miércoles, 21 de octubre de 2015

Stolz


Nunca he sido muy deportista. De pequeño tuve problemas respiratorios y el deporte lo veía desde la grada. Más mayor, cuando se estabilizó la cosa, me dio la vena rebelde y decidí que correr era de cobardes.
Más adelante, entré en las Fuerzas Armadas y tuve que hacer deporte. Empecé preparandome por mi cuenta. Aquí tengo que decir que, si bien tengo problemas respiratorios, probablemente herencia de dos padres fumadores, mi ficha genetica es espectacular; por parte de madre vengo de una familia de rudos hombres de mar, fuertes y sanos como lechugas.
Así pues, como iba diciendo, tuve que hacer deporte. Y me costaba, vaya si me costaba. Pero, aparte de una genetica agradecida, mis ancestros nos legaron una cantidad sorprendente de tozudez. Así que perseveré. Por las tardes, cuando mis compañeros veían la tele, yo corría bajo la lluvia. Los fines de semana, en vez de irme de fiesta, me levantaba temprano y me iba a correr. Y cuando estaba solo, en medio de la nada y el pecho empezaba a pitarme susurraba entre dientes "Stolz... stolz..."
Stolz significa "orgullo". Cuando crees que no puedes más, cuando te sientes hundir, cuando nadie te mira... es lo único que te queda. La cabeza alta de tu raza, el legado de los hombres y las mujeres que te hicieron, el golpe en el pecho que dice "esto soy yo". Cuando crees que no merece la pena, cuando te hundes... afirmas los pies en el suelo y levantas la barbilla. Que no se diga. Recuerda quien eres, recuerda que has llegado a donde estás sin que nadie te haya regalado nada. Que todo lo que eres, tanto lo bueno como lo malo, te lo has ido haciendo tu a golpe de sudor, de esfuerzo. De noches en vela, de días solitarios, de fruncir el ceño y apretar los puños. De saber, en el fondo de tu alma, que nadie te lo va a agradecer y asumir, en un pacto tacito con el universo, que es así y que, si esas son las reglas del juego, bailemos.
Stolz. Ese susurro de rabia entre los dientes, la tensión en el cuello, el cuerpo que pide más. Más. Porque cuando se apaguen las luces y de ti solo quede el recuerdo, aquellos que te conozcan de verdad sabran lo que había detrás de cada sonrisa triste, de cada mirada perdida, de cada abrazo mientras cierras los ojos, para que el otro no te vea. Porque el ser tu mismo, día a día, es una lucha atroz. Pero como te llena el pecho cuando sabes que haces lo que eres. Stolz.

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