(de ayer. No había internet, mi ordenador petó. Malditas actualizaciones de seguridad de windows)
Lo reconozco. Estoy cansado. Quizas es que hoy tengo el día raro. O será el tiempo. Pero ha llegado un momento en mi vida que reconozco que estoy cansado de reinventarme. De empezar en la casilla de salida. De plantearme que ahora tengo un sitio y una vida... pero dentro de un par de años habrá que dejarla y volver a empezar.
No tengo ganas de conocer a una chica para despedirme dentro de un par de meses. No tengo ganas de cogerle cariño a un piso para meterlo todo en el Seat León e irme a donde sea. No tengo ganas de mirar el movil y ver que tengo a doscientos contactos, de los cuales puedo quedar con media docena. De los doscientos, a un buen montón no puedo ni siquiera llamarlos sin recurrir a una tarifa internacional.
Hace un rato he tenido la tipica escena de sentimiento de culpa por mi exito. Esa colega mía que no tiene trabajo y me prohibe sentirme mal, porque es su obsesión. Como si yo le echara en cara a ella que tiene pareja. Pero conozco el sentimiento, cuando te parece que a tu alrededor todo el mundo tiene lo que quiere, menos tu. El otro día ya hablaba de que ser pobre es una mierda.
Pero no puedo evitar venirme arriba, porque es mi naturaleza. Y pensar que todo pasa. Y que está en nuestra actitud el decir "no quiero otro viaje, no quiero otra pandilla, no quiero otro piso", o decir "¿y por qué no?" y probar. Cada ciudad es igual... y distinta. Cada momento tiene su propia identidad.
Llevo unos cuantos días dandole vueltas a lo de mi hermana. A que ella no ha salido de Cádiz y sigue con su novio, sus amigos, su sitio. Con mi madre. Será que hace un mes que no me dan un abrazo, y que me esperan por lo menos otros tres sin uno, que me planteo si realmente merece la pena. Siempre he tendido a banalizar bastante el dinero, supongo que por la mentalidad de estudiante y el no asumir nunca del todo eso de que soy un adulto y tengo ingresos y gastos. ¿Y si la que acierta es ella y el equivocado soy yo? Todos mis libros, mis cartas, mis viajes, mis historias románticas y locas... ¿a donde me han llevado? A otra ciudad, otro piso, otros colegas. A estar muy cansado.
El otro día estaba viendo el fútbol aquí y pensaba que ya no sonrío ante cualquier tontería como antes. Tampoco tengo esas ganas mochileras, ni soy tan independiente. Me dan chispazos, arranques del viejo Ale, ese Prosi inquieto al que el mundo le parecía pequeño, mientras iba gruñendo y protestando por todo. Pitufo Protestante. Sé que está ahí dentro, pero hay que darle de comer. Yo construía magia con los abrazos que me daba el peque, y con las fotitos con las que iba pintando el mapa de mi vida. Echo en falta esos abrazos. Y creo que voy a ser adicto a eso, al cariño de verdad de gente buena, toda mi vida.
Bueno. Hay vicios peores.
No hay comentarios:
Publicar un comentario