sábado, 10 de mayo de 2014

No son tus manos, mujer


Las que me enamoran. Tampoco lo son tus caderas, ni tus pechos, ni tus labios, ni tus miradas. No es la forma en que te encoges de hombros, no es tu mirada ausente cuando te quedas sin decir nada. No son tus frases grandilocuentes ni tus silencios asesinos.
Es todo eso y algo más. Es la afirmación de lo que eres... y la negación de lo que no eres. Es tu potencial y tu presente. Es tu forma de matar al frío cuando estás cerca, de anular la existencia de todo lo demás... para de repente convertir el entorno en el decorado de una pelicula. Es tu, tu en su estado puro, tu hecho no de todas y cada una de tus partes, sino del conjunto armonico -o más probablemente, desarmonico- de tu esencia interior. Es esa explosión de... ti.
¿Y eso lo pueden hacer muchas? Sí y no. Porque estas hecha de muchas caras y de ninguna. Porque eres como la musica, hecha siempre de las mismas notas tocadas de diferente manera. Porque... ¿qué más da? Al fin y al cabo tu ropa, tu maquillaje, tu pelo... son circunstancias. Todo pasa. No me voy a fijar en esas historias. Me voy a fijar en como me haces sentir, en si me rio, en si tienes picardia y sentido del humor, en si eres interesante e inteligente. Porque soy un poco una nena y porque... que demonios. Porque la vida no está hecha para contar calorias.
Y sobre todo, porque hoy estoy aquí y mañana Dios dirá. Y no quiero pasarme la vida preguntandome "¿y si...?". Y tu, si eres un poco espabilada, intentarías evitar lo mismo.

No hay comentarios:

Publicar un comentario