miércoles, 17 de junio de 2015

Francia Eterna


Mañana, se celebran (a ver si no la lio con las matemáticas) los sesenta y cinco años del discurso de Charles de Gaulle en la BBC, donde declaró la existencia y la voluntad de resistir de una Francia Libre. Francia Libre que sería apenas una figura sobre el papel, hasta que los americanos desembarcaron en el norte de África. Francia libre que echaría de sus filas a los soldados del Chad, porque los americanos -aquella tierra de la libertad- no querían soldados negros en la liberación de Europa. Esa Francia Libre que liberaría Paris, con unos semiorugas que se llamaban Don Quijote, Belchite, Brunete... a través de una compañia de españoles a los que luego se dejó pudrirse y ahora se les llenan de homenajes. Por cierto, que liberó Paris contradiciendo ordenes de sus mandos americanos y luego se reinventó en ese discurso, precisamente en el ayuntamiento de Paris, en la "Francia que lucha... que resiste... la Francia Eterna". Una Francia que tardó poco en afeitar la cabeza y pasear desnudas a las mujeres que se habían acostado con alemanes, en expulsar a los comunistas, en torturar y masacrar en Argelia e Indochina a los mismos soldados que habían peleado para expulsar a los nazis.
Sí. Esa Francia Eterna. Y a la vez, es la Francia que creó la Unión Europea junto con Alemania y los paises del Benelux, que creó el Codigo Napoleónico, que planteó una solución al dilema del velo. La Francia del Estado de Derecho, del trato de ud, de Montesquieu y la separación de poderes, del mayo del 68, de Alejandro Dumas.
¿Como se conjugan esas dos Francias? No lo sé. Yo hasta ahora solo he tenido trato personal con media docena de franceses. Los de mi vertiente, perroflautica y viajera, no acaban de contar porque nosotros somos quintacolumnistas: tenemos una cultura transnacional, mal que nos pese. En nuestro caso el origen cultural es solo una de tantas pieles. El resto, los que se supone son franceses normales, de esos que definían como "con el corazón a la izquierda y la cartera a la derecha", pues no me inspiran confianza ninguna. Me parecen muy europeos en el sentido malo: xenófobos, oportunistas, agresivos. Y en cambio, tengo una compañera francesa que es un encanto, una persona fantastica. Francesa a lo justo, pero francesa no obstante. Y supongo que por respeto a ella, voy a saltarme mi norma que dice "respeto a las personas, desprecio a los colectivos" y voy a brindar por Francia. Porque siga dando cositas al mundo, tanto buenas como malas.

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