Y podemos dar gracias por ello. "Hay que aburrirlos con nuestra mediocridad y normalidad" decía alguien más sabio que yo. Y efectivamente así ha sido. Mejor evitar problemas. Mejor evitar gente tóxica, discusiones enfermizas, heridas gratuitas.
Aunque reconozco que, una parte de mi, lo echa de menos. ¿Qué nos empuja al masoquismo? ¿será nuestra falta de autoestima... o será otra cosa? ¿Por qué nos preguntamos por qué?
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