sábado, 17 de octubre de 2015

Apagando la magia


Ayer fui a una cena con unos colegas. En un momento dado estaba ahí, sentado con mi libro, y pensaba
"Ey. ¿Cuanta de esta gente habrá hecho alguna de esas de "tu estás to loco" en su vida?".
Me puse a pensarlo. Cuando me fui a Barcelona a tomar un café con una chavala con la que chateaba. Cuando le di dinero a una amiga que se había quedado tirada. Cuando le regalé un libro por sorpresa a otra. Cuando me llevé de mochila a un amigo a Grecia. La semana pasada, que me colé en Lisboa a felicitarle la boda a otra amiga.
Muchas de estas cosas implican dinero. Otras implican tiempo. Tanto una cosa como otra son extremadamente valiosas en el mundo en que vivimos, pero la gente prioriza de una forma distinta a la mía. Alguien dirá que soy muy generoso, pero yo no lo creo. Yo pienso que debemos dar lo que tenemos, para cuando nos haga falta que alguien haga lo mismo. Es una forma de tenderle la mano a la vida, como diciendo "Si hace falta dar el primer paso, que no se diga".
Pero de un tiempo a esta parte me doy cuenta de que no funciona. De que a la vida no le interesa lo que doy, y que cada vez me siento menos satisfecho con lo que recibo a cambio. He probado a encerrarme en mi torre de marfil y ver las cosas desde lejos, pero eso tampoco funciona. Me gusta crear magía. Me gusta hacer feliz a la gente, me gusta compartir, me gusta reír y crear. Pero no me gusta la sensación de que se están aprovechando de mí.
Quizás la clave es lo que dijo Ligia. Darle un poco más de realidad. Dejar de plantearme tanto "quiero esto, así que voy a por ello" y más "¿realmente merece la pena?". Ser más pragmatico. Más gris. E invertir esfuerzo, creatividad, energia... solo en aquello que me haga sentir bien. No ser feliz a través de la felicidad que doy, como agente externo, sino ser parte activa de esa felicidad. Compartir y crear. El truco, queridos amigos, es no aprovechar toda oportunidad de hacer algo fantástico... sino convertir algo fantástico en una oportunidad. Esa es la clave de la continuidad. Ideas que conducen a ideas.
Porque la vida es demasiado corta para pasarsela esperando una llamada que nunca llega.

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