Recuerdo que hace unos años, sentados en la camareta de marineria, Sabino y yo veiamos "Algunos hombres buenos" junto con otros cuantos colegas que hacían como que la veían. Es un peliculón y tiene una escena curiosa. Tom Cruise y su colega, tenientes abogados que saben de la vida militar tanto como de mecanica espacial, le preguntan al cabo de infanteria de marina supuesto criminal.
- ¿Por qué actuaron de aquella manera?
Y el cabo, un negro de fisico impresionante, le mira serio y le contesta.
- Actuabamos de acuerdo al codigo, señor.
Eso les llama la atención a los abogados, creyentes del Dios de la palabra escrita y de toda forma de estructuración legal de la vida humana. Así que preguntan ansiosos.
- ¿Qué codigo? ¿A qué codigo se refiere?
El cabo los mira de reojo, asombrado, como si le preguntaran de que color es el cielo, y les contesta, despacito y vocalizando cada silaba como si hablara con dos niños.
- Unidad. Cuerpo. Dios. Patria.
Ahí Sabino y yo nos pusimos de pie, en firmes. Brutal. Que gran frase, cuanto dice sobre una forma de ser, una forma de vida, una actitud. Y que bien queda.
Hoy charlé con una amiga que dice que soy "unreliable", porque me enamoro de cualquiera. Eso es erroneo, pero bueno. Somos libres de proyectar nuestros miedos sobre los demás y ponerles etiquetas, de forma que podamos aislarlos de nosotros. Es una forma como otra cualquiera de sugestionarse y yo la he probado algunas veces, la ultima con My little pony. Pero la realidad es muy pesada e insistente y tiende a colarse por los huecos. Decía George Orwell que
- «Ver lo que está delante de nuestros ojos requiere un esfuerzo constante.»
¿Qué es una persona de honor? El honor, tal y como lo entiendo yo, es la lealtad a un determinado codigo que supone un esfuerzo y una cierta actitud ante la vida. Lo que llamaba antes "un tío que se viste por los pies". Y eso viene condicionado por el entorno, nuestra cultura y nuestra actitud. Yo soy un anacronismo constante. Tengo treinta y dos y me comporto como si tuviera quince, y otras veces como si tuviera doscientos años. Mi codigo de honor es uno de esos anacronismos.
Pero el codigo de honor debe ser personal. Nadie defiende algo ajeno con la fuerza con la que defiende algo propio. Y para llegar a eso, a un codigo de honor personal, debemos condicionar nuestro entorno, nuestra cultura. Filtrarla. Debemos establecer lineas, como decía Charlie, que no se cruzan. Esas lineas son las que nos van a configurar, la que van a dar nuestro espacio de definición. También deben ser lineas flexibles, porque si creemos en la libertad nuestro codigo no puede ser una carcel, sino un espacio. Nunca he intentado escribir mi codigo, como si fueran los diez mandamientos, sino que es algo más basado en una cierta percepción estetica y... sensorial de la vida. Hay cosas que son feas, que chirrian, que no se hacen. Y esto es así porque se escapan del codigo. Algunas de mis normas personales, como ejemplo que todos los que me conocéis reconoceréis, son:
Primero, la familia. Después, el trabajo. Después, todo lo demás.
No puedes exigir nada que no estás dispuesto a dar.
La lealtad a ese codigo, a esa cierta actitud ante la vida, es lo que hace de mi un hombre de honor. Lo que permite que la gente confie en mi, lo que hace que yo me respete (y obligue al mundo a respetarme), lo que me identifica. No consiste en ser grande. Consiste en ser uno mismo, porque es lo unico autentico,lo unico sincero, lo unico real. Lo que merece la pena.
Volviendo al tema de las mentiras que nos decimos a nosotros mismos, tendo idolos. Hace un rato recordaba a D. Laura y aquella vez que estuve bromeando con ella sobre la posible amante de su novio. El sentido del humor es uno de los mayores sintomas de inteligencia que conozco. Yo, en mi interior, sé que somos falibles. Por eso admiro a gente... en determinado contexto y situación. Admiro una determinada pose, una forma, una actitud. Y luego sigo. Pero entre iguales, entre "gente del codigo", nos reconocemos. Y surge una afinidad natural, como entre enfermos que han superado una enfermedad o gente que comparte una profesión. Porque efectivamente compartimos algo. Una visión del mundo... un cierto concepto, anacronico quizás, de que existen cosas que son más grandes que uno mismo y que esas cosas deben ser respetadas. Y aunque sea dificil, vivir bajo ese codigo nos hace más nosotros.
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