sábado, 20 de junio de 2015
Un hobbit ario en Inglaterra (XIII)
Visita al Natural History Museum. ¡Vamos! En primer lugar, decir que el viaje en si ha sido una aventurilla, con tres trasbordos y un momento de "¿pero donde demonios estoy?". Y luego salir del metro y encontrarme, de repente, con un pedazo de palacio al lado. ¿Ein? ¿Yo no iba a un museo?
Mirar indicaciones. Ah sí. Es esto. Pues allá que voy. ¿Esta entrada o la otra? Cojo la que me pitufa más. Y escucho a una chica protestando porque la cola tarda veinte minutos. ¿Veinte minutos? Llevo queriendo ver dinosaurios treinta años. Así que me pongo en la cola, saco mi ebook y sigo con la novela que acabo de empezar. De camino echo un par de fotos al edificio, que no tiene desperdicio.
Y tal y como atravieso el control de seguridad, un tío tararea la musica de Parque Jurasico y ahí estamos. Con el esqueleto de un diplodocus por la proa. En un edificio que parece una catedral del medievo mezclada con una estación de tren del siglo diecinueve. Gente por todas partes, fotos, ruido, movimiento. ¿Qué hacer?
Vamos a posicionarnos. Primero, la exposición de dinosaurios. Otra cola enorme. Y ahí están. Esqueletos expuestos, guias, muestras. Al principio todo es "ooohhh" y "aaaahhh". Luego empiezo a recordar. Veo que casi todos los dibujos los conocía de cuando hice la colección de pequeño, que los ejemplares los conozco. Incluso hay cosas que sabía que aquí no están. Esperaba ver un esqueleto completo de un tiranosaurio rex y no lo tienen. El Albertosaurus sabe a poco. Aún así, ahí está la cola osea de un ankylosaurus, el esqueleto completo de un estegadón, dientes de tiranusaurio, vertebras de braquiosaurio. Demonios.
Es una ciencia pop, al alcance de cualquiera, lo justo para mantenerte interesado, no tanto como para abrumarte. Me gusta. Sigo el camino. De los dinosaurios paso a los mamiferos, de los mamiferos a la vida marina, de la vida marina vuelvo a la entrada. Voy a por la zona verde. Hay una colección mineral que da miedo, de ahí sale uno geologo casi sin darse cuenta. Un monumento a Darwin. ¡Hay tanto que ver! El museo es una maravilla. Está llenisimo de gente, lo que es un poco agobiante pero reconozco que me llena de orgullo. ¡Cuanta gente queriendo aprender!
Au, hace hambre. Ok. Vamos moviendonos. Salgo de allí y estoy entre más museos y universidades. ¡Que interesante todo! Pero tengo que ir al norte. Quiero ver el Albert Memorial y quiero ver Hyde Park. Tengo una ruta y la voy siguiendo. Me encuentro gente de todo el mundo por el camino. El trafico es complicado. ¿Qué pasa hoy? Hyde Park es una pequeña maravilla. Esos caminos enormes, ese silencio y tranquilidad. Es una pausa en medio de la ciudad. Y al otro lado, más movimiento, más gente, más. Voy a comer algo y me vuelvo al metro.
Hay montones de fotos e ideas pero, sobre todo, hay la culminación de algo que ni siquiera sabia que quería. Los nombres y las historias que me sonaban de mi infancia y que de repente tengo delante, y ya no sé ni como interpretar porque me he olvidado del niño que fui. Pero ese niño no se ha olvidado de mi y sigue ahí dentro. El profundo agradecimiento que siento hacia mi trabajo y hacia este pais que me permite llenar tantos huecos de mi vida. Aun así, hoy he tenido mi primera conversación "interesante" en casi dos meses aquí. Es esa paradoja entre el sentimiento de cultura, de respeto y de aprecio por lo que aprendo, y de desapego por una forma de vida y una actitud que me aparta. Aunque tengo que darle una oportunidad. Si incluso en Ferrol hice amigos, aquí no debe ser tan difícil.
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