domingo, 4 de octubre de 2015
Las bicicletas son para el verano
Ese es el título de una novela que mi hermana tiene en su cuarto y que nunca me he leido. Es mi forma de despedirme del verano. Afuera está gris y oscuro: Inglaterra vuelve a mí. Hoy hace casi un mes que volví y ya se ha acabado. He tenido un mes de sol, de amigos, de risas, de aventuras, de tonterías. Ha sido maravilloso. Mañana vuelvo a la oficina, al metro, a los madrugones. Mañana empiezo la siguiente etapa, con planes, con ideas, con ilusiones.
¿Qué queda de todo esto? Poco. He entregado mucho y recibido poco, pero algo de lo que he recibido ha sido muy especial. Como siempre que vuelvo de navegar, las promesas no se han materializado y todos han seguido con su vida, como tiene que ser.
Ya no quiero sentir. Ayer leí eso, lo rebatí, y hoy lo hago mío. Ya no quiero sentir. Tengo que aprender a vivir en el aquí y el ahora. No sirve de nada plantearse "Y si estuviera...". No puedo partirme en dos. Tampoco puedo darle a nadie algo que no quiere recibir. El amor entendido como lenguaje, y vive Dios que eso no es una ñoñeria (para mi el amor es libertad y creación, espacio y tiempo compartidos. Para mi el amor es el puño alzado contra el miedo, la soledad y la muerte. Que al final, queridos niños, siempre terminan ganando. Pero nadie dice que haya que ponerselo fácil), necesita de voluntad de comunicación. Si cada uno se sienta en una esquina, lamiendo sus propias heridas sin mirar a la persona que tiene al lado, nunca va a haber comunicación.
Así que no quiero sentir. Estoy "fuera del juego" como le dije a Rali. ¡Pero hay tanto por hacer! Limpiar la casa, lavar la ropa, ordenar las cosas con las que me entretengo, planear la agenda. Limpiar y ordenar, por dentro y por fuera. Se me olvidará algo, como siempre se me olvida, pero a veces pienso que lo hago a proposito, para tener algo que corregir. La perfección es aburrídisima.
Estoy aprendiendo a cerrar puertas. A ser aún más cuidadoso conmigo mismo, con mis emociones, con a que le doy importancia y a que no. Hace mucho que hice las paces con mi pasado, pero sigue enredandose entre mis piernas en cuanto me descuido. Tengo que poner espacio entre mi familia y yo. Pero sobre todo, tengo que engancharme a esa raíz de fuerza, de energia, de ilusión que soy yo. Rali decía que soy una persona eminentemente feliz y es cierto. Voy a construirlo, creando una vida virtuosa donde haya orgullo, satisfacción. Hasta luego verano. ¡Hola otoño!
A por él.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario