viernes, 16 de mayo de 2014

¿Triunfos?


Es curioso. Cuando el Cádiz ascendió a Primera, yo estaba en casa de unos amigos viendo el partido. Empezó la fiesta y me sentí raro, así que me fui para casa. Por el camino iba esquivando a gente celebrandolo. Vi las Puertas de Tierra tomadas y me fui por el paseo maritimo, donde encontraba gente yendo en dirección contraria celebrandolo. Por suerte el camino a mi casa fue corto. Una vez llegué allí, estaba todo oscuro y mi madre sentada en el salón, de espaldas a la calle. Me senté a su lado. Comentamos, ¿qué nos importa a nosotros todo esto? Pero estabamos asustados. ¿Por qué no podiamos reirnos como todo el mundo? ¿Qué pieza nos habiamos quitado a nosotros mismos? Quizás fuera posible que, en medio de la disciplina autoimpuesta, nos hubieramos arrancado algo que nos permitiera reirnos con la masa, sin ser, sin pensar.
Unos años después aprobé el carnet de conducir. A la segunda. Me costó un montón de tiempo, esfuerzo y dinero, cosas que no me sobraban. Cuando me lo dijeron me quedé con cara de haba. No sabía reaccionar. El profesor se quedó un poco asombrado, diciendo, ¿qué pasa, no te alegras? Ya me había hecho a la idea de seguir peleando, que me dejó un poco desequilibrado. Me alegré, claro, pero no sabía qué gran cosa era esa.
Hace unos años aprobé las pruebas para suboficial. A la primera fracasé en la piscina, aunque todo el mundo me veía dentro. Me encogí de hombros y seguí. No le dí más importancia. A la segunda aprobé. Pero no me fiaba. Tuve un subidón cuando pasé la piscina... y al día siguiente nada. A por el siguiente asalto, a por la siguiente pelea. No hay tiempo para celebrar.
Bueno, han pasado tres años. Hoy se supone que he pasado el ultimo examen del curso. Luego las practicas. Y no siento nada. ¿Alivio? Bueno, sí, pero me aliviaré cuando deje de ver a alguna gente. A mi los examenes, como estudiante, no me dan ni frio ni calor. Son una parte más del proceso. ¿Alegria? ¿Por qué? No he conseguido nada que me haga feliz. Simplemente continuo con mi vida. ¿He crecido como persona? ¿He cambiado? No. Sigo siendo el mismo. He aprendido cosas claro... pero no me he levantado un día siendo más sabio que el anterior. En el fondo, como decía la canción, sigo siendo el mismo idiota. Así que no veo que tenga ningún motivo especial para celebrar. No me gusta mi vida. Espero cambiarla pronto... pero mi vida es mucho más que un curso. Para lo bueno y para lo malo, claro.

Otra cosa que quiero comentar es que tengo un compañero que aún no puede decir eso. Un compañero que además es un colega. Un tío al que aprecio y que, en estos tiempos, estoy admirando. En medio de un ambiente de profunda inmadurez, egoismo y falta de perspectiva, él está en la cuerda floja. Pero no se queja. Lo soporta con estoicismo y con sentido del humor. Sabe que él es responsable de esa situación y asume las consecuencias. Y la verdad, me alegraré sinceramente cuando él salga adelante y pueda celebrarlo.
¿Yo? Yo mañana me voy a la piscina a nadar. Tengo ganas de empezar la siguiente fase del curso e irlo acabando. Yo hoy no soy más que ayer, hasta el rabo todo es toro. Aunque ahora lo tengo muy firme y casi está ahí... pero hasta que no lo vea no me lo creeré. Y mientras tanto, sigo a lo mío. A intentar vivir feliz, o por lo menos, poco deprimido. Y ya queda menos.

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