lunes, 29 de junio de 2015

Ya van cinco años


Parece mentira. Dicen que el tiempo pasa volando. Es mentira. Pero para algunas cosas, sí. El otro día venía de vuelta para aquí y pensaba si esa sensación mía, esa apatia a la hora de empezar nada por miedo a que se termine, no es más que una consecuencia de la muerte de mi hermano. De tanta energia, cariño, dedicación y esfuerzo que invertí en una relación que ahora, apenas cinco años después, es un recuerdo al que acudir muy de vez en cuando.
¿Realmente es eso? No, claro que no. Tanto es así, que estos ultimos años han pasado en el limbo. Apenas ahora empiezo a ser consciente de todo lo que he dejado por el camino y como estos años del curso han sido una pausa que no me ha hecho bien ninguno. No había pasado un año de la muerte de Jose y apenas acababa de recibir la bofetada de Raya que me puso en funcionamiento, cuando me ví metido en el curso. Y desde entonces he ido posponiendo mis problemas emocionales. Para después del curso. Para después de adaptarme al trabajo. Para después de la comisión. Para después, para después...
Y los problemas no se resuelven después. Tengo una grave falta de motivación o, hablando claro, no sé lo que quiero. Supongo que eso le pasa a casi todo el mundo pero yo, que me he pasado toda la vida con una serie de objetivos claros, me siento perdido. Y ante la duda y antes de meter la pata, no hago nada. A veces surge algo que parece que... ná, falsa alarma. Seguimos. Pero seguimos no sé a donde.

Hoy, como todos estos años, celebro todo lo bueno que Jose me ha dado. Toda la entereza, la empatia, la paciencia, la humanidad en su sentido más amplio. Hoy, con el mundo volviendose loco entre terrorismo y crisis economicas, basta con recordar su sonrisa y esos abrazos tan fuertes que te daba para que todo vuelva a tener sentido. El mundo, la vida, son cosas muy pequeñitas. La risa de un niño y el amor que sentimos por ellos es una de ellas, pero a la vez es gigantesca, lo más grande que podemos crear. Mi hermana escribió hoy en el facebook una pastelada emotiva de esas suyas que acababa con "un beso al cielo". Yo hoy, cuando me acueste, soñaré que viene a abrazarme. Es todo lo que necesito para ser feliz. Solo eso.

No hay comentarios:

Publicar un comentario