domingo, 4 de octubre de 2015

Abrazos en tus brazos

Cantaba Marea " No hay abrazos en tus brazos, te los vas llevando todos".
Pero es mentira. Desde antes de conocerte lo supe, pero tu lo confirmaste. Y luego, cuando pusiste un impuesto a los abrazos, me di cuenta de lo poco que sabia sobre ellos.
Hay abrazos que saben a hogar. Abrazos que te reciben cuando llevas meses fuera, abrazos que huelen a ratos en el sofá, a historias compartidas, a sentirse seguro.
Hay abrazos que saben a miedo. Abrazos de "no me dejes". Stirb nicht vor mir. Abrazos que te aprietan fuerte por miedo a romperte, que se te atraviesan en la garganta.
Hay abrazos que son como un apreton de manos, un recio contacto familiar. Abrazos... Hay un mundo de abrazos. Y no se acaban sólo porque tengamos miedo de sentir,de apretar alguien entre nuestros brazos y cotra nuestro pecho, de hacerle sentir parte de nosotros. Hay abrazos que se te quedan guardados en el espíritu y vuelves a ellos una y otra vez, cuando hace frío, cuando estás solo. Hay abrazos que son un tesoro. Pero no por ello debemos despreciar aquellos que no lo son. Un pequeño regalo de amor, un gesto generoso, es siempre mucho mejor que la avaricia o la mezquindad con los sentimientos. Es curioso que escriba esto yo, que no hace mucho tiempo defendia la idea de que hay que ser prudente con a quién y como abrimos nuestro corazón y nuestra vida. Pero el gesto no enlaza directamente con el contenido. No somos lo que aparentamos y, si somos inteligentes y sabemos aislarlo, podemos perfectamente realizar el ritual sin poner nada de nuestra personalidad en ello, protegiendonos así del rebote.
Así pues, ya no hay abrazos en tus brazos, te los vas quedando todos. 

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