lunes, 12 de mayo de 2014

La memoria hace cosas raras


Esta mañana me he levantado con un sabor extraño en la garganta. Un recuerdo vino a mi memoria en la noche y escuché su voz. Me dijo algo que me dejó preocupado, inquieto. Sobre todo por lo que no me decía. En el sueño la frase era "para eso están mis amigos", y el mensaje era que no soy necesario. Que, lo unico que sé hacer realmente  bien (cuidar de gente), no tenía sentido. Me volvía obsoleto, inutil.
Es curioso. También es interesante que una persona con la que hace años que no hablo y de la que soy incapaz de recordar su voz, anoche me habló y reconocí perfectamente su voz. Sobre todo las sensaciones que esa voz me producía, su acento, su inflexión. Soy un enamorado del sonido, ya lo he dicho alguna vez. Me encanta.
Así que bueno. El domingo por la noche es un momento critico, cuando la semana se proyecta sobre mi como la sombra de un gigante. Una semana más en esta tragedia de sitio, en esta vida sin vida. Hoy querría escaparme. Necesito un avión e irme a Bulgaria, contar historias, reirme. Discutir. Ale estás muy loco. No seas modesta, los dos estamos muy locos.
Voy a irme largando. Estoy escribiendo desde un ordenador robado. Tiempos mejores vendrán. Ese es el mensaje. Y el miedo, ese asesino de almas, vino anoche a caminar de puntillas por mi sueño, envuelto en la sinuosa voz de una de las mujeres más atractivas que he conocido nunca. Hijo de puta. Así juega conmigo mismo.

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