jueves, 31 de marzo de 2016
"Solo Dios puede juzgarme"
El título es algo que he visto en tatuajes aquí y allá, y siempre me ha parecido una frase un tanto curiosa. Ayer tuve un sueño muy extraño, en el que mi tío venía a debatir conmigo. Dejando de lado dramas familiares míos (no seáis cotillas), en un momento dado yo le decía algo del tipo "me parece absurdo juzgar a alguien por quién es, prefiero basar mi opinión en lo que hace." y en otro momento decía "nosotros nos definimos individualmente, no como hijo ni esposo de nadie. Lo contrario sería volver a la edad media."
Precisamente esa frase, "solo Dios puede juzgarme", suena muy medieval. Y es curioso como, en nuestro entorno, lo medieval va cobrando fuerza. El debate entre la razón y la fe. El auge de los nacionalismos. En ciertos sentidos, podemos estar asomándonos a un segundo romanticismo.
domingo, 27 de marzo de 2016
El acto reflejo de la busqueda de justicia
Existen muchas formas de educar a alguien, de adoctrinarlo. Una de las más comunes en nuestra cultura es la parabola, o la historia con moraleja. Así, mediante tecnicas narrativas como son los ganchos (o cliffhanger), la impersonificación o los leitmotiv, vamos consiguiendo que determinadas verdades calen hasta convertirse en hechos incontestables, algo que no se duda, que no se pregunta, sino que se da por hecho. Así determinados conceptos (el viaje del heroe, la redención mediante el sacrificio... ) quedan imbrincados en nuestro subconsciente, hasta ser parte de nuestra propia personalidad, tanto individual como colectiva.
Hoy me he paseado por ese espacio. Y es algo que no suelo hacer a menudo, más que como turista, visitante del zoologico, pero casi nunca (conscientemente) como sujeto activo de dicho jardín.
La naturaleza, que es muy aficionada a las simetrias, hoy me ha acercado a una de ellas. Algo que me encanta de mi cerebro es su afición a coger tres elementos, unir los puntos y trazar entre ellos una narrativa.
Hace una semana fui a tomar algo con una amiga. Al volver, dijo algo que me atravesó como un flechazo. "Nadie me había dedicado tanto tiempo antes".
Yo, que suelo ir siempre medio inconsciente con la vida, reaccioné a esa frase levantando las orejas e inquieto. Algo no estaba bien. Una chica inteligente, divertida, simpatica... algo no encajaba ahí.
Hoy me ha escrito Korytko. Contestaba a un mensaje, "hola, ¿qué tal?" que le había mandado yo en Octubre. Korytko es una chica alta, rica y guapa, con la madurez emocional de una niña de seis años y la empatía de un gato. Hace un año me habló sobre Tinder y como tenía una media de cuatro citas al día.
No es justo. Algo en mí, ese viejo instinto adquirido durante años de adoctrinamiento, se rebeló. NO es justo.
Y luego, como en aquella enorme novela de Terry Prattchet Mort, pude imaginar a la Muerte diciendo que, en el mundo, no existe justicia o injusticia. Solo existe ella. Y que la justicia, como sale en los cuentos, en las telenovelas y en los videoclips de Meat Loaf, solo existe como referente estético, plástico, un ideal carente de contenido al que dedicar un momento de reflexión. Que en la vida lo que existe es la armonía, la proporcionalidad y nuestra capacidad para proyectar nuestra voluntad y cambiar nuestro entorno. Quizás el famoso karma, que tantos debates me ha causado, quizás el cinismo y el humor negro. Quizás no exista nada. Pero el jardin por el que he paseado hoy, me ha hecho ser muy consciente de algo.
Tengo mucha suerte de que en mi mundo haya determinada gente. Y para que esa gente siga ahí, voy a seguir intentando hacer que, en su mundo, sea una suerte que esté yo.
Y lo demás, para Freud.
P.D: Dedicado a Y.
martes, 22 de marzo de 2016
Solo lo que suma
El otro día leí en facebook "Si no aportas, aparta". Ayer llegué a casa, mi compañero de piso me devolvió el saludo... y esa es toda la interacción social que tuve con él. ¿Que aporta esta persona en mi vida? Aparte de quejas y energia negativa.
Tenemos que ser muy conscientes de que nuestro entorno se compone de muchisimas pequeñas cosas que interactuan. Y sin que lo creamos, lo que damos y lo que recibimos afecta mucho al entorno. Este fin de semana maravilloso no hubiera sido posible si no hubiera tomado determinadas decisiones, si no me hubiera relacionado con determinada gente... a veces, no somos conscientes de lo que es importante y lo que no.
Relacionaros con gente que os haga más grande. Creed, crear. Construir un entorno en el que os sintáis comodos, feng shui o no. Darle a la gente buena cosas buenas. No perdáis el tiempo con los obsesionados o con esa gente "tóxica", que al final lo único que consigue es minar vuestra autoestima, vuestra alegria, vuestra fuerza. Sonreíd al sol. Disfrutad del viento. En general, quereros y querer a quien os quiere. Y plantearos que, cuando tenemos que pasar por cosas desagradables, lo mejor es hacerlo de forma que nos afecte lo menos posible, por nosotros y por nuestra gente.
A por el día. A por la semana. A por la vida.
lunes, 21 de marzo de 2016
Días de sol y abrazos
Acabo de volver del sur. Salí hace tres días, a las nueve de la mañana. Me monté en el tren con prisa y enfadado, tenso, amargado, y ya a la ida conocí a una mujer muy simpatica y estuve contando historias y riendome. Me bajé del tren molesto, por gente que me quiere organizar la agenda y por gente que decide meterme en la suya, quiera yo o no.
Me monté en un ferry. Iba frío, tenso y cansado. Y al cabo de un rato de mar... de sol... de conversaciones... fui siendo más yo. Cuando salí del podologo ya estaba un poco de mi humor habitual y, a la vuelta, disfruté de un ocaso en la mar como hacía demasiado que no tenía.
Y a partir de ahí, todo ha sido maravilloso. Abrazos. Historias. Planes. Fui con Paco el sabádo y dimos con algo que puede cambiar mi vida. Luego seguimos hablando de nuestras cosas, me reencontré con sus sobrinos (dios, soy viejo), volví a casa. A la tarde Luichi y yo nos hartamos de hablar y de reír, a la noche Elo y yo cenamos en el chino. La ciudad fue el escenario de fondo de paseos y conversaciones, de historias... todo el mundo tenía un motivo para ser feliz, todo el mundo tenía algo que compartir. El domingo mi hermana puso el despertador para verme. David el Gitano y yo compartimos sol e historias, comí como un cochino, tuvimos sofá y siestas y bromas. Encontré a Yas en el arco de la Caleta y, en una tarde, ví a media docena de amigos y familiares. Todos tenían algo bonito que contarme, todos se alegraban de verme. Empecé yendome el jueves del trabajo con buen ambiente, buenas noticias e interesantes perspectivas y, desde entonces, voy de buena noticia en buena noticia. Ayer llegué a casa con una sonrisa que no me quito, buenos recuerdos y ganas de más, y esta mañana he ido a trotar un poco y he compartido desayuno e historias del curro con un amigo, antes de comer y venirme al tren.
Madrid está aquí otra vez. Pero es solo de paso... enseguida me vuelvo a ir. Quiero hacerlo. Quiero volver a irme y contemplar el siguiente salto. Y quiero volver. Ha sido demasiado. Estoy empachado de sol, de sonrisas, de cariño, de ganas de seguir. Muchisimas gracias a todos los que han hecho este fin de semana increible. A Ale, a Paquito, a Luichi, a Elo, a David, a Yas, al Adri (que grande eres), a Paco. A mi madre y mi hermana, que son geniales. A toda esa gente que he abrazado con ganas y me ha devuelto el abrazo, que se ha sentado conmigo a ver el sol, que se ha reido de mis tonterias, que me hacía en algún pais raro y se alegra de verme.
Gracias. Venía para aquí pensando que hay gente a la que le he alegrado la vida y que, en cierto sentido, vuelvo a crear magia. Y me alegra poder hacerlo, porque es señal de que estoy devolviendo lo que me dais. Gracias. Así sí.
viernes, 18 de marzo de 2016
Summer girl
Realmente, cada persona es distinta y cada relación es unica. Más de una vez he comentado que, entre dos personas, existen tres elementos. Persona A, Persona B y Relación. La relación tiene sus propias dinamicas, usos y costumbres, condicionados por el entorno y, por supuesto, por el carácter de las personas que la componen.
A veces, me pregunto porqué determinadas cosas entran a formar parte de una relación. Saludarse de una determinada manera. Contarse algunas cosas que no le cuentas a nadie más. Entre gente de distinto sexo, el grado de tonteo. Hay relaciones que terminan siendo unidimensionales y reduciendose a un unico campo de acción "mi colega de muñequitos" "la piba con la que tonteo". Eso sucede por falta de interés principalmente, pero la falta de comunicación... ¿Es causa o efecto? ¿No nos entendemos porque no queremos entendernos o porque somos demasiado diferentes?
Existe gente con la que solo puedes contar cuando las cosas van bien. A veces, esa gente merece mucho la pena, es muy divertida, inteligente, aporta. Pero no hay que olvidar que, cuando el sol se oscurezca y los vientos vengan fríos, ellos no estarán.
No podemos pedirle a la gente que sea como nosotros. Pero podemos (y debemos) pedirles que sean como ellos son. Y saber que podemos esperar y pedir de cada persona, calibrando nuestra respuesta en proporción. Yo no creo en el bien y en el mal. Pero sí creo en una respuesta proporcionada.
Cosas que te hacen sentir humilde
Vive Dios que he sido siempre el primero en decir "no pases por la vida pidiendo perdón por existir". Pero nunca, en ocho años y pico que llevo en este trabajo, me he quitado la sensación de que tenía algo que demostrar, sobre todo a mí mismo. Que tenía que dar un poquito más, para ser digno de todo lo bueno que me venía. Quizás por eso, como decía Sabino, tengo dos velocidades: parado y a tope. Y no es bueno, no es bueno ni sano. Como también decía Sabino, el día que tenga que dar un poquito más voy a gripar, porque hay un límite a cuanto podemos dar.
Aún así, hay días como ayer en que te sacan los colores. En que alguien a quién aprecias y admiras te pide una recomendación, dandote así fé ciega en tu criterio. En que, una de esas personas que tomas como referencia, te dice que te han propuesto para un premio. En que coges el teléfono, para ver si alguien podría hacerte un favor, y sobra gente.
Estoy abrumado. Dentro de unas horas cojo un tren a Cádiz y hay cola por verme. Un amigo con el que hablé ayer (James), me dijo "Ok ok, eso de mi futuro profesional está muy bien, pero yo lo que quiero es verte y tomarnos un kebab".
El curso fue una mierda. Es cierto que, en los últimos cinco años, he vivido lo que antes vivía en uno. Es cierto que mi vida actual apesta. Pero, incluso dentro de lo malo, hay que estar agradecido. Estos años han permitido entrar en mi vida a gente increíble, maravillosa. A Joey, que es un amigo. A Rabanal. A Roman. A gente que, sin estar ahí todos los días, de repente aparecen y te sacan una sonrisa. De los doscientos o así tíos que hicimos el curso, puede que haya una docena que merezcan la pena. ¡Pero que docena! Gente grande, con valores, con talento, con una humanidad desbordante. Gente que se honra de llamarse amigos y compañeros míos y que, al hacerlo, me hacen sentir humilde.
Gracias, gente. Gracias a Aday, a Damian, a James, a Edu, al otro Edu, a Charlie Ojeda, a Victor, a Sergio, a Carlos, a Jorge, a Antonio, a Pablo y a tantos que me olvidaré ahora, pero que basta con que aparezcan y me hagan sentir grande.
Como decía Newton, "Soy un hombre que mira más lejos que otros hombres, porque me apoyo en los hombros de gigantes". Gracias.
jueves, 17 de marzo de 2016
No eres un numero
No eres tu edad. Ni tus aficiones. Ni tu lugar de nacimiento. No eres tu color de pelo. No eres tu raza. No eres tu religión. No eres tu orientación sexual. No eres tus gustos musicales. No eres el coche que conduces. No eres el piso en el que vives.
¿Qué eres? Venía para acá pensando en Tinder y en como, en una imagen, decidimos si alguien puede o no ser parte de nuestra vida. Eso no sería malo... si entendiéramos la infinita gama de variedades y posibilidades que ofrece el ser humano. Como, todos y cada uno de nosotros somos únicos y especiales. Que gran paradoja, ¿verdad? Me gusta más dicho así: "Eres único y especial. Como todo el mundo".
Pero nos perdemos por el camino. Confundimos el cielo con las estrellas reflejadas en un estanque. Y atribuimos infinitas cualidades en base a nuestros prejuicios, esos en los que nos sentamos tan cómodos para distinguir el bien del mal, y cada día somos más vindicativos, más impacientes, menos tolerantes. ¿Por qué? Porque lo queremos ya, aquí, ahora. Porque alguien nos hizo daño, algún día, y ahora alguien lo va a pagar. Porque no nos apetece entender que la vida, como todo, tiene sus propios ritmos y las cosas pasan como y cuando tienen que pasar. Ni antes, ni después.
Ayer brindé a la salud de Rali, mi camarera favorita. Ha encontrado el amor. Ya le tocaba. Y no se lo cree, porque le parece que todo va bien, que todo es suave, que no hay que hacer nada. Que existe confianza, a pesar de no existirla hacia nadie ni nada. Rali, que ha recogido mis pedazos montones de veces y me ha obligado a mirarme a los ojos, sabe quien soy. Y yo, que me he hundido en su mirada y he contemplado el mar sentados uno junto a otro, sé quién es ella.
¿Y quién soy yo? Yo soy preguntas incomodas. Soy una risa entre dientes. Soy una ceja arqueada. Soy tratar de ud a mis amigos. Soy libros, libros por todas partes. Soy jugar como un niño y obligarme a ser un adulto cuando no tengo más remedio. Soy discutir todo y ser terco como una mula. Soy curiosidad, nervio, caricias, hablar y hablar, soy silencios compartidos. Palabras y más palabras. ¿Qué tiene todo eso que ver con un perfil de una pagina de contactos, con una ficha en un panel, con un nombre y apellidos? El día que aprendamos que no podemos reducir una historia a cuatro lugares comunes, que escuchar es mucho más que oír y que, para ver de verdad, además de los ojos nos hace falta un cerebro que analice... ese día saborearemos la vida de otra manera.
Así que hacedme un favor. Repetid conmigo. Yo soy yo. Tan sencillo y tan complicado como eso.
martes, 15 de marzo de 2016
Somos tan grandes como elijamos serlo
Hoy me han contado una historia que no conocía y qué, será porqué estoy tontorrón, me ha emocionado. Es curioso como, aunque conozcamos mucho a la gente que tenemos cerca y sepamos leer en su alma, aunque nos comuniquemos con toda naturalidad, aunque nos veamos venir... Aún podemos sorprendernos. Y eso me gusta.
Yo conocí a Jose Rabanal en San Fernando. Lo llamo Jose, como se llamaba mi hermano, aunque su nombre es Jose Luis y es de Madriz, con Z. Era un tío inteligente, divertido, orgulloso, apasionado, un poco punki. Un outsider total donde estábamos, y los perros verdes tendemos a juntarnos. Siempre me encantó su actitud, su irreverencia, que ocultaba un respeto serio por las cosas que realmente merecen respeto. Nos entendimos muy bien, pero hasta que hicimos aquel viaje por Alemania allá por dos mil doce no lo conocí de verdad. Se aprende mucho de alguien compartiendo maleta, coche, habitación, lluvia, hambre, frío, risas, historias. Aquel fue un gran viaje.
Esta historia pasó antes, pero encaja con el personaje que es. Jose es el capitán del equipo de fútbol americano de las películas, el primero en deportes, el más inteligente de la clase, el que habla más idiomas. La envidia, ese sentimiento tan español, lo persigue por todas partes pero él está muy ocupado siendo genial como para preocuparse de lo que piensen los demás.
Era la carrera de Navidad en la Escuela y la gente podía disfrazarse y hacer el tonto. Ajeno a ese espíritu, Jose corría y corría para ganar. Entre el grupo que competía había un chico, triatleta, que era la referencia deportiva. Todos se preguntaban quién ganaría entre ellos dos. Empezó la carrera y mi colega tomó la delantera, con el otro detrás. Estuvieron así durante toda la carrera, pero cuando quedaban doscientos metros Jose se paró, dejó que el otro lo alcanzara y entraron a la vez. La gente comentó que qué curioso, que hubieran empatado, y felicitaron al otro chaval pero este dijo que no, que para nada. Que Jose había ganado, pero se había dejado al final para que entraran juntos.
Yo no conocía esta historia. Aquel día estaba rebajado y tuve que trabajar, así que no vi la carrera. Jose nunca me lo ha contado, ni creo que me lo cuente. Pero es por cosas como esta, por la que me enorgullezco de llamarlo mi amigo. Porque en las derrotas se conoce a la gente, pero en las victorias también. Y me gusta creer que, en este mundo que día a día se va a tomar por saco, todavía hay gente que entiende que, a veces, la mejor forma de ganar es ganar juntos. Y que cuando corres, no corres más que contra ti mismo.
Combustible vital
Hoy comentaba con una colega que estoy bajillo de forma, falto de animo para afrontar nuevos desafíos. ¿Y eso por qué? Me pregunto. Porque no estoy lo suficientemente alimentado.
Ojo. Yo no creo mucho en el feng shui, el reiki, las piedras de energía y la de Dios. Cada uno puede creer en lo que quiera, y yo considero que esas son formas de autosugestión. En lo que sí creo, es en que cada uno da lo que recibe. Y en que, para poder crear, uno necesita creer. ¿De donde sale esa fuerza? ¿Esa energía para arrancar y hacer cosas?
Sale de nosotros mismos. Sale de nuestro entorno, de nuestra forma de interactuar con él y de la actitud que tomemos. Pero es cierto que necesita una cierta reciprocidad, que al igual que el ciclo de la lluvia y otros fenómenos, existe un proceso de entrega y retroalimentación que lo mantiene. Como un fuego, la energía que surge en nosotros sigue ese ciclo de quemarnos a nosotros mismos y producir otras cosas... de nosotros mismos.
Genau Prinzessine
"Suficientes princesas". Me gusta como se dice "suficiente" en alemán, ese "genau", que puede sonar muy conciliador y alegre o muy seco, muy de "basta".
Ayer tuve un día de ira. Sucede a veces. La falta de sueño, deporte y cariño es lo que tienen. Se acumula, burbujea y, de repente, explota. Ayer un amigo compartió una foto nuestra en Facebook y se me saltaron las lagrimas, lagrimas de soledad y de rabia. Ayer alguien vino a decirme que, bueno, que hay cosas malas. Que ella no puede comprar tabaco. Ayer vi una película, Dogville, donde se recreaban en todo lo miserable y repugnante que tiene el ser humano, y como todos podemos caer hacia el mal con una naturalidad absoluta.
Ayer fue un mal día. Pero después de un día malo, siempre sale el sol. O a veces sale. Hoy estoy leyendo sobre "Daria". ¿Habéis visto esa serie? Yo la encontré de pibe y aún no me ha abandonado. Supongo que debió traumatizarme, y desde hace años ando buscando una Daria en mi vida.
Hoy también he pasado junto al monumento a las victimas del atentado de Vallecas. Mil novecientos noventa y cinco. Creo que no voy a olvidar en mi vida las imágenes de aquel atentado por la tele. Realmente, siempre podría estar peor. It could be raining.
Pero hay que ponerle solución. Cuando uno está sentado sobre un problema, si no se mueve el problema acaba comiéndole. Hace falta encontrar cosas que te ilusionen, cosas que te hagan feliz. Hace falta tener esperanza, disfrutar de cositas buenas, saborearlas. Porque si no, un lunar en el brazo se convierte en un signo de muerte inminente, un semáforo en rojo nos da ganas de asesinar, un "estoy ocupado" en señal de desprecio e ignorancia absolutas.
Hay que reírse. Hay que abrazar la vida, hay que encontrar placer en las cosas pequeñitas, hay que sentirse agradecidos por estar aquí. Y hay que dejarse de tanta tontería ya, coñe.
domingo, 13 de marzo de 2016
Oportunidades
Planea. Ejecuta. Analiza. Repite.
Este mantra está apareciendo mucho en mi vida ultimamente. Me lo encontré en una explicación sobre ciclos de trabajo, esas movidas empresariales que han terminado salpicando mi curro. Y al final, como todo lo que aprendo en mi trabajo y me sirve, lo termino aplicando a otras partes de mi vida.
Estos han sido días duros. Es complicado verse mal. Pero he aprovechado el tiempo. He aprendido a hacer tortilla de patatas. He leido. Un día te levantas y dices "quiero hacer algo". Y vas y lo haces. Tan fácil como eso. Luego aplicas el mantra. Realmente muchas de las cosas que la gente se plantea como "me gustaría..." y luego no hace, es por falta de iniciativa.
Estaría bien que todos leyeramos más o escucharamos más historias. El ser humano necesita comunicarse, pero nos encontramos en espirales. La gente vé peliculas y series... donde le dicen lo que quiere oír. Y se reafirma en ese círculo de seguridad, en el cual el mundo no cambia y nadie piensa ni se hace preguntas. Así pues, las murallas en torno a la zona de confort crecen desproporcionadas y nos vemos atrapados allí por nuestra propia comodidad. Como decía Huxley, es más fácil esclavizar a alguien mediante el placer que mediante la tortura.
Cada día que empieza, podemos probar cosas nuevas. Podemos aprender, podemos intentar algo, podemos reflexionar. Hagamoslo. Quién dice que soy muy inquieto me piropea sin saberlo, porque de esa inquietud es de donde surge mi riqueza personal. De la curiosidad que te impulsa a probar cosas nuevas y del respeto por ti mismo para hacer aquellas que sean buenas para ti.
Disfruten de la semana y de lo que la vida les permita. A por ello.
Creep
Ayer hablaba con una colega y le dije una frase que me ha encantado.
"De pibe, siempre pensé que era muy raro, pero con el tiempo me he dado cuenta de que no soy tan raro. Solo que hablo un lenguaje, universal, que muy poca gente entiende. "
Esa frase tiene mucho más de lo que parece. Independientemente de su origen cultural e idioma, a lo largo de mis viajes he dado con gente con la que me entiendo perfectamente. Gente que comparte una optica del mundo, unos valores y una cierta actitud. También me ha pasado en el trabajo; gente que lo unico que tiene en común conmigo es eso, y que sin embargo a partir de ahí estructura un lenguaje común que permite comunicarse muy bien.
Es interesante. Pero soy raro, claro. El que seamos muchos raros ahí fuera no cambia el hecho de que lo seamos. Y sin embargo (como cantaba Sabina. Trotzdem o doch en alemán), es una rareza que me gusta. Creep es raro pero raro inquietante, chungo, del que da mal rollo. Puedo serlo. Cosas que para mí son bonitas o dulces para otra gente son terroríficas, desde su perspectiva.
Nos falta empatia. Nos falta ir a la raíz, profundizar, preguntarnos porqué. Yo soy muy quejica... y a la vez un optimista. Según algunos amigos míos soy "duro". No lo creo. Se que soy una continua paradoja y me encanta ser así, al igual (genau so wie) que me gusta la gente que tiene más de una dimensión.
Creep. Que facil es poner lineas y vivir dentro de ellas.
viernes, 11 de marzo de 2016
Las matemáticas cuentan
Hoy estaba hablando con una colega sobre cosas que se repiten en la naturaleza y el mundo y sirven para explicar montones de historias. La campana de Gauss. El canon de Pachelbel. La espiral de Fibonacci. Nos los encontramos una y otra vez, aplicados a formas de manejar el estres, formaulas matemáticas, diferentes canciones, o diseños de cristales. Y en esa repetición, en esa constante que se repite vemos que a la naturaleza le gusta mantenerse fiel a algo que funciona.
También el otro día hablaba sobre Om, esa oración budista que contiene tantas cosas. Es curioso como queremos llenar nuestra vida de montones de situaciones, gente, momentos, historias... cuando lo que realmente cuenta, lo importante de verdad, es muy pequeño. Y todo elemento enorme, como nos dice la teoria del caos, está compuesto de montones de elementos pequeñitos que repiten la estructura general.
No es tan difícil. Pensamos que el estudio tiene que ir orientado a un objetivo, que el trabajo debe apuntar a una meta... y nos olvidamos que es el viaje lo realmente importante. Que muchas veces, una conversación con un amigo, un momento compartido... es todo lo que nos hace falta.
Ayer paseé en mi prueba de mar. Comprobé que puedo moverme. Y hoy fui al trabajo. En mi vida está apareciendo gente interesante, casi de rebote... y la primavera se asoma al otro lado de la colina. Por fin. Quiero creer que, las cosas son como deben ser. Que, al igual que las formulas matematicas anteriormente expuestas, existe una cierta perfección en el universo que tiende a realizarse, queramos o no. Y quiero creer que está en nosotros seguir haciendolo.
Hay que creer. Y hay que crear. También con las matemáticas.
jueves, 10 de marzo de 2016
La familia Addams. ¿Una celebración de la diferencia?
Ayer me tragué "La familia Addams". No, no se preocupen, no ha salido ninguna nueva versión de estreno blockbuster-a-tope, así que no están fuera de moda. Yo soy así, veo las pelis cuando me da la gana, aunque tengan veinte años y las haya visto todo Dios. Si yo no la ví en su momento, pues la veo ahora. No hay prisa.
El caso es que la ví a raíz de una conversación con sita Yas y una cita de Morticia Addams. Y me gustó. La peli es un cuento infantil, todavía arrastrando algo del lenguaje de los ochenta con malos muy malos y buenos muy buenos. Para los que no sepan de que van, Wikipedia les puede auxiliar.
El caso es que viendo la peli pensaba que sí, que son muy diferentes... pero no. Es una peli que defiende los valores tradicionales de la familia, respeto a los padres, peleas entre hermanos, identidad de clan... dentro de su excentricidad, la familia Addams es una de las familias más normales y estandard del mundo. Claro que es una obra y una historia que surge en un periodo historico en el que la uniformidad era la norma y la presión social mucho más grande que ahora, así que hay que entenderla en su contexto. Parodiando la familia tradicional, los Addams dan espacio a diseñar otro tipo de familia.
Sí, es una celebración de la diferencia. En su enfoque, viene a decir que puedes tener una familia tradicional... cuyas tradiciones diseñeis vosotros. Y que mientras mantengáis el respeto mutuo, el aprecio y los vinculos personales que den forma a vuestra mini-sociedad, esta funcionará. E incluso podrá hacer frente a amenazas externas.
Me gustan los cuentos. Reconozco que en parte es por ser un poco niño, pero sobre todo porque refrescan esa fé en que las cosas saldrán bien, en que los sacrificios merecen la pena, en que hay algo bueno ahí fuera. En esta era de cinismo, desconfianza, egoismo... está bien sentarse un rato y creer que algo mejor puede pasar. Y que debe pasar. Así que me alegro de haber disfrutado de la peli y espero que uds también podáis hacerlo. Un saludo
miércoles, 9 de marzo de 2016
Sobre torpedearse uno mismo
Hoy hablando con una colega salió el tema del deseo. Y sobre como desconfio de las conquistas que solo se hacen para demostrarse a uno mismo que puede, como si se hiciera trampas a sí mismo. Mi colega, psicologa, me recomendó un texto de Freud sobre "los que fracasan al triunfar". He sido incapaz de encontrarlo, así que me he tenido que apañar con referencias y comentarios al mismo. Pero me da que la ídea basica la tengo.
A ver. Freud dice que, el sentimiento de culpa por el éxito, surge de saberse triunfador de muy joven y objeto central de las atenciones de la madre. Luego explica que el éxito supone una barrera en esa relación, salvada mediante el fracaso. Hay algo ahí que me suena a "gibberish", a chorradas, pero sí entiendo que, parte de ese negarse a uno mismo el placer del éxito viene de una percepción erronea del mismo. Es decir, que como nos sale facil, no le damos merito. E incluso cuando nos sale dificil, pensamos que solo "hemos cumplido con nuestro deber".
Yo reconozco que tengo problemas con eso. He hecho cosas epiquisimas y ha sido como "meh". Pero más que a una relación con mi madre -que el hijoputa de Freud acierta a definir-, yo más bien lo atribuyo a un exito demasiado joven. Voy a dedicarle un poco de reflexión a este tema porque, realmente, no sirve de gran cosa conseguir algo si luego no lo vamos a disfrutar. Quizás todos deberiamos dedicar un momento a eso, a preguntarnos... ¿realmente merecen la pena los sacrificios que hacemos? ¿nos estamos valorando a nosotros mismos? ¿y nuestras acciones?
martes, 8 de marzo de 2016
Cosas que se dan por supuestas
Cuando somos pequeñitos, en parte por socialización de nuestro entorno, en parte por disciplina, entramos por el aro a determinadas normas que asumimos como logicas y naturales y, una vez asumidas, queremos trasladar a todo. Si estudias y te esfuerzas, obtienes un resultado. La libertad consiste en tiempo y dinero, y la felicidad se consigue mediante esa libertad. El éxito se mide de acuerdo a la posición o estatus.
Estando en Inglaterra, leí un artículo sobre algo que llamaban "la escalera inmobiliaria". Dicho concepto consistía, basicamente, en que cuando eres joven te compras una casa pequeñita, cuando tienes más dinero vendes esa y te compras una más grande... o por el contrario, pasas de la más grande a la más pequeña. El concepto me resultó interesante por lo gráfico que resultaba, muy pedagógico. Facil de entender.
Pero no vale. Porque, al igual que los conceptos que hemos asumido de pequeño, estamos eliminando muchisimas partes de la ecuación y dando por supuesto otras. Es como esos problemas de Física en los que te decían "suponemos que no hay rozamiento, ni gravedad, ni...". Ok. En ese caso lo que tendremos será un mero ejercicio.
Yo puedo decir, con tranquilidad, que mi cambio profesional me jodió la vida. Ahora gano más pasta. Tengo una estabilidad. He resuelto dos problemas que, realmente, nunca me preocuparon. A cambio de eso he dejado de viajar, de hacer algo que me gustaba, de ver a mi familia y a mis amigos. Y vivir como vivo, día a día, me está pudriendo el alma.
¿Qué necesito un cambio de actitud? Bueno. Este blog "nació" en 2013, heredero de otro. A lo largo de sus y pico mil entradas ha habido cambios de actitud de todo tipo y color. Hace tiempo que me cansé. Puedes plantar todas las veces que quieras en el desierto, si no es la planta adecuada y el modo de cuidado estás jodido. Ya casi espero el siguiente salto, la próxima iteracción.
Pero haganme un favor. No proyecten sobre mí. Quizás para uds viajar, hacer algo que les guste, la familia y los amigos son menos importantes que la estabilidad laboral. Ey, me parece bien. Pero esa es su vida, no la mía. Al igual que yo no tengo costumbre de juzgar a nadie, haganme un favor y no me juzguen. Y mucho menos basandose en parametros de "gente normal" que nunca se ha planteado lo que realmente quiere, más allá de lo que se supone que debería querer.
domingo, 6 de marzo de 2016
Aventurero(s)
Hace dos días estaba poniendome al día con un amigo de Mordor. Entre una confesión y otra, le comenté que, en su momento, me sentí atraído por una compañera del grupo. Mi colega, que no lo veía claro, censuró el gusto sin ofender a la muchacha (prueba de gran habilidad diplomatica por su parte). En ese momento yo le comenté que, dados mis gustos, la chica daba exactamente el perfil "es una psicopata peligrosa sumamente atractiva". Momento en el cual mi colega apuntó que, con el debido respeto Sr Hobbit, es ud un aventurero.
Bueno. Todos los que algún día hemos jugado a Dungeon and Dragons, cuando oímos la palabra "aventurero" pensamos en clases de jugador. Nivel. Raza. Esas cosas. Gente que se va a la mazmorra y hace cosas malas. Gente interesante.
Pero cuando uno se vuelve un poco más mayor (y sigue jugando a Dungeons), mira más allá. ¿Quienes eran esos aventureros? Eran gente marginal, fuera de lo común, que hacían cosas que a otra gente le gustaría hacer pero no se atrevían, o no podían. Era gente que iba a lugares exoticos, hablaba idiomas, pasaba situaciones apuradas y recibía unas recompensas que otros solo podían soñar.
Vaya. Pues va a resultar que sí que soy un aventurero.
Y no solo yo. Al igual que Román y su grupo de jovenes aventureros, yo con el tiempo he ido acumulando gente en mi vida. Gentes de mochila...
Continuará (que no me gusta esa nube, y como me descuide me empapa la ropa tendida )
Tras recoger la ropa, lo que iba diciendo. Hace tiempo, bastante, hablaba de "chicas que cocinan tartas los domingos" y "gente que cogen la mochila y tiran". El paradigma de la tarta me escribió el otro día, que quiere irse de viaje y probar otras cosas y que echa de menos hablar conmigo. Gracioso.
Aventureros. Mi colega Luichi está planteandose hacer una de esas cosas que hacía yo, una tontería. Pero es una tontería solo para los que no creen en ella. Día tras día, hago cosas porque no me creo eso de "es imposible". He hecho viajes que a otra gente les parecerían absurdos o he tomado decisiones que no parecen tener demasiado sentido... fuera de mi cabeza. Porque el principal juez de mi carácter y de mis decisiones es, oh sorpresa, yo mismo. Como el de tanta gente que decide dejar de hacer "lo que debe" o "lo que se espera de mi", para hacer aquello en lo que realmente cree.
Me siento orgulloso de ser como soy. Y me siento orgulloso de que haya gente en mi mundo (Y menia est) que, no solo me conozca como lo que soy, sino que me valore y aprecie. Va por uds.
P.D: Dedicado a Herr Zeke, hombre equilibrado y en equilibrio.
Sobre pedagogia
Ayer hablaba con mi madre sobre una situación familiar, y le comentaba algo que la experiencia me ha demostrado constantemente: no aprende quién no quiere aprender. Lo que me llevó a pensar que, parte del error de la pedagogia como la he conocido, es el considerar que el alumno tiene voluntad intrinseca de aprender. Imagino que será una cuestión cultural pero, desde muy jovenes, aquí aprendemos a hacer trampas. Como me dijera un tutor hace tiempo, el objetivo no es aprender sino aprobar el examen. Aprender es algo accesorio.
¿No es un poco triste? Pero si lo trasladamos a otros ambitos de la vida, veremos que es siempre igual. Nos orientamos a resultados y olvidamos el proceso, entendiendo como éxito aquel procedimiento mediante el cual obtenemos lo que queremos. ¿Es eso siempre así?
No, claro. Pero estamos demasiado ocupados planteandonos el siguiente objetivo, la siguiente conquista, la siguiente necesidad a satisfacer (aun cuando esta sea artificial o directamente falsa). Ya más adelante nos plantearemos otra forma, compensaremos, mejoraremos como personas.
Ahora mismo tengo en la cabeza "people are strange" de The Doors. Llevo un tiempo anclado en rock suave, debería volver a escuchar ruido. Quizás me plantearía las cosas desde otro ángulo.
He perdido el hilo, claro. A veces, me pregunto a donde me lleva tanta reflexión. ¿Estoy intentando enseñarme a mí mismo? ¿Por qué esa continua recopilación de experiencias? Planea. Ejecuta. Analiza. Repite. Pero el aprender algo no puede ser un fin en si mismo. La profundidad interna, el conocernos a nosotros mismos y nuestras formas debe ser un medio para conseguir algo. ¿Cual es el objetivo?
¿Realmente quiero aprender?
sábado, 5 de marzo de 2016
Pecados de juventud
El otro día, recorriendo el email hasta la noche de los tiempos (mantengo la misma cuenta desde hace más de diez años), me encontré un correo que me sorprendió. Hace muchísimo tiempo mantuve una torrida relación por internet con una muchacha, ahora respetable mujer casada, en la cual hubo algunas conductas que probablemente fueran reprobables a los usos y costumbres morales. De dichas conductas quedaron algunos documentos literarios y un par graficos, que en ese momento contemplaba.
El ser humano es un animal social y tiende a juzgar y ser juzgado. Es una reacción tribal, parte de nuestra forma de identificarnos entre nosotros. Aún así, existen determinadas cuestiones que, precisamente por ser privadas, deberían no ser sujeto de juicio. Como dicen en los Mandamientos del Pastafarismo, lo que pase en una habitación entre dos adultos con su consentimiento es asunto suyo y exclusivamente suyo. Pero tendemos a ser cotillas, a meternos donde no nos llaman, a faltar al respeto. Pensamos que tenemos la verdad sentada en nuestro hombro y que somos un ejemplo de virtud, mientras ignoramos o escondemos nuestras faltas. Lo justo no es perdonar todas las faltas, sino comprender que existen faltas. La compasión, esa virtud tan ensalzada por el cristianismo, comienza con el respeto y la empatia.
Como decía ayer, todos aprendemos cometiendo errores, lo que no quita que seamos responsables de ellos. Pero el castigo debe ser proporcionado a la falta y, a nuestro alrededor, se juzga con demasiada dureza conductas que, en su justo contexto son tonterías.
Como leí el otro día, "la gente debería dedicar menos tiempo a buscar motivos para ofenderse".
A través de la oscuridad gracias a la cultura
Estos son días oscuros. Días de dolor y soledad, días tristes. Llevo una semana y pico encerrado en casa, durmiendo mal, levantandome incomodo. Por cada paso adelante parezco dar otro hacia atrás, con todo lo que ello conlleva para mi espíritu inquieto. No tengo familia aquí ni ha venido nadie a visitarme, excepto los amigos que han tenido el detalle de acompañarme a las visitas medicas, así que como decía al principio, no son solo días de dolor sino también de soledad.
Dado que no puedo estudiar por el dolor, aprovecho los días en ocio. Ayer ví una peli, algo que para mí es casi una efemerides, y me encantó. Me llevé una agradable sorpresa, ¡cuantos temas! ¡que bien tratados! Una peli rara japonesa, "confessions", recomendada por una colega de Cádiz.
Sigo leyendo claro. Ya han caído dos libros recomendados por Luichi y ahora estoy con uno que me recomendó Lady Gato, "La sombra del viento". Cuando alguien nos recomienda un libro, siempre encontramos trazos de esa persona en la lectura y en este caso hay muchísimo de ella. Es un libro interesante, yo esperaba otra cosa pero se deja leer suave, elegante, cómodo. Así que, en medio de la soledad y el dolor, encuentro motivos para sonreír, encuentro motivos para seguir siendo optimista (esto tiene que ir mejorando), tengo esperanza por el futuro. Entre otras cosas, porque el ser huamno sigue creando y esa creación es lo que nos redime.
jueves, 3 de marzo de 2016
No hay nada equivocado en estar equivocado
Hay veces que, en mi cabeza, tiene lugar una conversación con alguien. A veces esa conversación es en otro idioma que en español y, en este caso en concreto, suena mucho mejor en inglés (there is nothing wrong in being wrong), porque el doble sentido del idioma permite evitar la reiteración. Es uno de esos pocos casos en el que la mayor riqueza léxica del español es una putada, porque la traducción buena sería "no hay nada malo en estar equivocado".
Dejando de lado este tan interesante tema de porqué el título es el que es (sí, lo sé, la intriga os devoraba), quiero hablar del area de confort y de como, la mayoria de nosotros, cada vez estamos más anclados en ella y menos margen de movimiento tenemos. Y una de las cosas que nos inmoviliza es el miedo a equivocarnos. Una amiga me comentaba en un correo que ella, hasta ahora, siempre se ha equivocado al adaptarse a los demás. Pero el extremo contrario, el no adaptarse a nadie, también es malo.
Aprendemos equivocandonos. El otro día escuché a Teresa Rodriguez, portavoz de Podemos en la Junta de Andalucia, achacar al gobierno socialista que en treinta y seis años en algo se habrán equivocado. Y pensaba, curioso, que todo proceso de aprendizaje comienza con la asunción de la ignorancia. Sin esta, sin el margen de incertidumbre que nos obliga a probar cosas, no existe el proceso de prueba y error que es parte ineludible del ciclo del aprendizaje. Cuando memorizamos algo, cuando asumimos que algo es así... está teniendo lugar un acto de fé. Pero el mejor aprendizaje, tal y como lo entiendo yo en mi iletrada opinión, es el que surge de la experiencia y del raciocinio. Lo probamos, vemos como va, lo analizamos y, finalmente, lo asumimos.
Pero tenemos miedo de equivocarnos. Tenemos miedo de perder el tiempo, de dejar pasar oportunidades, de arriesgarnos. Tenemos miedo de que salga mal... y a veces de que salga bien. Tenemos demasiado miedo. Y no existe nada malo en ello, siempre y cuando hagamos algo positivo con ese miedo. Hay que equivocarse. Hay que saber que hacemos algo mal... y hacerlo, para ver lo que pasa. Porque solo así aprenderemos.
Voy a terminar esto citando a Anomander Rake, un personaje de la serie "La saga de los caidos de Malaz". Primero en inglés y luego mi modesta traducción.
"There is no struggle too vast, no odds too overwhelming, for even should we fail - should we fall - we will know that we have lived." -Anomander Rake
"No hay ninguna lucha demasiado grande, ninguna oposición demasiado abrumadora, porque incluso si fallamos -incluso si caemos-, sabremos que hemos vivido." - Anomander Rake.
Actitud y sabiduria
Hoy quiero dedicar esto a una persona que aparece muy de vez en cuando en mi vida, pero siempre suma. Una persona a la que conocí de rebote, comentando la foto de una amiga de una amiga, y que a lo largo de estos años ha aparecido para "sacarme" de mi realidad y permitirme recargar energias.
No es real. Quiero decir, no la he visto en persona nunca ni escuchado su voz ni visto su expresión. Tampoco creo que lo haga. A su novio no le gusto y no le faltan razones. ¿De quién era esa canción? Anything my mama don't like. Creo que de Helloween.
Da igual. Toda relación es única en si misma, en la medida en que se construye en base a la interacción entre dos personas y va estableciendo su propio lenguaje, usos y costumbres sobre la marcha. Esta mujer me equilibra. Entre su ansiedad y la mía existe una especie de espacio vacio que es donde nos sentamos a charlar. Me gusta su forma de vida. Me gusta que, el día de su cumpleaños, escriba que quiere seguir envejeciendo, mientras que todo el mundo se mira al espejo esperando esconder arrugas. Me gusta que hable de su relación como "ese viaje en el que estamos metidos, esa aventura de la vida". Me gusta que sea tan literaria.
Y me gusta que asuma las cosas malas de la vida con una cierta naturalidad y un cierto humor negro, no desprovisto de inocencia, mientras se sigue haciendo preguntas. Porque la sabiduria es eso, la sabiduria es una forma de sentirse cómodo consigo mismo, con el mundo, con el misterio. Consiste en darse cuenta de que, aunque no podemos saberlo todo, eso no significa que dejemos de intentarlo. Porque la busqueda de sapiencia es, al igual que su relación, un viaje en el que estamos metidos.
Pero claro, una relación son mínimo dos. ¿Y qué soy yo? Pues no lo sé. Con algunas personas que he conocido he sido un mentor, ese venerable sabio con barba, mayor y más experimentado. Con otras he sido un apoyo, esa persona a la que puedes contarle cualquier cosa y te dará una solución. Son los roles con los que más cómodo me siento. Otras veces he sido cómplice, amigo, padre, consejero, amante, archienemigo, referencia,...
¿Y con ella? Pues a veces me siento como un espejo concavo enfrentado a otro espejo concavo. La información entra, cambia y sale devuelta, y vuelve en un circuito creativo. Las emociones surgen como pompas de un caldero, suben y explotan y luego vuelven a hundirse. No sé que soy... y no necesito saberlo. Como ya dije, esta mujer me equilibra. Templa mis nervios.
¿Y qué no sea real? Bueno. Tampoco necesito tanta realidad en mi vida. Durante mucho tiempo he mantenido que, si te pasa algo bueno, es mejor no comerse demasiado el coco y preguntar "¿y por qué? ¿y por qué? ¿y por qué?". Eso estropea toda la magia. Simplemente sientete agradecido y disfrutalo. Es muy fácil sentirse culpable por las cosas buenas que nos pasan, cuando tanta gente no tiene esa suerte.
Olvidalo. Si algo es bueno, es bueno. Fin. Se justifica a sí mismo. Y si algún día pasa a ser real, pasará a serlo como todo en esta historia, naturalmente, dentro de una conversación que dura ya varios años y que no se apaga, como una nota musical en la oscuridad exterior.
Como dije al principio, aparece muy de vez en cuando en mi vida y siempre para bien. A veces, quisiera aparecer más. A veces, quisiera coger el cielo con las manos. Y no se da cuenta de que, solo intentandolo, ya agarra unos cuantos puñados. Y esos puñados son más de lo que casi ninguno de nosotros puede soñar.
miércoles, 2 de marzo de 2016
Lo que hemos cambiado
Lo que han cambiado las cosas. Hoy he escrito, una de esas cosas "creepy" que hago yo - lo dijo Mar e Yvi lo va a convertir en una etiqueta "legal" - a una chavala con la que me hablaba en el colegio. Hace como veinte años que no sabía nada de ella, exceptuando una noche que me la encontré en circunstancias personales. La encontré en el fb y claro, uno cotillea. Fotos con perros. Mensajes con la familia. Un amigo en común, del que tengo la impresión es gay y vive en Madrid. Buen tío por cierto.
El caso es que eso me ha hecho pensar. He recordado que, de pequeños, lo que me interesó de esa chiquilla era su aire resuelto, rebelde, contra el mundo. Llevaba el pelo corto y era muy deportista, y las otras niñas se metían con ella porque decían que le gustaban las chicas.
De eso hace veinte años. Es cierto que, en ese aspecto, Cádiz es una ciudad excepcional. Allí nadie se escandalizó nunca porque hubiera homosexuales y era algo bastante asumido. A nadie le gustaba y existía rechazo, claro. Estamos hablando de España en los noventa, no de la Grecia clásica.
No sé si esta chica finalmente resultó ser homosexual o no. Lo que me sorprende es como ha cambiado la perspectiva. Ahora la orientación sexual parece algo banal, sobre todo entre chicas jovenes, que una semana son heterosexuales y otras son bisexuales como quién cambia de grupo favorito. A su vez, la sociedad en su conjunto parece asumirlo como algo natural, sin ese rechazo brutal y despiadado que había antes.
Me parece bien. Me gusta que hayamos asumido que la sexualidad es algo natural y que incluso se banalice. Pero mirando para atrás y pensando en esta chica, me sorprende el camino tan enorme que hemos andado. De marginar a una chica por llevar el pelo corto y gustarle el deporte, en un colegio de monjas con uniformes, a una hipersexualización de la adolescencia e incluso infancia. Que viaje.
Contra el sentimiento de culpa
El otro día hablaba con una amiga de que, cuando decimos "debería", estamos poniendonos nosotros mismos una soga al cuello y tirando de ella. Y no funciona. Porque casi todo lo que "deberiamos", si queremos o si de verdad debemos, lo hacemos. Fin. Los "debería" son extras, son lo que los gallegos llaman "a mayores". Trabajo quince horas pero "debería" trabajar más. No joder. Si fuera algo posible, factible, util, necesario... ya lo harías. Esa notita extra lo único que sirve es para frustrarte, para fijar un techo de expectativas al que no puedes, ni realmente quieres, llegar.
Estoy enfermo. Son cosas que pasan, tarde o temprano nos coge a cualquiera. Y estoy rodeado de "debería" que a ratos, toc toc, vienen a pegar a mi puerta para hacerme sentir mal. Como si no tuviera bastante con lo mío. Generalmente soy racional, o logico, o coherente, o flojo. Elegid una. Y los dejo pegando en la puerta, sabedor de que mi tiempo y mi vida la organizo yo y que, si algo se pierde, pues quizás estaba destinado a perderse y no merecía la pena esforzarse tanto para algo que, total, tampoco iba a salir bien.
Citando a mi compañero de piso "Te explicas como un libro cerrado".
Aún así el concepto creo que se vé claro. Hay que evitar que nuestras percepciones nos fuercen. Hay que cuidarse y marcarse objetivos realistas. Hay que dejarse llevar. La vida es como una estacha, una de esas cuerdas que atan un barco al muelle. Si va demasiado tensa, rompe. Si va demasiado laxa, no sostiene nada. Tiene que combinar momentos de tensión con momentos de relajación, y hacer eso implica evitar el sentimiento de culpa. Si no, no nos curamos nunca y esos "deberia" acabarán convirtiendose en "habría debido de". Que suena fatal por ser compuesto. Evitad los verbos compuestos.
Y con esto, voy a meterme en manteca. Un saludo figuras.
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