miércoles, 14 de mayo de 2014

Recuerdos de patas de araña


Que se arrastran venenosos, emponzoñados, sugerentes. Recuerdos de patas de araña que corren por mi subconsciente, que se enredan en mis sabanas, que me muerden debajo de la piel. Picores que ni sé de donde vienen me sacuden y noto una tensión en la nuca. ¿Qué es? ¿Es tensión? ¿Son nervios? ¿Son huevos de esas arañas negras, pegajosas, insoportables que me susurran en la noche?

Ya conozco esos juegos. Quieres atención y me llamas. Me escribes. ¿Como te va? Nada serio, nada importante. Yo tengo que hacer el esfuerzo. Tu, por solo existir, ya mereces mi atención, mi adoración. Mis bromas y mi filosofia, mis juegos y mi sentido del humor, mi resilencia. ¿No te suena a algo un poquito extraño? Como si el balance no fuera del todo justo, como si lo que tu me ofreces, sorpresa, no mereciera lo que pides a cambio.

Pero claro, esta es la canción que suena, mientras en las bambalinas del teatro cuarenta empleados se dejan el alma haciendo funcionar la magia. Estoy sentado viendo como el Demiurgo reparte las cartas, detrás de una capucha. ¿A donde iré? ¿Qué haré? ¿Con quién estaré? Quien nada espera nada teme, y en eso baso mi libertad. En pensar en lo que dejo atrás, que no me gusta, para avanzar hacia lo desconocido. Y el Demiurgo sonríe, sabedor de algo que yo ignoro. Pero, ¿no es siempre así? La vida es saltar de una aventura desconocida a otra, siempre preguntandose que vendrá después, siempre dudando de las puertas que dejamos cerradas por no acercarnos a ella. Y mientras los días pasan, me doy cuenta de que todo tiempo pasado no fue mejor, de que no necesito que vengas de mi pasado a arreglar lo que se rompio... y que en general, no necesito más que lo que ya tengo. Y que todo el que quiera venir, es compañia y bienvenido. Y el que espere que lo persiga, o el que se crea tan importante como para domesticarme... bueno, animo chavales. Seguid moviendo el cebo. Que yo seguiré yendo a donde me apetezca en cada momento, sin negarle una cerveza sincera a nadie pero sin poner un pie delante de otro para ver a quien solo pretende utilizarme. Y los recuerdos de patas de araña, que se dediquen a mordisquear a otro.

No hay comentarios:

Publicar un comentario