la aprieto.
Aunque sepa que es mentira.
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