martes, 15 de agosto de 2017
El amor es un trabajo a pico y pala
Cuanto drama de título. Este artículo, como la mayoría, surgen de una perfecta chorrada que me pasó. En este caso, una conversación con Ira.
Nota introductoria de personaje. Ira, de nombre Irene, es una chica que conocí en Kiev estas navidades. Ya habrá salido por aquí alguna vez. Ira habla español mejor que yo, porque cuando era pequeña y hacía ballet le pusieron una canción de Julio Iglesias y le enamoró. Así que decidió aprender español. Hace montañismo, llora por cualquier cosa y tiene el TPM de un glotón con dolor de muelas. Seguro que aparece más veces en este blog. Es una grande.
El caso. Ira y yo hablábamos sobre trabajo. ¿Debería dedicarme a algo aburrido o seguir esperando a que surja el trabajo de mi vida? En mi caso, el trabajo fue un "Lo Necesito!", así que me enganché a lo que pude. Y a lo siguiente. Y a lo siguiente Hasta que, desesperado, pegué a la última puerta que se me ocurrió y encontré al amor de mi vida. Y desde entonces hemos tenido días buenos y mejores, he estado a punto de dejarlo algunas veces, él a mí, pero seguimos ahí. Tengo medio pie fuera siempre, porque soy demasiado inquieto, pero hay algo que siempre me hace volver. Se lleva una parte muy grande de mi vida, pero a cambio me da muchas satisfacciones y me permite conocer gente, aprender cosas y desafiarme y crecer. Me encanta. Como dijera Eva, "Tu estás enamorado de tu trabajo", con un cierto tono de sorpresa. Pero no le faltaba razón. El trabajo rellena muchos huecos de mi vida, aunque me paso la vida groñeando por él (yo soy así), en general estoy muy contento.
Y fue de casualidad. Si os fijáis, todo lo que pongo aquí es aplicable a una relación. ¿Habéis leído "Instrumental" de James Rhodes? Hay una parte al final donde él comenta como, cuando vé a su mujer, se sorprende. ¿Cómo tengo a esta pedazo de mujer, siendo el desastre que soy? Y se promete a si mismo superarse. Ser mejor. Dar todo lo posible. Para hacerse digno de ella. Es esa vieja frase del Nuevo Testamento que tanto me gusta "Señor, no soy digno de que entres en mi casa, pero una palabra tuya bastará para sanarme".
Hay que vivir así. Yo aún no me creo que tengo un sueldo fijo. Un horario. Vacaciones. Pagas. Cursos. Posibilidades de promoción. Sigo siendo un estudiante viviendo el sueño de ganar dinero. Y quiero seguir viviendo así porque, de esa manera, ningún esfuerzo me parece demasiado. No me acomodo. No doy las cosas por hechas. Sigo trabajando, no yendo a trabajar. Y esto es así porque considero que la vida debe ser vivida de esa manera.
Esta mañana le dije a Ira que, en la vida, uno tiene que coger lo que le dan y aprovecharlo. Y si no funciona, se deja y se prueba otra cosa. Bromeé diciendo que es lo que hago con las chicas -Adios, James Bond- y ella me contraatacó diciendo que ellas lo saben. En cierto sentido, el mensaje de este artículo que espero leer algún día y sonreír, es ese. Hay que esforzarse. Hay que hacer que la gente que esté con nosotros se sienta querida, afortunada, que crece. Y para hacerlo, es necesario trabajar desde lo sencillo. Sigo rebelándome contra la humildad, pero me gusta la modestia. Sé que soy buenísimo. Simplemente no le veo sentido a recrearse en ello. Es mejor concentrarse en, dado que soy bueno, ser aún mejor. Como decía Pau Gasol en aquel anuncio, "Está muy bien que tu país se sienta orgulloso de ti. Pero es aún mejor hacer que el mundo se sienta orgulloso de tu país."
Sed ambiciosos. Pero no dejéis que las expectativas y los sueños os impidan trabajar. Empezad abajo e id subiendo. Está en vosotros. A por ello.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario