lunes, 5 de mayo de 2014
Ella me regaló una noche
Eramos amigos. Yo estaba fuera, ella tenía su vida. Había un chico. Ni lo sabía ni me importaba. Fuimos a beber, fuimos a bailar. Esa noche ibamos a dormir en camas distintas, ibamos a contar cuentos.
Mentimos. Nos duchamos juntos, reimos. Todo era natural, todo era facil, todo era... comodo. Ella me regaló una noche. Y con el regalo de esa noche, que ella pensó me compraba, ganó mi corazón. Pero esa es otra historia.
Eran otros tiempos. Aún no temiamos hacernos daño. ¿Nos lo hicimos? Quizás. Pero era un juego y eramos invencibles. Nunca fuimos amigos. Cuando nos mirabamos, había deseo. Cuando nos besabamos, nunca era demasiado intenso. Siempre era una competición. Nuestros cuerpos eran solo un instrumento para nuestros pensamientos, nuestras inquietudes, nuestra curiosidad. Nunca era suficiente. Nada era suficiente. Peleabamos con palabras, con abrazos y con silencios, con armas romas que no nos hacían daño. Era algo tan pasteloso que daba asco.
Hubo otras. habrá otras. Cada historia es diferente, cada historia tiene sus matices. Pero a veces, cuando hace frío y los fantasmas me persiguen, me acerco al album de fotos de mis recuerdos. Recuerdos de risas, de abrazos, de mordiscos. Recuerdos de gloriosos amaneceres y de noches oscuras como boca de lobo, en que nada me daba miedo porque tu estabas al lado. O en las que no podía mostrar que me daba miedo, porque tu estabas al lado. Y ahora tu tienes miedo y yo estoy lejos, así que alzo mi copa por ti. Porque ahora, años y meses después, reconozco el regalo que me hiciste por lo que es. En un mundo donde cada abrazo parece tener un peso especifico, donde los besos son puñales, donde la barrera del compromiso es casi infranqueable y todo el mundo te pide dos avalistas y una nomina para darte un abrazo... es fantastico recordar un tiempo en el que nada de eso importaba, más allá de lo que yo era, de lo que tu eras y de lo que nosotros eramos.
Decía el otro día una amiga que lo de que te quieran mucho está bien, pero que ella necesitaba que la follen. ¡Uy! ¡He dicho una palabrota! Pero que demonios. Tras la revelación de que el sexo es debilidad, no vendría mal comprobar hasta que punto estoy dispuesto a avanzar en mi conocimiento de mi mismo. Y estoy un poco aburrido de tantas amigas super especiales que me apoyan y me comprenden y etc etc. Brindo por aquella chica que me enseñó tanto, que la marea se la llevó, porque ella siempre tuvo claro lo que quería de mi y me lo demostró. Gracías.
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