domingo, 6 de agosto de 2017
Y a veces, sale mal
A veces conoces a alguien y no os entendéis. Parece que conectáis. Contáis historias, os reís. Pero al poco la conversación se apaga y se sucede un silencio incomodo. El o ella te cuenta algo que es importante y tu no lo entiendes. Viceversa. Hay fallos de comunicación, como si se perdiera alguna letra o alguna señal entre uno y otro.
Y entonces te ves con una situación incomoda. Teniendo que compartir espacio y tiempo pero sin querer, casi obligado. A la vida no le gusta que la obliguen a nada. A la vida no le gusta que la fuercen y, ese gesto de forzar obliga a otros forzamientos. La sonrisa. La educación. Poco a poco la compañia se seca y uno está mal, incomodo, a disgusto. Deseando que termine pronto esta tortura, que separeis vuestros caminos y no se vuelvan a cruzar.
A veces pasa. Pero incluso entonces, uno tiene que quedarse con lo bueno. A veces, ganas. A veces, aprendes. Y entender que esto no es culpa de nadie, sino que a veces sucede y que no hay como impedirlo. Pero no porque una vez llueva y se embarre vamos a dejar de salir a jugar al campo.
Algo acaba, algo empieza. El día sucede a la noche y la noche al día. Vamos a por otra semana. Y ya queda menos para el siguiente salto. Siempre así. Siempre adelante.
Segunda parte.
A veces, el tiempo pone las cosas en su lugar. Te das cuenta de que tus primeros juicios fueron equivocados. Te arrepientes. Si eres inteligente pides perdón. No por humildad, sino por justicia. Intentas respetarte a ti mismo mediante el respeto a los demás. No puede existir el uno sin el otro.
Y a veces, no es así. A veces el tiempo te demuestra que incluso te quedaste corto. Que la gente no supo valorar tus esfuerzos, que no le dio importante. Que existe gente para la cual el mundo está ahí para darle lo que ellos quieren, y el que venga detrás que arree. Pero no hay problema. Porque la vida lleva un balance fiscal asombroso y, tarde o temprano, te devuelve. Las deudas se acumulan con intereses y, de repente, te encuentras en una situación que no podías imaginar y no sabes como reaccionar, porque no estás preparado. A veces, sale mal. Pero incluso de lo que sale mal sacamos una lección. En este caso, como dijera Edith Piaf, je ne regrette rien. He hecho todo lo que creía y debía. Y si no es suficiente, pues mala suerte. Pero seguimos durmiendo tranquilos por las noches.
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