viernes, 9 de octubre de 2015

Mirando a los ojos a un grande


Esta semana he vuelto a trabajar. Y me he reencontrado con gente muy buena a la que hacia mucho que no veía, como a Vituco o a Nuria. Pero sobre todo, esta semana me he reencontrado con don Antonio.
D. Antonio es el primer jefe que tuve en el Malaspina. Toda la vida recordaré su primer saludo. " Y tu quien carajo eres?". Esa primera conversación que tuvimos nos sirvió para cogernos la medida, y para darnos cuenta de que nos gustabamos el uno al otro. Yo creo que a él le gustaba de mi el entusiasmo, el sentido del compromiso, la seriedad. O no lo sé.
A mi me enseñó la mayoria de lo que sé sobre ser un mando. Su respeto por los subordinados, su compromiso con su bienestar, su lealtad con los superiores, su feroz pasión por hacer las cosas bien. Lo he admirado y lo admiro mucho, a pesar de que la proximidad de un barco y la vida me haya enseñado muchos de sus defectos. Pero quizás sea el conocer esos defectos lo que hace que la admiración exista, dado que lo conozco como un hombre real.
Este verano coincidí con d. Constantino y ahora con él. Los llamo por el nombre de pila y la subordinacion por mi parte ha desaparecido; ahora somos compañeros. Pero la admiracion personal sigue y me llena de orgullo poder contarlos como compañeros mios. Ese es el motivo por el que hice el curso de suboficial. Para llegar a donde ellos estan y, quizás, que algún día alguien hable y piense de mi como yo hablo y pienso de ellos. Cuando la gente habla de "la satisfacción del deber cumplido"... bueno. Una de las patas de esa satisfacción, para mi, se vé en los ojos de la gente que te rodea. Y me llena de orgullo decir que puedo mirar a los ojos a gente a la que admiro y sentir respeto de vuelta.

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