viernes, 30 de mayo de 2014
¿Existe un descanso del guerrero?
Llega el viernes y me siento feliz de que existas. No que existas como realidad, sino como proyección, como posibilidad. Ya no tengo prisa. Los tiempos de estar fuera del mundo y tener que aprovechar cada minuto acabaron. He vuelto. Y en cambio, esto no es nada. Es una pausa entre asaltos, un descanso entre una campaña y otra, un ejercicio y otro, un esfuerzo y otro. Justo para dormir, comer, dejar que me cuiden, tumbarme al sol con un libro.
Y pienso en ti. En tu alma maldita, en tus complicaciones y misterios. Yo, antaño un marino, he pasado larguisimas horas en una cubierta alquitranada, friendome al sol mientras deshacia nudos de marañas infinitas de cabo (¡nunca cuerda!). Y justo cuando estás a punto de dejarlo, cuando lo das por imposible y echas manos de la navaja... entonces ves el final y sigues un poquito más y ya está. Acabó. Y puedes dedicarte a otra cosa, a pintar, a limpiar, a ordenar, o a tumbarte en el sofá con un libro y unos colegas alrededor. Un poco así me pasa contigo. Una vez te dije que solo tenía tres amigos en Cádiz. De esos tres amigos, tu eres la unica que sigue en Cádiz y pronto te largarás también, o quizás acabes echando raices aquí y no puedas huir nunca. No lo sé. Aún estás a tiempo. Dices muchas cosas, haces muchas... pero es todo ruido para distraerte de lo real. Es paradojico como, siempre miraste de frente a la vida, dijiste lo que pensabas y sentias sin preocuparte de las consecuencias... y en cambio creas una enorme red de emociones postizas, gente a la que utilizar, mascaras y relaciones falsas, para no mirarte en el espejo de lo que eres.
Pero eso no es cosa mía. Yo nunca te pregunté, ni te exigí, ni te dirigí. Y ahora existes como algo semi real, como un juego de sombras y espejos, pero el saber que estás ahí y que, en un momento dado, puedo intercambiar palabras contigo me hace sonreír. Tu ternura imposible, oculta bajo tantas capas de alambre de espino, tu absurdo sentido del humor, tu crueldad. El descanso del guerrero, si existe, está entre las sombras de tu sonrisa, en el hueco de tu hombro con tu cuello, en ese silencio hasta el horizonte que prolongas mientras miras a la nada. Si existe, el descanso del guerrero eres tu. Pero... ¿acaso existes tu?
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