sábado, 19 de agosto de 2017

No puedes vivir atacando

El principal motivo por el que digo esto es el siguiente: Inercia. Todo éxito conlleva su propia inercia pero lo mismo sucede en muchos otros campos de la vida. Aquel que vive por la espada, muere por la espada.
Lo que resumido nos lleva a que, una vez consigues éxitos merced a ser agresivo, debes mantener dicha agresividad para consolidar esos éxitos. Y es agotador. Llega un momento en que llevas tanto tiempo desarrollando un papel que dicho papel te devora y te anula. Pasas a ser una caricatura de ti mismo y, en lugar de tomar decisiones racionales o emocionales, simplemente actuas como se espera de ti. Por ti mismo o por el entorno. De una forma o de otra, llegado a ese punto has perdido la iniciativa y has dejado de ser tu mismo para convertirte en otra cosa.
Así que no. No se puede pasar la vida atacando. Pero tampoco defendiendo. No se puede uno pasar la vida reaccionando, adelantandose a acontecimientos, intentando preveer. No vas a ver venir todas las pelotas que te tiran.
¿Cual es la solución? Encontrar un punto intermedio. Encontrar un equilibrio. Escucharte a ti mismo y saber cuando conviene atacar y cuando dejarlo pasar. Que batallas merecen la pena y cuales son simples desperdicios de recursos. Cuando es el tiempo para el odio y la venganza y la furia, y cuando es mejor ahorrarse esa energia para el momento en que de verdad haga falta. Sobre todo, lo importante es ser dueño de uno mismo, de sus actividades y sus silencios, y continuar ejerciendo y proyectando y aprendiendo y creando. Es importante entender que, muchas veces, tanto ladrido lo que esconde es mucho vacío por dentro. Y dejar espacio para que ese vacío se llene a sí mismo, como pueda o entienda.
A veces, es mejor dejar que el capote pase delante tuya para enganchar en el momento y la forma que quieres.

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