jueves, 17 de marzo de 2016
No eres un numero
No eres tu edad. Ni tus aficiones. Ni tu lugar de nacimiento. No eres tu color de pelo. No eres tu raza. No eres tu religión. No eres tu orientación sexual. No eres tus gustos musicales. No eres el coche que conduces. No eres el piso en el que vives.
¿Qué eres? Venía para acá pensando en Tinder y en como, en una imagen, decidimos si alguien puede o no ser parte de nuestra vida. Eso no sería malo... si entendiéramos la infinita gama de variedades y posibilidades que ofrece el ser humano. Como, todos y cada uno de nosotros somos únicos y especiales. Que gran paradoja, ¿verdad? Me gusta más dicho así: "Eres único y especial. Como todo el mundo".
Pero nos perdemos por el camino. Confundimos el cielo con las estrellas reflejadas en un estanque. Y atribuimos infinitas cualidades en base a nuestros prejuicios, esos en los que nos sentamos tan cómodos para distinguir el bien del mal, y cada día somos más vindicativos, más impacientes, menos tolerantes. ¿Por qué? Porque lo queremos ya, aquí, ahora. Porque alguien nos hizo daño, algún día, y ahora alguien lo va a pagar. Porque no nos apetece entender que la vida, como todo, tiene sus propios ritmos y las cosas pasan como y cuando tienen que pasar. Ni antes, ni después.
Ayer brindé a la salud de Rali, mi camarera favorita. Ha encontrado el amor. Ya le tocaba. Y no se lo cree, porque le parece que todo va bien, que todo es suave, que no hay que hacer nada. Que existe confianza, a pesar de no existirla hacia nadie ni nada. Rali, que ha recogido mis pedazos montones de veces y me ha obligado a mirarme a los ojos, sabe quien soy. Y yo, que me he hundido en su mirada y he contemplado el mar sentados uno junto a otro, sé quién es ella.
¿Y quién soy yo? Yo soy preguntas incomodas. Soy una risa entre dientes. Soy una ceja arqueada. Soy tratar de ud a mis amigos. Soy libros, libros por todas partes. Soy jugar como un niño y obligarme a ser un adulto cuando no tengo más remedio. Soy discutir todo y ser terco como una mula. Soy curiosidad, nervio, caricias, hablar y hablar, soy silencios compartidos. Palabras y más palabras. ¿Qué tiene todo eso que ver con un perfil de una pagina de contactos, con una ficha en un panel, con un nombre y apellidos? El día que aprendamos que no podemos reducir una historia a cuatro lugares comunes, que escuchar es mucho más que oír y que, para ver de verdad, además de los ojos nos hace falta un cerebro que analice... ese día saborearemos la vida de otra manera.
Así que hacedme un favor. Repetid conmigo. Yo soy yo. Tan sencillo y tan complicado como eso.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario