miércoles, 30 de agosto de 2017

Atrevete a equivocarte



Ayer tuve un día un poco emo. Tocaba terapia de deporte, sol y playa. Pero hacía frío así que nos faltó la última parte. Al final me quedé en casa, tomándome un té en ese sofá que sabe a hogar, y me encontré con alguien que, de forma curiosa, está enseñándome mucho. La lección de ayer fue sobre "qué está mal contigo mismo".
Seamos objetivos. Cuando las cosas nos salen bien, hay una mezcla de talento y suerte. Cuando nos sale mal, también. No todo puede ser "mala suerte". Tenemos nuestra parte de responsabilidad y tenemos que asumir que en algo nos estamos equivocando.
Ayer Facebook decía que hace un año que añadí a Tanya. Tanyosha. Y la echaba de menos. No sé porqué, me surgió así. Quizás por tanto leer movidas sobre Rusia. El caso es que le escribí diciéndoselo. Salió mal, pero no solo por culpa mía. A veces pasa. Incluso cuando hagas todo bien, algo se rompe y no sigue adelante.
Hay dos cosas que tenemos que aprender de esto. Una, a dejar que las cosas fluyan y se acaben. Ya hace semanas y casi meses de esto. Hay que olvidarse y concentrarse en otras historias. Dos, no pensar tanto. Es normal que cuando algo sale mal tengamos miedo a equivocarnos. Lo que no es normal es que ese miedo nos impida actuar y nos quedemos con cara de tontos.
Suelo decir que el éxito conlleva su propia inercia. También sucede con el fracaso. Y poco a poco, vamos reduciendo las expectativas, bajando el listón. Terminamos negándonos el derecho a ser felices, a la esperanza, a un futuro mejor. Ahí es cuando nos encerramos. Es una espiral. Te sientes mal porque no te salen bien las cosas, y como no te salen bien las cosas te culpas y culparte te hace sentirte peor.
¿Cómo salir de la espiral? Probando algo nuevo. Cambiando el escenario, la perspectiva, la percepción. Algo. Cambiándote el color de pelo, la camisa, yendo con alguien a quién hace mucho que no ves, escuchando música, leyendo libros. Algo. Pero hay que resetear, porque en ese estado mental solo puedes seguir acumulando fracasos.
Ayer me acosté con una sonrisa. Me está pasando bastante últimamente. Debería hacérmelo mirar.

lunes, 28 de agosto de 2017

Gracias por hacerme pensar



Ayer me hicieron una pregunta fascinante. ¿En qué consiste ayudar a los demás? Hacía mucho, ya no recuerdo cuanto, que en lugar de ser yo quién intrigara a la gente alguien me dejara reflexionando.
Ojo que la pregunta tiene miga. La respuesta más natural sería "dándoles aquello que quieren" o "haciéndoles felices". Pero es mentira. Porque muchas veces lo que queremos o lo que nos hace felices no es lo mejor para nosotros. Aún así, ¿ quién puede juzgarlo mejor que nosotros mismos?
Yo soy de la opinión de que ayudar a los demás consiste en ayudarnos a nosotros mismos. Está conectado y va junto. Y una vez te has ayudado a ti mismo, puedes empezar a hacer lo mismo con los demás. Desde el ejemplo y teniendo claro el objetivo común. Creo que la clave está en encontrar un punto intermedio entre lo que quieren y lo que es mejor para ellos pero, sobre todo, hay que trabajar la honestidad. La gente tiene que aprender a conocerse a sí mismos, sus virtudes y sus defectos, sus capacidades y limitaciones. Ya conociéndote tienes la mitad de la respuesta a la pregunta "¿qué necesito?".
Decían los Rolling Stones que no siempre puedes conseguir lo que quieres. Pero que si te esfuerzas mucho, consigues lo que necesitas.
Así pues, pongamos que ya sabes lo que necesitas. Ahora viene la primera parte de la canción de los Rolling, esforzarte mucho. Y ahí entra la parte de ayudar a los demás. Y ayudarte a ti mismo. Porque no es nada fácil pedir ayuda. Uno tiene que aceptar que no es todopoderoso y además tiene pelaso. Tiene que cuestionarse cosas, hacerse preguntas y escuchar sinceramente las respuestas que el mundo pueda darle. Y una vez ha acabado la fase de preparación, comienza la ejecución. Con dudas. Con fallos. Con problemas. Uno tiene que ser flexible y aceptar los cambios que sucedan, pero tiene que ser firme y mantenerse en su propósito. Tiene que asumir que habrá rechazo y habrá dolor, pero porque ese es el precio que pagamos por las cosas que realmente merecen la pena. O quizás no lo haya, porque somos autosuficientes emocionalmente y estamos tan en forma que damos miedo. Pero nadie es perfecto y, lo que nos sobra por un lado, nos falta por el otro. Para eso necesitamos a los demás.
Ayer también me dijeron que, las personas más exitosas, son aquellas que construyen entornos saludables. Física, mental, social, emocionalmente. Aquellos que evitan la frustración mediante la aceptación, la soledad mediante la compañía sin expectativas ni prejuicios, los que entrenan y disfrutan del entrenamiento. Y sí, ahora estoy pensando en gente como tu, James, maldito roedor. Esto va por ti también. Porque construir ese entorno es uno de los primeros pasos para ayudar y ser ayudado.
Es un ciclo. Y se renueva a si mismo. Gracias.

Maldito perro triste



Había una vez un perro mochilero. Un perro acostumbrado a moverse mucho y a la gente rota. El perro se había movido mucho y sabía algunas cosas. Era un perro culto; leía libros, hablaba idiomas. Sabía distinguir entre un capitel jónico y uno corintio e incluso discutía sobre si las estatuas de Sans Seni eran románticas o neoclásicas con su amigo, el lobo feroz.
Uno de los talentos del perro era la compañía. Si hay algo que se le da bien a un perro, es apartar la soledad. Basta con que se sienten a tu lado y ya está. Los perros se dejan abrazar, gustan de golpearte con su hocico húmedo y pedirte caricias. Solo eso. Y nuestro perro era muy bueno animando a los demás. Les daba con la pata y les indicaba el camino. Ladraba. Nuestro perro era un jodido Lassie.
Claro que el lado malo de ayudar a los demás es que no sabes ayudarte a ti mismo.
Pero el perro quería aprender. Decidió construirse una rutina buena. Si empiezas el día haciendo tu cama, ya estás cambiando el mundo un poquito. En base a esa acción, podrás construir otras. E incluso si todo va horriblemente, cuando vuelvas a casa agotado y furioso verás la cama y sabrás que eso lo hiciste tu. Y podrás acostarte a pensar en un mañana mejor.
El perro se puso a ello. Consiguió cosas. Volvió a correr. Ganó autoestima y se sintió bien consigo mismo. Aprendió trucos. Ahora era un perro que iba a sitios, un perro mochilero con gafas de sol y pelaso.
Pero faltaba algo. Es el problema de los perros que leen; se pasan la vida haciéndose preguntas. Nuestro perro quería encontrar el equilibrio. La felicidad de los perros es fácil de conseguir, solo necesitas alimentación, descanso, ejercicio y un poco de cariño. Pero algo faltaba en la ecuación.
¿Qué es el equilibrio? Se preguntaba nuestro perro. ¿Cuánto es ser demasiado duro y cuanto demasiado blando con uno mismo? ¿Cómo aprender a flotar? Y mientras se hacía esas preguntas, el perro se mantenía ocupadísimo, porque las manos ociosas son el instrumento del Diablo.
Y de repente, una chispa de luz pasó por delante. Y el perro recordó. Recordó un tiempo mejor, con menos cicatrices y menos cansancio, con una mochila más ligera. O quizás era que su espalda entonces era más fuerte y la mochila pesaba menos. Recordó un tiempo en que todo parecía nuevo y brillante, el mundo por descubrir. Cuando una nueva iglesia no era "otra iglesia" y una nueva ciudad no era "otra ciudad", sino una oportunidad. Y se apartó de la luz. Porque esa luz no era para él, porque el perro era muy bueno arreglando cosas rotas pero no sabía que hacer con las que no lo estaban.
Maldito perro triste. Pobre maldito perro triste.

domingo, 27 de agosto de 2017

El dragón pasó


Y podemos dar gracias por ello. "Hay que aburrirlos con nuestra mediocridad y normalidad" decía alguien más sabio que yo. Y efectivamente así ha sido. Mejor evitar problemas. Mejor evitar gente tóxica, discusiones enfermizas, heridas gratuitas.
Aunque reconozco que, una parte de mi, lo echa de menos. ¿Qué nos empuja al masoquismo? ¿será nuestra falta de autoestima... o será otra cosa? ¿Por qué nos preguntamos por qué?

viernes, 25 de agosto de 2017

El orgullo es peligroso


El otro día me llamaban la atención por algo y yo me mosqueé. Dije que era algo que yo controlaba y conocía. Pero en automatico me lo replanteé. ¿Seguro? ¿No puede ser esta seguridad misma la trampa? Es en ese momento cuando te das cuenta de como es posible cogerte por ahí. Pero el dudar demasiado también es una debilidad, así que hay que ser resolutivo y confiar.
¿Como no equivocarse? Es imposible. Lo único que uno puede hacer es asumirlo y actuar en consecuencia, permitirse un cierto margen de maniobra y asumir que habrá errores. Y una vez asumimos eso, empezamos a actuar.
Por eso digo que el orgullo es peligroso. El orgullo puede darnos una sensación de excesiva confianza o puede hacer que nos consideremos mejores de lo que realmente somos. Tened cuidado.
Estoy fatal. Voy a ver si duermo algo y luego sigo. Espesura maxima

jueves, 24 de agosto de 2017

El amor no se acaba


Hace muchos años me pasó algo muy curioso. Una chica me dijo que, cuando daba un abrazo a alguien que no era "Él" (sí, con mayúsculas), sentía que el abrazo se desperdiciaba. Años más tarde, le pregunté a Moe, el sabio de Veliko Tarnovo, que pasaba cuando el amor se acababa. Y él me dijo algo que aún pienso, y es que el amor nunca se acaba. Solo crece, cambia, muta. Uno no tiene un cupo finito de abrazos. Puede abrazar cuanto quiera, hasta agotarse. Y cuando se agota, descansa y vuelve a tener ganas de abrazar.
Pero cuando dices lo de arriba, estás pasandote al lado oscuro. Estás hablando desde el miedo. Piensas que tu tiempo es finito (que lo es), pero en lugar de verlo como una oportunidad lo ves como una desventaja. No quieres entender, como un niño pequeño, que llegará la hora de irse a dormir. Pero lo que yo saco en conclusión de esa frase es que estamos en caminos distintos. En querer crecer o querer encogerse. Y ahí está la diferencia principal y el motivo para apartarse.
A veces pasa. Y a veces es mejor que pase.

martes, 22 de agosto de 2017

Niños. Maldita sea



Ayer quedé con unos chavales que no conocía y fuimos a cenar. Estando comiendo bocadillos en un parque, unos niños embarcaron una pelota y nos pidieron que les echáramos una mano. Yo, que he suspendido educación física toda mi vida, de repente me encontré con que no era tan difícil trepar a un árbol, apoyarme en una mano y moverme como un mono. Se ve que esto del deporte sirve para algo.
Al menos para subirte a árboles y poder recoger pelotas.
El caso es que comentaba con los colegas lo curioso que está la vida y como, aunque nos venden drama PlayStation móviles y soledad, la gente sigue siendo gente. Los niños siguen jugando en parques o quedándose con cara de idiotas cuando les coge una ola, las familias siguen reuniéndose para pelearse por tonterías y comer juntos. Los bocadillos siguen estando buenos.
Y mientras, nosotros nos enfadamos y envenenamos por lo que leemos en el periódico, escuchamos en la radio, nos adelanta por la izquierda en la autovía. Ayer me corté la mano peleando con las ramas. Duele cuando la muevo, lo que suceda cada cinco segundos aproximadamente porque no sé estarme quieto. Como un maldito niño. Pero ese dolor me recuerda que estoy vivo, que tengo una mano que puedo usar (yo tecleo a dos manos. Nivelazo) y que, si queremos, podemos subirnos a árboles y hacer cosas que de niño nos parecían imposibles.
Sé que tengo que dormir más y dejar de escribir mierdas como esta. Pero me da igual. Esto es para mí y, al que no le guste, que no mire. Fácil. O que se suba a un árbol y se tire. Yo sigo asombrado de como, a veces, las cosas más pequeñas y normales nos pueden alegrar el día.

domingo, 20 de agosto de 2017

Vinculos empaticos o contraataque karmico




El otro día escribí que no puedes pasarte la vida atacando, ni tampoco defendiendo. Hoy venía pensando en una pregunta que me gustaría hacerle a la adolescente. ¿Has entendido de una maldita vez que lo que haces a los demás es lo que te haces a ti mismo?
Esa pregunta viene relacionada con la segunda Ley de Newton. Toda fuerza ejercida en un sentido y una dirección contiene una fuerza en su misma dirección y sentido opuesto. Aplicada al caso que nos referimos, la empatía (limitada por nuestro grado de psicosis, pongamos que tenemos un grado bajo), hace que cuando hagamos daño a alguien, nos pongamos en su lugar y lo pasemos mal. Existen técnicas y experiencias para reducir dicho daño, pero es igual. La empatía que sentimos hará que suframos. Dicho daño provocará deformaciones en nuestro carácter y personalidad, muy bien dibujadas en "El Retrato de Dorian Grey" por Oscar Wilde, una obra cuyo tema central no es otro que la empatía y la responsabilidad (o eso digo yo, mientras me fumo un puro y os miro condescendiente desde detrás de mi monóculo). A su vez, dichas deformaciones nos producirán más daño, llegando un momento en que apenas nos reconozcamos a nosotros mismos.
¿Me seguís? La pregunta a la adolescente sería, ¿Cómo pretendes ser feliz, haciendo infelices a los demás? Ese "alimentarse de lagrimas" que la chica entendía como felicidad... no era más que una forma de "repartir la mierda". Si yo estoy mal, que todos estén mal. Es bastante inmaduro y triste, ese desperdicio de energía en una rabia inútil que sabe a pataletas.


Ahora, cambiemos el discurso. Hace dos días leí un drama-drama de una chica muy interesante. No sé si es real o no, ni maldito lo que me importa. Es una persona que aporta humor, energía e interesantes reflexiones a mi vida. Así que le escribí animándola. Soy muy bueno en eso de animar a la gente, supongo que debido precisamente a ese rollo empático que comentaba. Hoy recibí un mensaje cariñoso de ella. Cuando das y recibes y das y recibes el ciclo crece. Como decía Moe, el amor no se acaba, solo crece y cambia. A veces, como los ríos, deja un cauce y sigue para otro .Pero mientras alimentemos al troll, demos de comer a la bestia de las buenas energías, vamos a seguir recibiendo eso. A la vida le gusta que le rasquen el lomo. Empezando por nosotros mismos. Le escribí a la chica que, para tener hijos, primero debe acumular amor de sobra. Y lo hará. Porque la gente buena crea, crece, experimenta, pregunta, curiosea. Cuando la vida te golpea tienes dos opciones. Encogerte y llorar y querer vengarte, o ponerte de pie y aprender, crecer. Pelear vas a pelear igual, pero el como es una diferencia fundamental. Si haces daño, recibirás daño. Quizás de una forma parabólica y absurda, quizás nunca seas capaz de establecer la línea de puntos que conecta una cosa con la otra. Pero créeme, pasará. En cambio si haces aquello en lo que crees y eres fiel a ti mismo, si haces del mundo un lugar mejor poquito a poco, tu mundo será un lugar mejor. Porque lo que haces es lo que eres y lo que eres es lo que te rodea.
Así que a por ello. No consiste en ser buenos "porque así luego pasaré la factura". Consiste en ser buenos porque, así, nos sentiremos bien con nosotros mismos y podremos tener ganas y fuerza para acumular y crear. Si además la vida nos da algo extra, pues perfecto. Pero sobre todo, vamos a intentar que el balance sea positivo.


El otro día decía mi madre que, cuando ella pasaba por una depresión muy mala, su padre le dijo "Antes de dormir, me pregunto. ¿He hecho daño a alguien a propósito? Y si lo he hecho ¿puedo arreglarlo?". Si no había hecho daño, se dormía contento. Y si lo había hecho, se dormía pensando en como arreglarlo al día siguiente. No me parece una mala forma de vivir. Sobre todo porque, al menos en los casos que conozco, lleva a vivir bien. Una vida virtuosa no es una vida que sale en los periódicos por rescatar gatitos de árboles. Una vida virtuosa es la que te permite mirarte en el espejo y sentir respeto y cariño por la persona que te devuelve la mirada.
Vivid virtuosamente. Malditos.

¿ Nacionalidad por sangre o por localización ?



El otro día leyendo un debate en Facebook surgió este tema. Discutiendo sobre nacionalismo y orígenes, alguien planteó que en su país la nacionalidad no existía por lugar de nacimiento sino por origen y dio los términos en latín. Hoy venía conduciendo y pensaba en algo que me sucedió el otro día. Me encontré a una mujer que trabaja donde yo en un centro comercial. Y se me ocurrió preguntarle si ella vivía en mi misma ciudad. No si era de allí (porque tiene un origen racial claramente extranjero), sino si vivía allí. Pero claro, eso lo puedo hacer con ella, asumir que es extranjera. Otra compañera mía tiene tres hijos. Nacidos aquí. Esos hijos, dentro de veinte años, tendrán la cara que tengan pero serán (son) tan españoles como yo.
Esto desde un punto de vista legal. Y ahora una opinión mía: culturalmente también. Se habrán pasado veinte años en mi país, compartiendo mi idioma, mi cultura, mi forma de vida. Habrán recibido una educación, una sanidad, una serie de experiencias netamente de este país. Tendrán amigos y parejas de aquí, hablarán el idioma con acento. Tendrán incluso parecidos defectos y manías. Algo matizados por la educación que sus padres, extranjeros, le habrán dado. Pero salvo que los padres se metan en un ghetto y solo se relacionen con gente de su país, es muy difícil aislarse de la influencia local. Lo digo por experiencia: mi familia viene de otra parte del país con una cultura muy distinta y mi hermana es absolutamente autóctona de nuestro nuevo origen. La tierra contamina.
En cambio, hay ocasiones en las que no. Gente que lleva tres generaciones en un país y se ha criado en una cultura extranjera y es incapaz de interactuar con la local. Por lo que veo, eso sucede mucho en Europa o en zonas con una comunidad extranjera muy grande, pero también puede suceder aquí. Simplemente, yo tengo la suerte de haberme criado en un lugar sumamente integrador y mestizo, pero en zonas con una esencia cultural muy fuerte puede resultar muy difícil. En lugares así, puedo entender que tu nacionalidad sea la de tus padres. Siendo así, puedes haber nacido en digamos Oporto, llevar veinte años allí y hablar portugués con acento, ser fan de Mourinho y comer bacalhau... pero ser ghanés.
La verdad, es un tema interesante para reflexionar y me dejó pensando. Me gustaría que todos hiciéramos una pausa y pensáramos en ello. ¿Quién nos forma culturalmente? ¿El entorno o la familia? Ya sé que ambos pero... ¿Cuál domina?

sábado, 19 de agosto de 2017

No puedes vivir atacando

El principal motivo por el que digo esto es el siguiente: Inercia. Todo éxito conlleva su propia inercia pero lo mismo sucede en muchos otros campos de la vida. Aquel que vive por la espada, muere por la espada.
Lo que resumido nos lleva a que, una vez consigues éxitos merced a ser agresivo, debes mantener dicha agresividad para consolidar esos éxitos. Y es agotador. Llega un momento en que llevas tanto tiempo desarrollando un papel que dicho papel te devora y te anula. Pasas a ser una caricatura de ti mismo y, en lugar de tomar decisiones racionales o emocionales, simplemente actuas como se espera de ti. Por ti mismo o por el entorno. De una forma o de otra, llegado a ese punto has perdido la iniciativa y has dejado de ser tu mismo para convertirte en otra cosa.
Así que no. No se puede pasar la vida atacando. Pero tampoco defendiendo. No se puede uno pasar la vida reaccionando, adelantandose a acontecimientos, intentando preveer. No vas a ver venir todas las pelotas que te tiran.
¿Cual es la solución? Encontrar un punto intermedio. Encontrar un equilibrio. Escucharte a ti mismo y saber cuando conviene atacar y cuando dejarlo pasar. Que batallas merecen la pena y cuales son simples desperdicios de recursos. Cuando es el tiempo para el odio y la venganza y la furia, y cuando es mejor ahorrarse esa energia para el momento en que de verdad haga falta. Sobre todo, lo importante es ser dueño de uno mismo, de sus actividades y sus silencios, y continuar ejerciendo y proyectando y aprendiendo y creando. Es importante entender que, muchas veces, tanto ladrido lo que esconde es mucho vacío por dentro. Y dejar espacio para que ese vacío se llene a sí mismo, como pueda o entienda.
A veces, es mejor dejar que el capote pase delante tuya para enganchar en el momento y la forma que quieres.

viernes, 18 de agosto de 2017

Tiempo de heroes


Ayer sucedió algo horrible en Cataluña. No voy a dar mi opinión ni hablar del tema. No pienso hacerlo. Pero hoy, viendo las noticias, hubo algo que me encantó. Las reacciones de la gente normal. Había un dueño de un bar que contaba que empezaron a meter gente hasta que no pudieron más y entonces cerraron la baraja. Un chaval que contaba como ayudaba a cruzar a un anciano cuando escuchó el jaleo y quiso echar una mano. Sobre todo me asombró la naturalidad, la forma en que explicaban actos heroicos como algo común, natural.
Me hizo sentir orgulloso. Pertenezco a un país en el cual ser solidario, valiente, echado para adelante son virtudes naturales. Se espera de nosotros que seamos así. En Barcelona las donaciones de sangre se han multiplicado por cinco: tienen de sobra. Y lo hacemos sin creernos nada, naturalmente. Que maravilla.
Me impresiona la forma en que nadie pide medallas. Recuerda a aquel poema de Calderón de la Barca, "serlo más y parecerlo menos". Pero no como algo consciente. Me gusta incluso estéticamente porque nos recuerda quién somos. Alguna vez escribí que Pau Gasol o Rafa Nadal son lo que los españoles seriamos, si dejaramos de pelearnos entre nosotros por estupideces. Y ahí está. Estos días incluso los políticos, que Dios me perdone, han sabido callarse y dejar de hacer el idiota y comportarse como deben. O será que he visto poco las noticias y no me han llegado las salpicaduras. Claro, es culpa de nuestra historia. De años de ETA. De Ermua. De Miguel Angel Blanco. Pero antes de eso hubo muchas cosas y eso nos hizo como somos.
Estos días, en Cataluña, ha habido mucha gente que ha sabido estar a la altura. Muchísima. Y me llena de admiración y de orgullo verlo y reconocerlos como propios. Demonios. Se ha respetado la instrucción de no difundir imagenes. En cuanto alguien ha dicho una burrada alguien le ha llamado al orden. Unidos en el dolor y en la tristeza, en la rabia y en el orgullo. Estos días, uno entiende porqué "Dignidad" es una palabra tan grande en español.
Gracias. Gracias por todo. 

Se asoma el dragón


A veces vas por la vida a tu aire. Tan tranquilo. Convencido de que los demonios que mataste siguen en su tumba y enfrentandote a los nuevos. Focalizando. Y de repente, se abre la puerta de atrás y escuchas un "ejem, ejem". Algo que habías olvidado o creías olvidado, algo que dejaste por listo.
¿Está listo de verdad? Te pones a prueba. Pero tienes que superarlo. Por orgullo, porque tienes un concepto de si mismo que dice que eso ha pasado.
Sé honesto. Mira hacia atrás y reconoce que fue algo fundamental para ti. Importantisimo. Que te costó noches sin dormir y disgustos y discusiones y ansiedad. Y que no podrás olvidarlo nunca, aunque quieras. Que marcó un antes y un después en tu vida.
Y una vez hecho eso, sigue adelante. Porque esa era tu vida de entonces y tu yo de entonces y ahora puedes asumir la situación desde otra perspectiva. Con otros objetivos y otro entorno, con otra realidad. ¿Qué duele? Dolerá siempre. Pero no eres el que fuiste ni eres esclavo del que fuiste. Tu tomas tus decisiones. Así que actua como eres, sé fiel a ti mismo, se honesto. Y deja que el dragón pase a lo lejos, mientras le saludas con la mano.
No todas las batallas merecen la pena ser luchadas. Ni todos los fantasmas vienen a atormentarnos. A veces, solo quieren compartir una cerveza antes de seguir su camino. Solo eso. Un instante. Y luego volver a lo de siempre.

martes, 15 de agosto de 2017

El amor es un trabajo a pico y pala



Cuanto drama de título. Este artículo, como la mayoría, surgen de una perfecta chorrada que me pasó. En este caso, una conversación con Ira.
Nota introductoria de personaje. Ira, de nombre Irene, es una chica que conocí en Kiev estas navidades. Ya habrá salido por aquí alguna vez. Ira habla español mejor que yo, porque cuando era pequeña y hacía ballet le pusieron una canción de Julio Iglesias y le enamoró. Así que decidió aprender español. Hace montañismo, llora por cualquier cosa y tiene el TPM de un glotón con dolor de muelas. Seguro que aparece más veces en este blog. Es una grande.


El caso. Ira y yo hablábamos sobre trabajo. ¿Debería dedicarme a algo aburrido o seguir esperando a que surja el trabajo de mi vida? En mi caso, el trabajo fue un "Lo Necesito!", así que me enganché a lo que pude. Y a lo siguiente. Y a lo siguiente Hasta que, desesperado, pegué a la última puerta que se me ocurrió y encontré al amor de mi vida. Y desde entonces hemos tenido días buenos y mejores, he estado a punto de dejarlo algunas veces, él a mí, pero seguimos ahí. Tengo medio pie fuera siempre, porque soy demasiado inquieto, pero hay algo que siempre me hace volver. Se lleva una parte muy grande de mi vida, pero a cambio me da muchas satisfacciones y me permite conocer gente, aprender cosas y desafiarme y crecer. Me encanta. Como dijera Eva, "Tu estás enamorado de tu trabajo", con un cierto tono de sorpresa. Pero no le faltaba razón. El trabajo rellena muchos huecos de mi vida, aunque me paso la vida groñeando por él (yo soy así), en general estoy muy contento.
Y fue de casualidad. Si os fijáis, todo lo que pongo aquí es aplicable a una relación. ¿Habéis leído "Instrumental" de James Rhodes? Hay una parte al final donde él comenta como, cuando vé a su mujer, se sorprende. ¿Cómo tengo a esta pedazo de mujer, siendo el desastre que soy? Y se promete a si mismo superarse. Ser mejor. Dar todo lo posible. Para hacerse digno de ella. Es esa vieja frase del Nuevo Testamento que tanto me gusta  "Señor, no soy digno de que entres en mi casa, pero una palabra tuya bastará para sanarme".
Hay que vivir así. Yo aún no me creo que tengo un sueldo fijo. Un horario. Vacaciones. Pagas. Cursos. Posibilidades de promoción. Sigo siendo un estudiante viviendo el sueño de ganar dinero. Y quiero seguir viviendo así porque, de esa manera, ningún esfuerzo me parece demasiado. No me acomodo. No doy las cosas por hechas. Sigo trabajando, no yendo a trabajar. Y esto es así porque considero que la vida debe ser vivida de esa manera.


Esta mañana le dije a Ira que, en la vida, uno tiene que coger lo que le dan y aprovecharlo. Y si no funciona, se deja y se prueba otra cosa. Bromeé diciendo que es lo que hago con las chicas -Adios, James Bond- y ella me contraatacó diciendo que ellas lo saben. En cierto sentido, el mensaje de este artículo que espero leer algún día y sonreír, es ese. Hay que esforzarse. Hay que hacer que la gente que esté con nosotros se sienta querida, afortunada, que crece. Y para hacerlo, es necesario trabajar desde lo sencillo. Sigo rebelándome contra la humildad, pero me gusta la modestia. Sé que soy buenísimo. Simplemente no le veo sentido a recrearse en ello. Es mejor concentrarse en, dado que soy bueno, ser aún mejor. Como decía Pau Gasol en aquel anuncio, "Está muy bien que tu país se sienta orgulloso de ti. Pero es aún mejor hacer que el mundo se sienta orgulloso de tu país."


Sed ambiciosos. Pero no dejéis que las expectativas y los sueños os impidan trabajar. Empezad abajo e id subiendo. Está en vosotros. A por ello.



Un diamante es para siempre



Existe una tradición, fuertemente arraigada, de que un regalo es personal e intransferible. No sé si es algo de mi cultura o algo así como global, pero se da por hecho que, si yo te doy algo, ese algo no puede aparecer en manos de otra persona.
Bueno. Yo intento tener una mentalidad bastante practica. Lo que incluye efectuar una apropiada distribución de recursos. Lo que hace que, a veces, contradiga tradiciones. ¿Qué puedo decir? Como cantaban Soziedad Alkoholica "Las tradiciones que no nos sirvan, se deben cambiar".
La semana pasada estaba tomando algo con un amigo y salió una historia. Apareció un parche. Ese parche me lo regaló un gran amigo alemán como broche a una historia compartida que fue toda una aventura. El parche está bonito como recuerdo y le tengo cariño. El caso es que el amigo con el que estaba comentó que su mujer lo adoraría. Su mujer es amiga mía y ellos dos están en un momento difícil. Y son gente maravillosa. Así que, aunque dudé un momento, le di el parche y no me arrepiento en absoluto.
¿Y por qué? El parche, como yo, ya cumplió su misión. La historia que mi amigo alemán y yo compartimos ya tiene meses y ha caducado: ha pasado al aspecto de mitos y leyendas. Es algo que pasó y que no vamos a olvidar, no necesitamos un recordatorio gráfico. Pero mi amigo y señora están viviendo algo real, vivo. Y todo lo que se pueda aportar a eso, es bueno. A mí me parecen gente maravillosa. Quizás no sigan juntos. A veces pasa, bien sabe Dios que sé de lo que hablo, que una más una persona geniales no es igual a una pareja genial. Pero cuando la gente quiere hacer algo hermoso, algo que merezca la pena, hay que ayudarles. No vale que te venga alguien diciendo "quiero construir una catedral", tu tengas un almacén de piedra sin usar y digas "no no, es que esa piedra fue un regalo de...".
Hay que esforzarse. Siempre. Porque cuando pensamos que estamos cómodos, que ya hemos hecho lo que teníamos que hacer... nos equivocamos. Como decían en aquella novela "hemos conquistado mundos, hemos dominado imperios, hemos hecho Historia. ¿Y cuantas batallas necesitamos perder para que todo eso desaparezca? Una. Solo una. Una".
Así que mira. Dejad que todo fluya. Seguid dando para recibir. Y no seáis dogmáticos, las cosas "porqué sí", "porque siempre se han hecho así" o "porque es lo que me enseñaron" no os van a dar la felicidad que os va a dar ser vosotros mismos.

martes, 8 de agosto de 2017

El romanticismo es una maldita enfermedad mental


Tras esta atrevida aseveración, procedo a ampliar la descripción.
El problema con los románticos, como con todos los soñadores, es que tienen fé. Y que no juegan por el libro. Ellos no siguen un proceso lógico de pensamiento, del tipo "si sigo el camino de baldosas amarillas llegaré al final del camino". No. Ellos establecen su propia lógica, basada en principios tan absurdos como "si soy yo mismo, la gente me aceptará tal como soy y si no que les den" o cuanto mejor me porte con la gente, mejor se portarán conmigo" y cosas así de absurdas. El problema es que, al actuar de acuerdo a esas propias normas que solo ellos conocen, su comportamiento resulta erratico e impredecible. Lo que viene siendo el comportamiento de un loco.
Pero como tiene que haber de todo en la vida, está bien que alguna gente viva de acuerdo a su propio libro. Siempre y cuando no salpique demasiado, claro. Pero hay que intentar otras cosas.

lunes, 7 de agosto de 2017

Lost in translation


Un caballero vale tanto como vale su palabra. Esto es de primero de respeto. Pero a la vez, un caballero tiene que saber cuando adaptarse. Cuando mirar por sí mismo. Recomiendo las canciones de Sting en ese sentido. Ser un caballero no es una cuestión solo de naturaleza; también es una cuestión de formas.
Uno debe saber mantenerse distante. Las estridencias son lamentables. Y uno debe entender que todo tiene un tiempo y respetar los plazos.
A veces, el idioma es importante. Mucho. Pero no solo las palabras, sino el sentido de las palabras. El contenido. La forma. El mensaje. A veces, te entiendes mucho mejor con alguien a través de google translator que con otra persona con la que hablas mirandole a los ojos. Porque tenéis una forma de pensar parecida, una estructura mental que se equilibra. A veces, simplemente quieres que esa persona esté bien. Aunque también entiendes que tu no debes ser la victima sacrificial para conseguir eso.
Y a veces, simplemente te marchas hacia el horizonte. Con una banda sonora que no entiendes, porque hay mucha información en el aire que no conoces. O quizás hay demasiada poca información.
A veces, vivir es un coñazo. Pero es solo un ratito. Enseguida vuelve a pasar algo que te llama la atención y deseas saber más. Siempre más.

domingo, 6 de agosto de 2017

Y a veces, sale mal


A veces conoces a alguien y no os entendéis. Parece que conectáis. Contáis historias, os reís. Pero al poco la conversación se apaga y se sucede un silencio incomodo. El o ella te cuenta algo que es importante y tu no lo entiendes. Viceversa. Hay fallos de comunicación, como si se perdiera alguna letra o alguna señal entre uno y otro.
Y entonces te ves con una situación incomoda. Teniendo que compartir espacio y tiempo pero sin querer, casi obligado. A la vida no le gusta que la obliguen a nada. A la vida no le gusta que la fuercen y, ese gesto de forzar obliga a otros forzamientos. La sonrisa. La educación. Poco a poco la compañia se seca y uno está mal, incomodo, a disgusto. Deseando que termine pronto esta tortura, que separeis vuestros caminos y no se vuelvan a cruzar.
A veces pasa. Pero incluso entonces, uno tiene que quedarse con lo bueno. A veces, ganas. A veces, aprendes. Y entender que esto no es culpa de nadie, sino que a veces sucede y que no hay como impedirlo. Pero no porque una vez llueva y se embarre vamos a dejar de salir a jugar al campo.
Algo acaba, algo empieza. El día sucede a la noche y la noche al día. Vamos a por otra semana. Y ya queda menos para el siguiente salto. Siempre así. Siempre adelante.

Segunda parte.
A veces, el tiempo pone las cosas en su lugar. Te das cuenta de que tus primeros juicios fueron equivocados. Te arrepientes. Si eres inteligente pides perdón. No por humildad, sino por justicia. Intentas respetarte a ti mismo mediante el respeto a los demás. No puede existir el uno sin el otro.
Y a veces, no es así. A veces el tiempo te demuestra que incluso te quedaste corto. Que la gente no supo valorar tus esfuerzos, que no le dio importante. Que existe gente para la cual el mundo está ahí para darle lo que ellos quieren, y el que venga detrás que arree. Pero no hay problema. Porque la vida lleva un balance fiscal asombroso y, tarde o temprano, te devuelve. Las deudas se acumulan con intereses y, de repente, te encuentras en una situación que no podías imaginar y no sabes como reaccionar, porque no estás preparado. A veces, sale mal. Pero incluso de lo que sale mal sacamos una lección. En este caso, como dijera Edith Piaf, je ne regrette rien. He hecho todo lo que creía y debía. Y si no es suficiente, pues mala suerte. Pero seguimos durmiendo tranquilos por las noches. 

Baile flamenco

Este viernes fue la Noche Blanca en San Fernando y yo tenía una invitada japonesa. La chica había estado viajando por Andalucia y no había visto nada de flamenco "en vivo". Me resultó extraño, cuando cada dos por tres hay algo de flamenco a nuestro alrededor. Aunque la verdad que yo tampoco había visto nada "oficial", sino cosas muy de andar por casa. Quizás por eso, cuando nos encontramos un tablao donde diferentes agrupaciones bailaban me fijé tanto o más que ella, porque nunca había visto a un grupo de bailaoras. Y la verdad es que es absolutamente espectacular. La coordinación necesaria, la fuerza de los movimientos, lo dificil de la ejecución, las poses. Me sorprendió que ninguna sonreía. Es un tema serio, poquita broma con el baile flamenco.
Me gustó muchísimo. Y solo puedo sentir admiración y respeto por quién hace un arte tan complicado y dificil. Bravo. Bravo por ellas, que aunque eran niñas, en el escenario imponían que daba miedo. Y luego se bajaban e iban corriendo a abrazar a su madre o a reírse con sus amigas. Asombroso el cambio. Una maravilla.

viernes, 4 de agosto de 2017

Extremadamente promiscuo con mis sonrisas

A pesar de tener una dentadura ciertamente horrible.
Así contesté a una chica que ayer me dijo que, seguro, eso se lo decía a muchas chicas. Y venía pensando que, al igual que cuando nos sentimos atraídos por algo mostramos muchas de nuestras carencias, cuando enseñamos nuestros miedos lo hacemos incluso más.
Porque a ver, señores. Cuando una chica te dice "eso se lo dices a todas" lo que realmente está diciendo es "quiero sentirme única". Y lo que no está diciendo, pero está ahí detrás, es "si yo pudiera, me liaría con todos. Pero como me parece mal, no lo hago. Ni quiero que nadie lo haga."
Y oye. Está bien. Todos tenemos nuestros miedos y fobias. Yo venía en el coche cantando "Mistreated" a todo pulmón. ¿La habéis escuchado? Es maravillosa. Yo conozco la versión de Deep Purple pero imagino que no es de ellos. Debería comprobarlo. Es una canción donde el hombre se lamenta de que su chica le ha dejado. Y desde entonces, se siente solo, está triste, se está volviendo loco. ¿Dónde está? Estoy buscando una mujer... y estoy confundido.
Bueno. Yo también tengo mis miedos. Y probablemente todo empezó un día cualquiera del verano de...
No. Ya medio en serio. La mayoría de miedos que tenemos sobre "la otra persona" son miedos de nosotros mismos. Tememos que nos hagan lo que nosotros querríamos hacer. O lo que nosotros pensamos que podemos hacer y que está mal. Entonces no queremos que nos hagan eso mismo. No queremos sufrir. Y eso está bien. Pero hay que ser honestos. Hay que confiar. Porque si no, nada tiene sentido. ¿De qué sirve enfrascarse en un proyecto "real", algo humano a todos los niveles, algo que se supone es mayor que nosotros... si no vamos a darlo todo? Ayer en la playa pensaba en mi sobrina. Y en algo que mi abuelo solía decir. "Puedes conseguir lo que quieras. La pregunta es, ¿Cuánto lo quieres?". Y usaba para ello un ejemplo buenísimo. Nada te impide ser astronauta. Nada, excepto el enorme sacrificio personal y el esfuerzo que tienes que hacer. ¿Lo quieres tanto como para sacrificar todo eso? ¿Tanto de verdad?
Esa es la pregunta. ¿Cuánto quieres una relación? Y esa relación... ¿Cuánto merece la pena?
Ayer volvió a escribir Tania y hoy me he pasado la noche en vela. No he mirado el mensaje. No quiero. Porque I've been mistreated. He sido maltratado. Y no quiero serlo más. Y sin embargo... te come por dentro la duda. ¿A qué todo parece muy fácil visto desde fuera? ¿Muy seguro? Y me vuelve la pregunta. ¿Cuánto lo quieres? ¿Lo suficiente para arriesgarte? ¿Para sufrir? Porque es lo que viene. Riesgo y sufrimiento. Como casi cualquier cosa que merece la pena.


No creo que lo quiera tanto. Y creo que, como dice el título, voy a seguir siendo promiscuo con mis sonrisas. "Le sonrío incluso a la cajera del supermercado" le dije a la misma chica. Porque hago broma de esto, pero no es algo gracioso. El mundo está lleno de tristeza, soledad, amargura, rabia. Lo sé. Yo tengo mucho de eso. Mi hermano me lo quitaba con un abrazo. Cuando él me apretaba fuerte, un "ain" como él decía, se me quitaba todo. Pero yo no le preguntaba a él si abrazaba a todo el mundo. Claro que lo hacía. Por eso mi hermano era un ser mágico y maravilloso, alguien que hacía feliz a la gente a su alrededor. Porque a él no se le acababa el cariño, las ganas y la fuerza. Y yo soy de la opinión de que, el miedo y las heridas de la gente, no tienen que impedirme ser feliz y hacer feliz a los que me conocen. Las normas, los prejuicios y lo "normal" os lo dejo a vosotros. Yo prefiero hacer lo que sé que funciona. Aunque yo no sea mi hermano, pero puedo hacer una adaptación bastante buena.
¿Y vosotros? ¿En qué os teméis?


P.D: Lo que yo temo creo que sorprendería bastante a casi todos los que me conocen. Pero eso no lo pongo aquí. Ya demasiado pongo. Pero esto solo lo leo yo y cuatro desconocidos. Alguien en Francia por lo visto. ¿Qué os pasa? ¿Estáis aprendiendo idiomas?

El reflejo de la sonrisa


Hace tiempo me decía una amiga que buscamos en los demás lo que creemos que nos falta. Puede ser. Yo de estas cosas no tengo ni idea. Pero también creo que empatizamos con aquello que conocemos. Por eso todo el mundo lo pasa fatal cuando vé un niño parecido al suyo al que le pasa algo malo, pero puede ver con indiferencia que le pasen cosas horribles a gente con la que no se siente identificada.
Esto también funciona a nivel personal. Yo creo que la atracción comienza cuando vemos algo que nos gusta de nosotros mismos en esa persona. O algo que nos gustaría ser/tener. Por ejemplo, a mí me fascina la seguridad en uno mismo a niveles absurdos. Me parece divertido cuando la gente hace cosas sin sentido, solo para demostrar que ellos son ellos. Esa afirmación del ego me hace preguntarme, ¿por qué? Y en el momento en que despierta mi curiosidad ya empiezo a estar jodido.
Vaya. Acabo de darle la razón a mi colega sin darme cuenta. Es lo que tiene cuando uno escribe sin dormir.
Pero volviendo al tema de virtudes compartidas, eso es parte del lenguaje. Cuando alguien te cuenta que él/ella cree en esto, o que le ha pasado lo otro, o que conoce a esta persona... estableceis una base de dialogo común. Y esa base es sobre lo que construimos una comunicación, que es la base de la relación.
Echo de menos esa sonrisa complice. Cuando sabes lo que piensa la otra persona aunque no digáis nada y podéis compartir una risa sincera. Pero al fin y al cabo, ese espacio se construye mediante confianza, dialogo, momentos compartidos, experiencias. A veces, no se puede construir ese dialogo. Y entonces queda la melancolia, las oportunidades perdidas...
No sé. Estoy divagando. Mejor me monto en el coche con Deep Purple y empiezo a trabajar. ¡A por ello! ¡Ya casi está ahí el fin de semana!

martes, 1 de agosto de 2017

Un paseo en bicicleta


Aún tengo salitre en el pelo. Y en la piel. Y en todas partes. Salitre y sudor y la piel achicharrada y una sonrisa.
Y me encanta. Hoy me he reencontrado con cosas que hace mucho que creía olvidadas. Charlando con Javi he confesado que perdí mi adolescencia y que tengo miedo de relacionarme, de no conocer el lenguaje de mi entorno. Que me siento inseguro en mi rareza, en mi diferencia. En cierto sentido es un trastorno psicopático, la desconexión con las emociones y el constante fingimiento. ¿No debería evitar poner esto aquí? Ni que lo leyeráis uds.
Volviendo al tema del asunto, he confesado muchas cosas. Entre otras, que buena parte de mi vida no la conozco. Que la he ido enterrando en capas de "deber", "necesidad", "obligaciones", "prioridades". Yo voy al final de la lista. Siempre detrás de una gran bandera a la que seguir, bajo la que esconder quién realmente soy. Y el resultado final es que no me conozco. Cuando fui al Natural History Museum de Londres me reencontré con el Prosi niño que soñaba con dinosaurios, con ser arqueologo y descubrir especies y nombrarlas y vivir aventuras.
Hoy, me he encontrado con otro pedazo de mí. Cuando apenas era un pibe e iba a Vigo a veranear, me daban una cierta envidia los chicos del pueblo que iban a la playa en bici. Yo apenas acababa de aprender a montar (otra de tantas cosas a las que llegué tarde) y me encantaba. Me encanta. Existe algo mágico en la bici. La forma en que te mueves más rápido, impulsado por tu cuerpo. La velocidad justa para poder disfrutar del paisaje, de la compañia y, a la vez, ir a los sitios en poco tiempo. Y la playa, ese lugar divino donde el mar besa la tierra, donde el aire es más limpio y salado, donde la luz brilla más. El mar, que sabe y huele y se siente tan bien, ese espacio salvaje y hermoso, ese desierto de luz.
Me ha llevado años y años. He necesitado disponer de un sitio propio para tener una bici. Y lo he hecho a proposito: me he ido a vivir no demasiado lejos de la playa. El coger la bici y dirigirme al carril (porque tanto para peatones como para conductores, una bici es un problema y un coñazo), irme pedaleando a la playa y tumbarme allí con un libro, en medio de respetables familias, es un triunfo tremendo. Representa la capacidad de hacer tus sueños realidad. Sueños sencillos, una bici, una toalla, un libro. Pero algo que me ha costado años y no poco esfuerzo y que ahora, en este espacio en blanco entre un esfuerzo y otro, puedo disfrutar y saborearlo.
Que bien se siente recuperar a ese adolescente que soñaba con ir a la playa en su propia bici. Que bien se siente disfrutar de las cosas buenas.