jueves, 18 de junio de 2015

Otra nota acerca de De Gaulle


Que aquí están dando la murga con Waterloo y con que se les cae el Parlamento, como siempre mirandose el ombligo.
El otro día estuve viendo un documental sobre la Novena, el grupo de españoles que fueron los primeros que entraron en Paris. Entrevistaban a un par de supervivientes, que si no están muertos ya les debe faltar un cuarto de hora, que viven en residencias de ancianos en Francia. Uno de ellos, catalan perdido, apenas se le entendía hablando español. Había otro, un asturiano de monte, que contaba como se había ido enganchando de ejercito en ejercito y de combate en combate, siempre peleando contra el fascismo.
Era algo enternecedor. Será mi vena sensiblera. El caso es que este asturiano contaba que él había querido ir a pelear con De Gaulle, porque sabía que él no se iba a rendir. Que, cuando los colaboradores de Vichy se pasaron a la Francia Libre, ellos, que estaban allí, quisieron ir con De Gaulle desde el principio. Porque ellos no peleaban por un pais ni por una bandera, ellos peleaban por la libertad. Y por lo visto a De Gaulle y a Leclerc no les gustaban, porque eran anarquistas, comunistas, gente de mal vivir. No como ellos, militares aristocratas, gente "de bien". El caso es que, según contaba el asturiano este, una vez estaban en una parada militar y De Gaulle iba dandole la mano a los soldados. Y les preguntaba "¿Ud desde cuando lucha?" y la mayoria le contestaban "desde que ud dio su discurso en la BBC, general". Hasta que llegó a los españoles. Y Amado Granell, el teniente de la compañia, por lo visto le soltó "Desde el 36, cuando uds aún eran amigos de los alemanes".
Normal que no le gustaran los españoles. Y normal que, viendolo casi un siglo después, suceda lo que escribió un novelista a proposito de esta gente. "Te reconcilian con ser español, lo que quiera que signifique eso".
Yo, que sigo admirando a la selección española de basket, que cada vez que leo o escucho a Pau Gasol asiento con la cabeza (que grande es), sigo entendiendo que a De Gaulle le sentara como una patada en las narices escuchar eso de un español moreno, mal encarado, que como decían los ingleses el aliento le olía a ajo. Un español con una cara muy parecida a la del Carli, el comparsista de Cádiz. Él, y su banda de desarrapados, que luego saldrían en una foto de un periodico en París el día de la liberación, casi sin querer. Reconciliandote con lo que ser español signifique, sea lo que sea.

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