lunes, 5 de mayo de 2014
Y te alejas
Cierro los ojos y ahí estás. Entré contigo en un cuarto de baño de un centro comercial a media tarde y salí con una sonrisa de oreja a oreja. Me hiciste esconderme en la despensa de casa de tus padres. Subimos una torre en Tarifa y casi te desnudé, besandote, a una docena de metros sobre la playa inundada de gente. Me despertaste a mordiscos en una habitación en Sao Paulo. Navegamos el Dnieper y tu mano se perdió en las profundidades de mi pantalón, en la oscuridad imposible de la fresca noche veraniega.
Siempre eres la misma y siempre eres diferente. A veces eres delgada y fibrosa, con una figura androgina que habla muy mal sobre mis tendencias. Otras veces eres extremadamente femenina, con caderas arrogantes y pechos que desafían la atrevida gravedad. A veces eres morena, otras más palida. Siempre tienes un acento musical y maravilloso, fantastico, que hace que desee pasarme la vida a menos de medio metro de ti, conversando en susurros.
Como pasa el tiempo. A sorbos, a parches, a saltos. Yo bailo con las sombras. A veces soy más frío e indiferente, otras más insistentes. Pero en cuanto pasamos la distancia de seguridad, en cuanto caen las mascaras y el hambre surge, feroz, despiadada, sobrecogedora, reaccionas. A veces intentas domesticarme, a veces contestas al fuego con fuego. Trazas huellas de sangre en los huecos de mi alma, me envenenas, me asfixias. He tardado tanto en descubrir porqué el sentimiento de culpa, porqué la tristeza que se contrapone al hambre...
Y ahora que lo sé, te alejas. Como una sombra en la noche, desapareces para no volver. Ya no hay más historias, más siluetas, más escenas. El sexo deja de ser una promesa para convertirse en un enemigo, algo que asusta, que acorrala, que hace daño. Ese es tu ultimo regalo, un beso envenenado como venganza a la herida que, según tu, te hice. ¿Quién me lo iba a decir? El pasado siempre vuelve para atormentarnos.
Pero no me rindo. Me escondo en mi madriguera, reuno fuerzas, me preparo. Porque sé que habrá más asaltos, habrá más historias, habrás más escenas. Sigo siendo un loco que coge un avión a Barcelona solo para contemplar tu sonrisa, aun sabiendo que ese será todo mi premio y no habrá más. Y si eso es todo, que me quiten lo bailao. Ya quisiera más de uno y más de dos que presumen de muchas cosas, poder tener la mitad de besos robados que tengo yo. Y así, cuando es de noche y hace frio y desenfundo mi sonrisa de lobo, sabeis lo que se escurre por las comisuras de los labios y salpica los ojos afilados, ansiosos, feroces. El hambre, no solo de lujuria, sino de historias. De fake's valentines, de bailes en colinas vacias. El romanticismo entendido como literatura, a veces de viajes, a veces pastoral. Y a veces, queridas amigas, como sabanas empapadas, piel sudorosa y sonrisas que saben a ozono, a besos quemados y a tu olor embriagandolo todo.
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