lunes, 19 de octubre de 2015
Esas barbas con moño
Llevo unos cuantos días que me los encuentro por todas partes y me intriga. Hoy, sin ir más lejos, a las siete de la mañana había uno en el autobus. Tíos con lumberjack beards o barba de leñador, barba negra cerrada por el pecho, de esa que los antiguos se enceraban y echaban aceites y movidas así, y un moño samurai en lo alto de la cabeza. Una imagen que, a pesar de partir de unos iconos sumamente masculinos, me produce un desasosiego existencial casi mayor que los metrosexuales. Porque hay dos preguntas que se me vienen a la cabeza de inmediato cuando veo a uno de dichos especimenes por la calle.
1.- ¿Cuanto tiempo y pasta te gastas en champus, acondicionadores, barberia -¡barberia!- y demás cuidados?
2.- ¿De donde vienes y a donde vas? ¿Qué eras antes de tener esta pinta y, qué harás cuando deje de estar de moda?
Ninguna de las dos preguntas plantea un escenario en la que me pueda sentir comodo con nuestro amigo Barbanegra. Y es que yo, como heavy con un pasado, sé lo que supone tener el pelo largo a poco que uno practique actividad física. Sin ir más lejos, hace dos findes quedé con un amigo mío y se vé a la legua la diferencia entre, quién por trabajo tiene que ir maqueadito y quién escapó de las tijeras de la sociedad. Y si hablamos de barbas, mis intentos de Gandalfzación hablan por si solos. Esas barbas y esos pelos no son naturales. O no son naturales, de acuerdo a una concepción del mundo para la cual ir al gimnasio, meterse mierda y chutarse para tener un cuerpazo y luego no ser capaz de hacerse treinta flexiones es una broma de mal gusto. Continente sobre contenido y así vamos, haciendonos cada día más leves, menos profundos, con menos sustancia, hasta que seamos hojas de papel que nos lleve el viento. Como esos hologramas que hablaban entre ellos sin mirarse, pendientes de su propio reflejo y encantados de haberse conocido.
Por suerte para mi, el look heavirulo no lo pueden comercializar. Y cuando esta moda pase, volveremos a reconocernos los unos a los otros sin dudarlo. Pero mientras tanto, que sensaciones tan extrañas producen esos barbaros de diseño.
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