domingo, 7 de junio de 2015
Una sobre nacionalismo español
Antes he tenido un arranque de sentimiento caletero de la piera pico y ayer tuve una discusión con el Doctor sobre la Guerra Civil. Igual no es el mejor momento para escribir sobre esto. O igual sí. Hoy es el Día de las Fuerzas Armadas. Mi óptica sobre el susodicho día es que, siendo una institución que trabaja trescientos sesenta y cinco días al año al servicio de la sociedad, muchas veces con grandes sacrificios personales, está bien un día para ellos. Un día para que, los que llevan el uniforme o lo han llevado, se celebren. En otros paises, entras de uniforme en un aeropuerto y te aplauden. A mi, cuando me han hecho un descuento en el tren en Inglaterra me han llamado "sir". Aunque a cada uno lo suyo. Yo no quiero eso para mi, pero un día al año me parece fantastico que la sociedad nos diga "gracias". Y nosotros podamos sonreír, darnos palmaditas en la espalda y decirnos que buenos somos, aunque el resto del año no se nos haga ni puto caso o se nos insulte. Que oye, no se le puede caer bien a todo el mundo.
Pero me voy por los cerros de Ubeda. Yo quería hablar sobre nacionalismo español porque esta semana hemos tenido algo de jaleo con ese tema. Primero, por la pitada en la final de la copa del Rey. Segundo, por el susodicho monarca descubriendo una placa a los soldados españoles que combatieron al nazismo en Francia. Sobre el segundo tema, me referiré a lo que he dicho otras veces sobre los colegas de la novena, que son un clasico en mi ideario personal, añadiendo que, además de homenajes en Francia, estaría bien que se les hicieran homenajes aquí. Igual que a los de la División Azul. Porque tanto unos como otros, combatieron por aquello en lo que creían o porque no les quedó otra, y tanto unos como otros lo hicieron con honor y se destacaron, y tanto aliados como enemigos los reconocieron. Y sobre el tema primero, del que no he hablado nunca, diré otra cosa que también he dicho muchas veces: todas las opiniones no son respetables. El derecho a emitirlas sí, pero logicamente cuando esas opiniones son gravosas, uno debe asumir las consecuencias. No hablo de consecuencias penales, que ya de eso hablé el otro día, pero la censura social existe y debería funcionar. Existen cosas que no están bien. No está bien que se presuma de abusar de alguien. Y no está bien que, tu desprecio hacia un signo, te dé derecho a insultarlo. A mi no me gusta el queso, pero no voy pitando por la calle a los que comen queso. Simplemente, no como queso. Si ud, ciudadano español, no se siente parte de esta comunidad y no respeta sus simbolos, está en su derecho. Pero a mi, que sí me siento parte de él, no me insulte. Aunque sea por una cuestión de civismo, por ese tan cristiano de "trata al prójimo como a ti mismo". O a ver como le iba a sentar al individuo en cuestión que yo pitara su bandera. La que fuera.
Pero, y de eso quería hablar, en este país sucede una cosa muy curiosa. Como, ya desde hace siglos, el patriotismo tiene un color político, nacionalismo es "lo del otro". Para una determinada población, el nacionalismo español no existe sino que es "lo normal". O en vez de nacionalismo español, diga nacionalismo X. Y quién no piensa eso, es que no es un patriota. Fin. No existe nada como la critica constructiva, aquella frase de Churchil de "El patriota debe criticar siempre a su pais dentro y defenderlo siempre fuera". Porque aquí la política es una cuestión emocional, es "o conmigo o contra mi". Por eso el nacionalismo español no está, no existe, pero se siente. Y el nacionalismo, como todos los extremos emocionales, hace mucho daño a la creación de la convivencia, porque necesita de un enemigo contra el que justificar los excesos y los males. El nacionalismo es la venda con la que tapamos aquello que no nos gusta. Y el nacionalismo español, entendido como la excusa bajo la que plegamos a la gente a nuestra voluntad, es un gran mal. Existen muchisimas cosas maravillosas de ser español que no necesitan un enemigo o una comparación para justificarlas. Cuando entendamos eso, sabremos que estamos en el camino correcto. La idea de una patria grande, sana e integradora es algo hermoso. Una patria que pone barreras, que excluye, que te mira los dientes, es una patria que tiene un problema.
Y voy a dejarlo estar, que me empantano. Mañana si tal sigo.
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