viernes, 16 de octubre de 2015

Un enfoque instrumental de las relaciones


Hace tiempo, hablando con mi colega Luichi, nos surgió una discrepancia sobre las amistades. Mi colega Luis decía que todas las amistades son instrumentales, esto es, tienen un efecto. Hay gente que conoces y te vale para salir de fiesta. Gente que te vale para contarle problemas. Gente que te vale para irte de viaje. El asociaba la dupla persona-función. Yo opinaba que, por el contrario, las amistades son cualitativas. Hay gente que te cae bien y en la que confias para hacer algunas cosas, gente con la que compartes más y con la que harías cualquiera. Realmente, ni él estaba al cien por cien en su postura ni yo en la mía, sino que coincidiamos en que la realidad era un punto intermedio. Existe por un lado la instrumentalización de las relaciones, en su objeto, y la calidad de la relación, medida en la intensidad de confianza, comunicación y placer generado por la mutua compañia.

¿A que viene esto? A que, en ocasiones, una amistad no funciona simplemente por una discrepancia deontologica. En mi caso, cuestiones más estéticas que morales, basadas principalmente en una cierta visión del mundo. Rehuyo los absolutos, esquivo las certezas. Y a veces resulta que, al evitar el conflicto, uno termina cayendo en un silencio absurdo que se alarga.
Pero no solo eso. A veces también el salto cualitativo tiene lugar por una cierta idea de compromiso. Una idealización de la amistad, un nivel de expectativas que no puede ser satisfecho. ¿Realmente es así? Volviendo a la idea instrumental, no tiene nada malo que una amistad consista simplemente en "cuando lo necesite lo llamo". Resulta muy poco romantica pero... ¿que lugar tiene el romanticismo en la epoca del Whatsapp?

Ayer hablaba con un amigo de mi teoria de la rueda. Hay amistades que siguen rodando porque yo las empujo, pero en el momento que deje de hacerlo, se pararán. ¿Realmente me merece la pena algo así? Lo lógico sería empezar a moverla y, una vez cogiera inercia, simplemente dejarla llevar. Cuando se demuestra que no es así, la insistencia es absurda: es mejor concentrar energias en proyectos con mejor proyección. O volver a situaciones consolidadas y, simplemente, disfrutarlas. Mi amigo respondía que él no cree en el karma, cuando el karma realmente es una actitud: no funciona de acuerdo al principio de causa y efecto. Al menos, no es esa mi visión, que yo tampoco soy un experto en el tema. Mi teoria de la reciprocidad es que, en su conjunto, el universo reacciona bien a quien se cuida, cuida de los suyos y sigue una forma de vida virtuosa y feliz. Pero todo eso exige adaptación, constantes modificaciones y una cierta reflexión y vigilancia. El enfoque instrumental, como tal, no es algo negativo si se sabe aplicar. Creo que deberé darle un estudio y reevaluar mi clasificación de relaciones.

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