miércoles, 28 de octubre de 2015

Vocaciones


El otro día hablaba sobre mi familia, esos rudos hombres de mar que me legaron una genetica agradecida. Esa sería mi "familia grande", el clan Sanromán. La "familia pequeña" son mis abuelos y mis padres. Mi abuelo, que empezó cargando cajas de pescado en el muelle de Vigo cuando tenía siete años y se jubiló de armador, siendo dueño de casi una docena de barcos junto con sus hermanos, se pasó la vida en la mar. Era contramaestre de un buque pesquero y vivió de todo. Me contó alguna que otra historia, la mayoria divertidas, porque mi abuelo era de esos hombres que pensaban que el sufrimiento, la miseria, la tristeza, la soledad, son para meterlos debajo de la alfombra. Yo no comparto del todo esa visión, porque me enseñó solo lo que me quiso enseñar y eso no es justo, pero no estoy aquí para hablar de eso.
Mi abuelo se mareaba. Muchisimo. También odiaba separarse de su familia. Mi madre me contó de haberlo oído llorando antes de irse al muelle. Realmente mi abuelo odiaba el mar, pero había pocas opciones cuando él era joven y... bueno, la vida le llevó por ahí. Él tomó sus decisiones e hizo las cosas lo mejor que supo. Curiosamente, a él lo que siempre le atrajo fue el campo. Habría sido muy feliz siendo granjero. Cuando se jubiló tenía un jardín, y árboles, pero todo lo que plantaba se comía o se usaba para condimento. Esa vena practica, prusiana, si la comparto.
Yo de pequeño quería ser cientifico o paleontologo. Era un niño debil fisicamente, pero con mucha imaginación y una pasión feroz por aprender. Quería descubrir cosas, quería seguir aprendiendo toda mi vida. Luego cuando me hice más mayor me dí cuenta de que a mi lo que me atraía y me hacía feliz era el cambio. Estudié lo que pensé que me garantizaría un trabajo en una zona y una epoca en la que no había nada de eso. Mi corral era pequeñito y las vallas no me permitían ver como de grande era el mundo. El caso es que, tarde, me di cuenta que podía ser lo que quisiera, porque la vida no es un camino en linea recta, como te hacen creer en el colegio "estudia y serás algo de provecho". Entonces quise ser maquinista de tren, o camionero. Mover mercancias y gente y, de camino, moverme yo. Así fue como terminé embarcado.
A veces, tu encuentras tu vocación. Otras veces, tu vocación te encuentra. Sería genial que, de pequeños, nos enseñaran montones de trabajos y vidas y nos permitieran elegir. Unos padres responsables deberían hacer eso con sus hijos, en esta epoca donde hay tanta información y todo está tan comunicado. Desperdiciamos una cantidad horrible de talento, empleando personas en tareas que no les gustan, que no les hacen felices, que no les permiten crecer.
Soy muy afortunado. Entre otras cosas, porque tengo un trabajo que me gusta, y porque tengo la suficiente libertad como para poder plantearme alternativas. Porque puedo crear, porque puedo crecer. Porque, al contrario que mi abuelo, yo sí amo el mar. Pero, en respeto a él y a todos aquellos que no han tenido esta suerte, quiero dedicar este artículo (y un saludo) a todos aquellos que pelean, que hacen algo que no le gusta y que, aún así, le ponen pasión y ganas y hacen un trabajo excelente. Porque no todos tenemos suerte, pero si tenemos orgullo, dignidad y respeto, podemos llegar a ser grandes profesionales de lo que seamos.

P.D: En la mochila llevo una medalla al trabajo que le dieron a mi abuelo en 1970 y algo. Y a veces, cuando no sé muy bien que coño estoy haciendo con mi vida, la miro y sé que, donde sea que esté, él se siente orgulloso de mi. Y con eso basta. Con eso tiene que bastar.

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