domingo, 31 de julio de 2016

Un par de notas sobre chicas


Hoy, según venía del supermercado, he recordado la protesta de Mar de que yo "tiraba demasiado". En su momento me pareció absurdo pero ahora lo entiendo. Hay que salir de la caja. Empatizar es ponerse en el lugar de la otra persona y saber de lo que habla y, a veces, alguien se siente tan al límite que el hecho de que le pidan hora ya le supone un sacrificio atroz. Hace falta preguntar y ofrecer y entender un "ahora no". Hace falta dejar que las cosas sigan su ritmo natural y encajen o no encajen. Porque es un hecho que, si se fuerza, rompe.






Entre el montón de cosas que he hecho hoy para no ponerme a estudiar ni hacer algo de provecho, me he puesto a borrar correos. Yo soy un poco Diogenes en muchas cosas, entre ellas el orden de los emails. "Lo dejo para verlo más adelante" convierte mi bandeja de entrada en un laberinto imposible de atravesar. El caso es que, tirando para atrás, me he encontrado un correo de hace seis años en el que le decía a Carol, mi hermana mayor sueca (grande. Un abrazo allá donde estés) que me había ido mal con una chica así que estaba tonteando con otra. Y ella, grande ,me decía que estaba haciendo trampa y poniendo excusas. Que me estaba encerrando cada vez más y que, a mi lado, había gente maravillosa a la que no le prestaba atención.

Son dos cosas que hacemos constantemente. Presionar demasiado y evadirnos. Con musica. Con videojuegos. Con peliculas. Con series. Con libros. Nos masturbamos mediante otras personas. Olvidamos la alegria de vivir, de explorar, de compartir. No nos arriesgamos. Y en ese entorno tan tóxico, esperamos crear historias que merezcan la pena.
Hay que salir. Hay que empezar otras cosas. Hay que equivocarse. Y hay que dejar que todo fluya. Tan fácil y a la vez tan difícil como eso, porque exponerse no es fácil. Pero hay que hacerlo.

jueves, 28 de julio de 2016

El sistema


Aún hoy, semanas después de haber vuelto de Bulgaria, estoy procesando cosas de ese viaje. Que bien me vino. Hoy estaba en la piscina, nadando, y pensaba en lo que decía Moe. "Tu eres parte del sistema". Yo le pregunté que sistema era ese y él me contestó "Todo es el sistema. La casa. El aire. Los horarios. Todo es el sistema."
Yo soy parte del sistema. El trabajo, el presente, el futuro, la incertidumbre. El aire que respiro, las clases a las que voy o falto, las sonrisas que dedico por la mañana, la gente con la que hablo. Ese es el sistema. Es enorme y complejo y no lo entiendo, pero tampoco tengo porqué entenderlo. Solo tengo que ser parte de él.
Muchas veces condicionamos nuestra felicidad a elementos ajenos a nosotros. Si trabajaré aquí o allí. Si mi mujer conseguirá trabajo. Si aprobaremos el examen. Si encontraremos el amor. Y si no las conseguimos nos sentimos frustrados. Pero todo es parte del Sistema, tanto el éxito como el fracaso. Si ofrecemos poca resistencia, si nos dejamos llevar, las cosas van saliendo bien.

Hoy Hazel decía que no es que todo salga bien. Es que nos conformamos, nos convencemos a nosotros mismos y nos parece que "no estamos tan mal". Bueno. Es otra forma de ir bien. Al final todo es cuestión de perspectiva, de enfoque, de distancia. De querer sentirnos bien.

Anoche soñé que Carol y yo volviamos a ser amigos. No sé. Cuando me agobio vuelvo a querer encontrar el amor. Puede ser que me siento tan solo que me veo desconectado del sistema. Yo me vine a un piso con la firme intención de, todos los días, ver a alguien a quién me apeteciera ver. Eso se ha perdido. Volveré a la residencia. Somos criaturas hechas para convivir en una cultura de amor, amistad y respeto. Cuando se pierde eso... somos pecios a la deriva.
Y sin embargo, no me rindo. Soy parte del sistema. Lo que doy lo recibo y pienso seguir dando sonrisas, pienso seguir creando, pienso seguir esforzandome. Quiero disfrutar de la vida. Quiero estar comodo en el sistema.

Esperanza

Lo que son las cosas, como un sueño idiota puede alegrarte el día. Me he despertado más contento, con ganas.
Y sé que es ridículo. He soñado un cuento de hadas, un viaje y una historia que no pasarán.
Se acaba el verano. Aún no estamos em Agosto y yo siento que se acaba. Para mí el verano son viajes, historias, amigos. Son noches junto al mar, gente nueva, planes.
Pero estoy en Madrid. Mis dias son del trabajo a casa y de casa al trabajo. No hay gente nueva. No hay gente. Y cuando eso me puede... Viene un sueño a decirme que no hace falta sentirse mal. Que en mi vida han pasado cosas buenas, aunque yo no fuera consciente de ello, y que pueden volver a pasar. De repente, siento esperanza. Y eso está genial.


También entiendo esa esperanza por lo que es. Otro esfuerzo de engañarme a mí mismo. De creer que existe felicidad al otro lado de la colina para que, aunque me duela el pecho, siga subiendo. Ya llegará. Pero una vez pasa el brote de euforia reconozco la falta de oxigeno como la fuente del espejismo. Una vez más, los dados han rodado y quién más quién menos está colocado. Las oportunidades han pasado porque estaban lejos, porque no se podía, porque había otras prioridades. Una vez más, eventos que suceden a cientos de kilómetros me afectan, cuando no deberían.

¿Y aparte eso? Bueno. Hay fuversión. Hay basket. Y yo miro el calendario, tic tac tic tac y empiezo a contar este tiempo de mi vida en semanas en lugar de en meses. Que ganas. No estoy hecho para que un día suceda a otro sin que tengan nada de especial. No estoy hecho para vivir una vida sin eventos, plana, donde cuando la gente te pregunte "¿Qué me cuentas?" tu les contestes "Ná, lo de siempre".
Pero ya queda menos. A por el siguiente salto. A por los siguientes planes. A por ello.

miércoles, 27 de julio de 2016

En mi pelo



Y soñé que el viento agitaba mi cabellera. Soñé que era pequeño, fuerte, cuadrado, una bola de pelo duro con la lengua azul, el rostro chato y ojos soñadores. Soñé que atravesaba el espacio a zancadas, un paso largo que duraba horas y el corazón resonaba en mi pecho. Bum bum. Bum bum. Soñé que la respiración se hacía trabajosa y luego volvía a ser normal y abría la boca, jadeante.
Soñé que estabas a mi lado. Soñé con tus lagrimas de acero, cristal y plástico. Soñé con tus brazos, delgados y tan fuertes, abrazados a mis hombros, mi cabeza peluda, mi espacio tranquilo. Apoyabas tu cabeza en el hueco de mi cuello y las lagrimas caían, empapando mi pelo. Al no tener poros, las lagrimas se quedaban en el pelo y no llegaban a mi interior. Yo movía la cabeza, te empujaba y las lagrimas se convertían en risa. Idiota. Maldito idiota.
Soñé que el tiempo no existía y que el mundo era el decorado. Soñé que estábamos juntos y que eso era lo único que importaba, aunque de tus manos colgaban hilos y había gente bailando al final de ellos. ¿Y a mí que más me daba? En mi mundo los horizontes no se acababan nunca, porque el mundo es curvo. Mis patas repicaban, plac plac, al caminar sobre la pasarela de acero y sabía, al igual que cuando tu me abrazabas, que una parte de mí estaba muy lejos y nunca volvería. Aunque lo quería fuerte pero, blanco y negro, ida y venida, había trozos que me faltaban y eso estaba bien.
Soñé que era un perro. Y supe que, tanto el perro como el hombre de la mochila, existían para darse sentido el uno al otro. Para que, incluso en la soledad, no hubiera soledad. Y cuando me desperté aún vestía una sonrisa.

Notas sueltas sobre el deseo






Llevo unos cuantos días algo melancólico, probablemente por la vuelta al trabajo, el fin de una época, el inicio de otra. Los cambios estacionales suelen hacerme eso. Normalmente, con la melancolía viene el recuerdo de tiempos mejores, pintados en colores sepia y un cierto patetismo. Recuerdos que aparecen en nuestra mente de otras maneras. Números y nombres que vemos en la agenda, en el móvil, en internet, y deseamos extender la mano y volver a tocarlos, como si fuera una lámpara que estuviera apagada y, tirando de una cadena, volviéramos a encenderla.


Es curioso como, a veces, nuestras lecturas y la música reafirman nuestro estado de animo. Sobre todo la música, cuando me siento alegre, inquieto, rebelde... siempre tengo una canción que le da otra textura. Ahora, leyendo a Mishima, el otro día me encontré algo que me asusto. Llevo purgando un recuerdo demasiado tiempo, ya va para medio año. El lunes en el Retiro volví a encontrarme en sitios donde no estaba desde que ella se fue. Este constante rumiar el pasado es ridículo y absurdo, un manerismo propio de otra época. Es el romántico que vive en mí, ese que desea explorar las emociones como si fueran un ente propio, como si se pudieran medir científicamente y, llevándolas al extremo, nos permitieran imaginar que estamos vivos. Que absurdo.
El caso es que, como decía, la cita que encontré fue la siguiente:
"Pero por pequeño que sea el coral posee su propia crueldad, grande y fría. "


Y me asustó, porque yo siempre me referí a ella como "serpiente de coral". Porque se te metía debajo de la piel y se incrustaba ahí, pudriéndote la carne, envenenándote, y al hacerlo ya se convertía en una parte de ti. Tenía dientes pequeños que clavaba para dejarte un recuerdo y, al hacerlo, su sangre tóxica se mezclaba con la tuya, rompiendo la piel que te protegía. Maldito Mishima, que bueno es.


Voy a otra cita de él, que me encontré esta mañana. Es asombroso como, desde Nietzsche, no recuerdo nadie que me haya provocado tantas sensaciones y a la vez aterrado así.
"Cuando más grande es la disciplina, mayor es la inclinación a la violencia. "


La negación provoca ansia de saciedad. Ese es el motivo por el que, al poco de encerrar a alguien, este comienza a sentir pulsiones sexuales. Prohibir algo es el modo más fácil de conseguir que se desee, porque actúa sobre la Voluntad de Poder del ser humano. Estamos diseñados para ejercer nuestro dominio y, cosa curiosa, el enfoque masculino del sexo contiene mucho de dominio. Al final esa crueldad, grande y fría del coral, significa indiferencia y desafío. ¿Cómo domeñar el deseo? Mediante la disciplina. Pero la disciplina provoca ansias violentas, que pueden ser saciadas mediante el deseo.
Condenados a la paradoja una vez más, rodando en espirales cada vez más profundas que llevan... a la nada.
Sigamos jugando con palabras. Estío y hastío se parecen mucho y, en este tórrido verano de noches insomnes, la voluntad de crear palidece. Yacemos mustios, sudorosas sombras a las que nos está prohibido el alivio del sol y el mar, nostálgicos del bravo esfuerzo. Las manos se muestran instrumentos torpes, ejerciendo tareas para las que no fueron diseñadas y, ajenas a todo tacto, inútiles. El alba nos sorprende, desmañados y curiosos y acudimos al trabajo, al desayuno, a las tareas carentes de sentido extrañando... ¿Dónde quedó el deseo? ¿En qué momento la mansedad nos emasculó, privándonos del ansia conquistadora de nuevos mundos, nuevas historias, nueva vida?
El espacio en blanco entre dos párrafos, donde se cruza la potencialidad con la vacuidad. El deseo, entendido como otra paradoja más.

martes, 26 de julio de 2016

Diferencia entre hablar y conversar


Hoy es un "lunes" normal para mí. Algo relajado, he tenido poco trabajo y he hecho algo de deporte. He tenido cero interacciones sociales. A veces esto puede durar incluso una semana, pero hoy aún estoy cambiando de marcha. Al hacerlo, he reflexionado sobre como en español hay varios verbos que contienen sutiles diferencias. Ver y mirar. Escuchar y oír. Y en este caso, conversar y hablar.
Cuando uno habla, emite sonidos que pueden ser interpretados en un lenguaje conocido. Es posible que sea escuchado, o no. Hablar se refiere, simplemente, a emitir dichos sonidos. En cambio conversar implica una interacción. Uno no puede "conversar" solo, a menos que sea consigo mismo en un intercambio imaginario. Conversar implica comunicación, y para que haya comunicación debe haber emisor, receptor, mensaje y canal.
Curiosamente, yo soy un tanto exquisito para eso. No me sirve cualquier mensaje, ni me sirve cualquier canal. Para poder considerar una interacción... "satisfactoria" tiene que haber un tema que me estimule, que despierte mi curiosidad, mi intelecto. Preferiblemente en persona y oralmente. A veces existen fantasticas interacciones por carta o por medios digitales... pero no es lo mismo.
Somos animales sociales. Nacemos con nuestros padres, nos criamos en la tribu. En el norte de Europa es posible que la gente se eduque para ser arisca y solitaria, pero en el sur vivimos en familias extendidas, en grupos de amigos enormes que solo dejamos para formar otras familias enormes. Y, aunque hablamos a gritos y casi nunca nos escuchamos, necesitamos comunicación para sentirnos totalmente vivos. Para estimular nuestra mente a hacer más que simplemente dar vueltas en torno a si misma como un perro que se persigue la cola.

Mensajes



Llevo varios días diciendo lo siguiente
- La gente pequeña habla de problemas
- La gente mediocre habla de otra gente
- La gente grande habla de soluciones


No me he molestado en definirlo a fondo y quizás ahora podría hacerlo. Cuando hablo de que "la gente pequeña habla de problemas" me refiero a esa gente que justifica todo mediante excusas. Si yo no tuviera... si me hubiera pasado... si esto fuera así... es un enfoque negativo. Los enfoques negativos sirven como punto de partida para construir afirmaciones. "Yo no soy alto, por tanto..." lo que viene a continuación es el examen. Si la subordinada que sigue a la frase principal no aporta algo positivo, estamos atascados. La gente tóxica existe, pero principalmente por un enfoque tóxico de la vida. Esa es la gente pequeña. La que se concentra en el punto negro y no quiere -porque es muy cómodo y siempre es culpa de alguien o de algo- o no puede -porque no sabe- salir de ahí.


¿Quién es la gente mediocre? La que convierte su vida en un constante comparar. Es un "sabor" del anterior enfoque. "Yo no soy alto como...", atribuyendo a dicha persona unas virtudes y unas facilidades que, probablemente, no sean reales. En lugar de concentrarnos en el punto negro, nos concentramos en el blanco ignorando todos los negros que lo apoyan o rodean. No es que veamos solo una realidad y nos atasquemos allí, sino que vemos varias y la modificamos para que encaje con nuestros prejuicios. Esta es la gente que se defiende atacando "Yo habré llegado tarde, pero X hizo... / todo el mundo llega tarde / el otro día salvé un gatito". Están demasiado concentrados fuera de si mismos como para realmente saborear el momento y eso les produce infelicidad.


En cuanto a la gente grande, es la que está equilibrada y aporta cosas positivas. Es lo contrario a la gente tóxica y, curiosamente, no suelen llegar a grandes cosas porque están demasiado ocupados siendo felices. El dogmatismo no va con la gente grande. Como mucho, si les preguntan, pueden dar su opinión. El enfoque a soluciones consiste en ver las posibilidades y entender que el horizonte es mucho más de lo que podemos abarcar. La sencillez por tanto no consiste en humillación sino en aceptación. Ante los problemas existen dos enfoques, la solución o la aceptación, que es otra forma de solución.


Creo que ya he hablado demasiado por hoy. Sigamos con el día.

Percepciones internas contra externas



Alguna vez he hablado de algo que yo llamo "disonancia existencial". Una disonancia es un error de comprensión, de significado. Mi concepto de "verde" no es un concepto de verde aceptado objetivamente, por tanto cuando yo digo "verde" estoy diciendo otra cosa. El daltonismo es una disonancia, siguiendo con este ejemplo, pues lo percibido no corresponde con la realidad objetiva.
¿Y qué es la realidad objetiva? Una convención. Ciertamente es muy difícil discutir que la lluvia cae para abajo, pero existen otros matices de realidad que son más ambiguos y entendemos como indiscutibles, sobre todo en el campo de los usos sociales.
Bueno. Que me pierdo. Ya he dicho lo que es una disonancia. ¿Y qué es una disonancia existencial? Algo aplicado a nuestra propia naturaleza. Nosotros percibimos nuestro comportamiento y nuestra naturaleza en función de determinados parámetros... que no corresponden con la realidad objetiva. En "La corrupción de un ángel" Mishima muestra a un personaje extremo en este sentido. Hay una mujer que está loca y, a pesar de ser feísima, se considera extremadamente bella.
Si bien este es un caso extremo, en el aspecto de las relaciones sociales suceden cosas así a una escala mucho menor constantemente. Personas que se atribuyen virtudes de las que carecen, lo que lleva a una incomprensión ante las reacciones del mundo. "Si yo me preocupo muchísimo por mis amigos", dice alguien que hace dos meses que no da señales de vida. Es posible que esa preocupación sea interna pero, sin comunicación, la preocupación queda en nada. Las relaciones sociales se construyen sobre la interacción, y la interacción es otra palabra para comunicación.
Venía reflexionando sobre esto dado que, una vez más, me asomo a un cambio de fase. Ese cambio de fase, como todos, me separará de una gente y me acercará a otros. Para alguien que aspira a vivir en un equilibrio consecuente, la falta de armonía entre lo que decimos, lo que hacemos y lo que pensamos es un pecado estético. No es que esté mal.. es que está feo. Decía Wilde que la belleza es la única virtud que se justifica a sí misma. Si entendemos la belleza como armonía, como una percepción surgida de esa convención social en la que nos ponemos de acuerdo, puede ser cierto.


Sigo empleando un lenguaje muy matemático para cuestiones que son algo ambiguas. Pero entiéndame. La física parte de una serie de convenciones (un ejemplo claro, a efectos de calcular fuerzas omitimos el rozamiento porque complicaría demasiado una operación sencilla), que desvirtúan la realidad por el mero hecho de aplicar nuestros prejuicios a algo objetivo. Así que mi percepción subjetiva nunca será absolutamente coincidente con la objetiva pero, vamos a intentar encontrar un punto de acuerdo.


La armonía como tal existe y se justifica a sí misma. Es como el equilibrio o la riqueza, la persona que la posee no necesita anunciarlo. Hablaríamos de su dignitas, de su aura, de su presencia o de cualquier otra forma de percepción del individuo. Una persona que se acepta a si misma "emite" una visión de si mismo en paz con los prejuicios de aquellos que lo observan. La resistencia provoca ruido y conflicto, siendo mucho más fácil el cambio de emisión interna que de percepción externa. Porque al final la comunicación tiene cuatro fases. "Yo creo que soy" "Yo me muestro como" "Ellos me ven como" "Ellos creen lo que ven". En cualquiera de estas fases puede existir conflicto. Es más, debe existirlo porque del conflicto surge el crecimiento y el cambio. Pero cuanto más... lineal sea ese conflicto, cuanto más constante sea la pulsión en cuanto a forma, tiempo y modo, más fácil será que nos aceptemos y nos acepten. Y así, en lugar de encontrarnos con que "no entiendo porqué la gente se enfada, con lo que me preocupo por ellos", nos encontraremos con un "yo soy así y construyo mi vida con gente que me conoce, comprende y acepta".
El camino a la redención social, al fin y al cabo, pasa por la aceptación personal. Y, como en tantas otras cosas, es más fácil -e interesante- construir una vida de acuerdo a nuestra naturaleza que construirnos una naturaleza acorde con una vida idealizada.



Sobre las intenciones y la ejecución



Ayer, según venía para el tren, mi madre me estaba contando uno de sus infinitos cotilleos en los cuales "yo pienso que alguien... pero no soy quién para juzgar". En una de esas paradojas tan hipócritas, cuando desde el momento en que dices eso ya estás emitiendo un juicio. Para explicarle que eso no era así, me remití a "Crimen y Castigo" y al dilema de Raskolnikof. En el momento en que planeamos un crimen... ¿no lo hemos cometido ya? El mero hecho de dedicarle esfuerzo mental, darle forma y crearlo en nuestra mente, ya hace que la ejecución sea casi superflua. El trabajo interno, el condicionamiento para llevarlo a cabo, el entrenamiento, el planeamiento... todo eso da forma al hecho en sí. Es como llevar una piedra hasta el borde del acantilado, de forma que con un solo empujón ya cae. Y una vez dicha piedra empieza a caer, en cierto sentido hemos perdido el control de lo que sucede.
Quizás es por eso que en nuestra mente nos aferramos a tantas ideas, para asegurarnos una cierta sensación de control. Tenemos miedo de lo desconocido, de lo inesperado. Y, al igual que cuando hablo de intenciones, el miedo da forma a lo que tememos. ¿Cómo salir de esa espiral de pensamiento? ¿Es posible crear un cierto vacío en nuestra mente, más allá de las drogas o el esfuerzo animal, bestial?
Sí. Se puede. En el espacio en blanco es donde encontramos nuestra definición. En la pausa entre esfuerzos. Como decía el credo Bene Gesserit, donde haya pasado el miedo ahí estaré yo. Somos ese espacio entre pensamientos, porque en ese espacio todo es posible. No creo que haya que temer a la aleatoriedad porque.. ¿acaso podemos controlarlo todo? ¿O mucho? ¿O algo? Hay tantos elementos en movimiento y parados, tal cadena de sucesos, influencias... que a veces es mejor simplemente dejarse llevar. Entender que somos parte de algo más grande nos libera del estrés de querer controlarlo todo.
Volviendo a la pregunta, ¿cuentan las intenciones? Casi más que los hechos. Porque a veces, los hechos no son más que una de las consecuencias de las intenciones. Una.

lunes, 25 de julio de 2016

De amor, del mar y de celos


Últimamente estoy leyendo mucho. Solo este mes han caído dos novelas de Susanna Tamaro, una de Steven Eriksson y, hoy he empezado, "Muerte de un Angel" de Yukio Mishima. Llevaba mucho tiempo intentando leer algo de este hombre, un personaje atormentado y muy interesante, que según había leído escribía de maravilla.
Es cierto. La novela que he leído es apasionante. Con una capacidad para la descripción asombrosa y unos personajes que, a veces, me recuerdan a Camus, me ha enganchado muchísimo. Pero no solo eso. Me ha hecho impresionado y me ha permitido empatizar con cosas que creía olvidadas en mí y en nosotros.
Mishima ama el mar. Pero, como le escribí a una amiga hoy, esto me asombró. Hay poca gente que realmente ame el mar. La mayoría de nosotros ama el beso de la costa, los dulces atardeceres en la playa, el sol en nuestras manos cuando jugamos con la arena. Pero eso no es el mar. El mar es otra cosa.
El mar es el vacío y la nada. Es mirar al abismo y que el abismo te devuelva la mirada. Son noches a kilometros de cualquiera, es saber que una mala ola te mata. El mar son tormentas y tempestades, cambios en segundos. Es mirar a lo lejos y tener la impresión de que dos barcos están a punto de tocarse, cuando entre ellos hay una separación de kilometros y kilometros. El mar es nostalgia y melancolia, es echar de menos y a la vez disfrutar el momento. Es ser totalmente autonomo y a la vez depender de gente y cosas a las que no conoces.
Mishima, en este libro, abraza el mar con la fuerza de los locos. Sabe lo que hay y se entrega a ello y eso me asombra y a la vez asusta. Hay que estar un poco loco para amar así. Hay que estar un poco loco para amar.

Antes pensaba en los celos. El novio de una amiga mía sufre celos de mí. Y pensaba en lo ridículo de la historia. Un hombre que disfruta de una mujer lo pasa mal pensando que yo quiero disfrutar de ella. Es como estar comiendo y pasarlo mal, porque alguien querría quitarte la comida. ¿Será que eso te deja de alimentar? ¿Y al otro? Es absurdo. Aunque si amar es estar un poco loco, tener celos puede ser parte de esa locura.

No lo sé. Todo esto son cosas que le pasan a otra persona. Como le decía hoy a una amiga, a veces tengo la sensación de que ya cumplí con lo que tenía que hacer en mi vida. Estudié, me coloqué, crié a mi hermano. Todos los desafíos importantes los he superado. ¿Qué me queda? Estoy viviendo tiempo prestado. Es curioso como a veces damos con gente con la que podemos hablar de estas cosas, así, con esa naturalidad. ¿Será eso amor? Ya dije alguna vez que la comunicación es la base. Y cuando te desnudas así delante de alguien... ¿será eso amor?
No lo sé. Quizás ya no lo recuerdo. Quizás estoy tocando un arbusto con un pie y preguntandome que forma tiene, listo para salir corriendo si se mueve. Quizás todos vivimos así

Fin de semana circunstancial


Que condenado buen fin de semana. Echando de menos a la gente, contemplando la vida sin prisa. Pasear por la playa y meter los pies en agua salada, corriendo por Jerez, contando historias entre cervezas, durmiendo agotado. Despertandome con gente cantando, viendo amigos, más amigos. Tomando un té al que me han invitado, planteandome los próximos pasos. Y sobre todo, contento. Muy contento. Gracias al Doc, al Luichi, al Ale y a tanta buena gente que hace que el exilio sea más leve. Gracias.

domingo, 24 de julio de 2016

Palmitas


Mi madre vive en el centro de una ciudad del sur, que se llena de turistas en verano. Eso está muy bien para hartarte de Pokemons desde tu ventana, pero muy mal para dormir de noche.
Ayer, a las 4 de la mañana, un grupo de muchachas guiris expresaban fervientemente su alegria de vivir. Mientras, parte de la fauna local intentaba seducirlas. En un momento dado, un coro de palmeros acometió espontaneamente una canción que, tras un rato, reconocí como el 'Everybody' de los Backstreet Boys. No es la primera vez que contemplo a un grupo de locales intentando ligar así, si bien suelen ser menos originales en la elección musical.
¿ Y sabeis que ? Creo que me encanta. Porque se coman algo o no, se lo pasan genial. Y eso es lo bueno. Disfrutar de vivir, reirse. Es como aquella noche en la que conocí a Rafa en el Art Hostel. Habría estado bien tener éxito con las polacas o con alguna otra chica pero... ¿qué más da? Al final el romance es la excusa para la camaradería. Como esa panda de animalitos que les tocaron una canción de los Backstreet boys a las pibas, que se creerían super especiales sin ser conscientes de que, igual que se las cantaron a ellas, se las habrían cantado a cualquier otra que pasara por ahí.
Malditos personajes.

jueves, 21 de julio de 2016

Pisos pequeños



Ayer leí en Jot Down, en un artículo titulado "Ellas mueren solas" - muy interesante y recomendable, por cierto - una estadística terrible. Al mes, veinte personas mueren solas en Madrid cada trimestre. Más o menos unas seis al mes. No son muchas en una ciudad tan grande como Madrid, donde la gente vive para sí misma y todo está tan lejos.
Llevo una semana en esta ciudad, excepto la escapada del domingo. En esta semana, he saludado a un colega que ha pasado por mi casa y he hablado con mi compañero de piso el martes. Exceptuando eso, no he tenido ninguna interacción social con nadie que no sea un compañero de trabajo. En una semana.
Vivimos vidas rápidas donde hay que consumir, ganar, ahorrar. Donde tenemos que dedicar nuestro tiempo consciente a producir o a formarnos para producir. O a evadirnos de producir. Desde el momento que nos despertamos hasta que volvemos a casa agotados tenemos una agenda apretada. Trabajo. Comida. Gimnasio. Encuentros cronometrados. Si el metro se retrasa, si hay un atasco, si el coche no arranca a tiempo... freak out. Nos ponemos psicóticos. Luego llega el fin de semana y, agotados, dedicamos un día a descansar. Otro a hacer todo lo que hemos querido hacer durante cinco´/seis días y no hemos podido. Y otro a lamentarnos de los excesos y a preparar el siguiente asalto.
Y eso lo hacemos en pisos pequeños, donde no cabe más gente que la que hay. Aislados unos de otros como vasos comunicantes, incapaces de saludar al conductor del autobús, de charlar con el vecino, de sentarnos en un banco a ver pasar la vida. De convivir e interaccionar, de forma que morimos solos, como vivimos solos.


Yo vengo del sur, de donde la casa sirve para comer, dormir y poco más, porque se vive en la calle. Se comen pipas en la plaza, se juega al fútbol en el campito, se hacen barbacoas en la playa.
Mi familia viene del norte, donde se vive en casa o, como mucho, en el bar como los ingleses arriba. Donde las comidas son de treinta en treinta y empiezan a mediodía y acaban al día siguiente.


los españoles somos gente sociable. En Bulgaria, una chica me comentó sorprendida como los españoles nos ponemos en una cola y, aunque no nos conozcamos de nada, enseguida empezamos a hablar entre nosotros. Nos hemos criado en el contacto con el prójimo, en grupos de amigos, en clases, en equipos. ¿Por qué a medida que nos acercamos a la vida adulta y la forma social pasa a ser la pareja, nos aislamos? ¿Por qué dejamos de lado el grupo, el espacio común, para vivir en pisos pequeños, ver la tele y dedicarnos a trabajar para comprar cosas que no necesitamos?


Hay que relacionarse. Hay que reconquistar el espacio humano. Y dejar de morir solos, consumiéndonos como velas en la oscuridad, agotada nuestra utilidad. Tenemos que escribir, crear, reír, compartir. Tenemos que vivir.

No eres tu, soy yo.



Acabo de terminarme "Instrumental", de James Rhodes. Una señora autobiografía, muy entretenida y humana, apasionada, divertida. Me ha gustado mucho.
En una de las criticas sobre el libro que he leído, dicen que es un canto al optimismo. Tiene su parte de razón. Y en la parte en la que el Sr Rhodes habla sobre las relaciones, extrae una conclusión fascinante.
Es culpa tuya.
El hombre dice que no pongas excusas. Que si quieres, puedes hacer feliz a esa persona que está al lado tuya. Que tienes que dejar de plantearte los "y si..." o los "ojalá". Que vivimos en una sociedad donde todos queremos, y creemos tener derecho a, el último modelo. Más rápido, más elegante, más potente. Y en esa psicosis, nunca tenemos suficiente, lo cual también se aplica a las parejas.


Me parece muy interesante. En primer lugar, porque coloca la responsabilidad de una cuestión que yo considero armónica en un solo individuo. Pero no le falta razón. El Sr Rhodes dice que, si quieres, puedes. Es decir, debe existir algo que te motive lo suficiente como para dedicar tantísima energía, entusiasmo y pasión a una persona.
En segundo lugar, al igual que Rali, habla de un compromiso real. Yo, que me mantengo cínico y no creo en eso de "para toda la vida", me alegro mucho cuando la gente sale de mi cinismo y me demuestra que estoy equivocado. Tengo amigos a los que, efectivamente, me los imagino dentro de cincuenta años sentados en un banco de la mano de sus parejas. No creo que eso sea para mí (de hecho, no me veo así ni dentro de cinco años. Ni de cinco meses), pero la forma de pareja que configura el Sr Rhodes, como su forma de trabajo o de relacionarse, es una forma admirable. Poniendo mucho esfuerzo, paciencia, voluntad, entusiasmo.


La última palabra es la clave. Entusiasmo. Dice el Sr Rhodes que él "no quiere llegar a creerse que se la merezca. Quiere seguir sorprendiéndose día a día de su suerte, haciendo todo lo posible para merecerse la suerte de tener a esa persona a su lado." Mientras mantengamos ese espíritu, mientras sigamos esforzándonos día a día por ello... irá bien.
A mi me pasa en el trabajo. Hace poco me propusieron para una felicitación y no me lo creía. "Si yo tampoco hago nada así increíble...". Pero se vé que lo hago. Y cada día me esfuerzo, no para conseguir nada, sino para ser merecedor de la suerte que tengo de estar aquí.


Así que sí, tiene razón. No es la otra persona Somos nosotros. Con nuestros prejuicios, nuestras expectativas, nuestro ego, nuestro constante "yo yo yo" que no se molesta en cuidar del otro, en hacerle sentir especial, en respetar su espacio y sus momentos. Queremos el momento mágico, el flechazo, la música de violines, y no entendemos que la vida se vive a sorbitos, que a veces quema y a veces está demasiado frío pero que, en general, podemos hacer de este un lugar mejor para vivir si lo intentamos, creemos y nos adaptamos. Es posible. Tiene que serlo.

miércoles, 20 de julio de 2016

Mejor la calma


Ultimamente charlo mucho de una persona que inspira artículos aquí. Ya otras veces he comentado como esa persona, mediante un excesivo culto a su aspecto físico, da una imagen de persona banal, poco profunda. Una party girl que va a fiestas, baila, se emborracha...
Es algo parecido a lo que le sucede a un buen amigo mío, que insiste en mostrar una imagen de cavernícola elemental, un tipo rudo que solo disfruta del deporte, de las chicas...

Ambas imagenes son falsas. Y esconden personas cultas, sensibles, inteligentes, con una gran capacidad para entender y transmitir emociones, conceptos e ideas. Gente creativa y fuerte, interesante en muchísimos planos. Pero la mayoria de la gente carece de inquietudes y de curiosidad y se queda en la superficie. Entiendo los motivos para esconderse detrás de esas imagenes, pero me parece en cierto sentido un desperdicio de potencial.-

A la vez, mientras se consolida algo que ya dabamos por hecho, en esta semana de desastres y drama otro ha venido a tener lugar. Y no me sorprende. Desde aquel viernes hablando con Rali, donde me dijo que si no compartiamos el sentido del humor malo, ya lo tuve claro. Era cuestión de tiempo. Es un efecto secundario de mi forma de ser, claro. Cuando creo en algo, lo intento. Aunque sé que no tiene pinta de ir a salir. Pero a veces te llevas la sorpresa. Solo que es cierto que hay cosas que no dependen de nosotros solos y eso sucede especialmente con la gente. Hay quién no quiere ser tu amigo. Da igual cuanto lo intentes. Cuanto sentido del humor, voluntad, cariño... da igual. Hay gente que no. Y es mejor dejarlos ir. Insistir solo sirve para hacerte perder el tiempo, hacerte sentir frustrado y poner en una posición incomoda a esa persona que no puede devolverte lo que cree que le estás dando.



 Al final, todo depende de nuestra percepción. Y es en ese aspecto donde debemos trabajar. Pero se agradece la retirada del Drama y un poco de calma. Sin estridencias las cosas pintan mejor. 

martes, 19 de julio de 2016

Sindrome Post-vacacional 2



Odio los martes.
Los lunes son días guays. Estás fresco del fin de semana, contento. Esta semana será distinta. Lo sabes. Te despiertas contento. Tienes ganas de hacer cosas y vas silbando camino del trabajo. Luego el día va pasando sobre ti, poco a poco. Estás menos cansado de lo que esperabas. Vas bien.
El martes ya no puedes mentirte a ti mismo. Las agujetas del lunes aparecen. Tienes ojeras. La agenda se presenta como una colina imposible de escalar. Odio los martes.


Es martes después de tres semanas maravillosas. Lo peor de unas buenas vacaciones, de esas en las que desconectas del todo y haces lo que te da la gana, es que no eres consciente de lo que tienes. Hasta que te lo quitan. Y entonces, como un niño al que quitan el chupete, lloras.
¿Cómo lloras? Hay dos huidas. Adelante y atrás. Dado que "adelante" es un desconocido, uno vuelve atrás. Busca recuerdos en tiempos mejores y, cuando se acuesta, el subconsciente toma el control.

Es culpa tuya. Llevas cuatro días sin hacer nada. Eres un inútil. La gente no te quiere porque hay algo que se te escapa. Quieres -necesitas- atención. Haz algo. Haz algo para que se fijen en ti.
Confundes seducción con romance, confundes risas con amistad, confundes agotamiento con satisfacción. Y en ese remolino, empiezas a ladrar como un perro desvalido y a pegar en puertas, rascando con la pata hasta que te dan una patada. Entonces te sientes justificado. Es lo que querías. Y lo has hecho usando a una persona, como siempre, porque hasta para eso eres incapaz de manejarte solo. ¿Ves? Eres pequeño, despreciado, insignificante. Eres un inútil. Ya puedes dormir contento.


Y en ese momento te das cuenta del error. Y suspiras, aliviado, porque podría haber sido peor. Podrías haber pegado a esa puerta prohibida, a la que nunca te debes acercar. Donde las cadenas y las heridas, donde los años de silencio. Pero también donde estuvo lo único verdaderamente real, la comunión del espíritu autentica, entre una serpiente de coral y un perro, entre una diosa y un vagabundo. Entre la oscuridad más terrible y esa luz, desvaída, juguetona, que aparece antes de desvanecerse fuera de la vista.


Estoy jodido. Estoy intentando construirme una vida y lo he ido posponiendo con una docena de excusas. He vivido en casa de mi madre. En piso de alquiler. En piso compartido. He pegado un poster en una pared en veinte años. Y ahora puede que por fin tenga paredes que pintar. Posters. Un sitio donde colgar una bici. Una vida que de verdad sea mía.. después de tanto tiempo vagando por el desierto. Y me da miedo. No soporto la rutina de oficina-metro-casa, como decía Clemence, pero también estoy cansado de vagar perdido por habitaciones vacías. Decía Rali que las mujeres son las que hacen los hogares y, parte de la tragedia de volver a Madrizzz y verte más solo que la una es esa. Que mujeres, ni las hay, ni se las espera.


Solo hay que hacer callo. Esto es un cambio de marcha... y a por lo siguiente. Pero lo difícil, como cuando uno lleva un rato corriendo y pasa de aerobico a anaeróbico, son las transiciones. Brace yourself.



lunes, 18 de julio de 2016

Sindrome Post-Vacacional Madrid



Hoy me he levantado-arrastrado a las seis de la mañana y he empezado el día como suelo. Luego he cogido la mochila, el traje y me he ido, sin prisa pero sin pausa, caminito del autobús. Por el camino he repasado algo que ya pensaba ayer según llegué de Sevilla.
Puente de Vallecas. Sin llegar a ser miseria (no estamos en una favela de ladrillos sin pintar y cañerías al aíre), se nota. Se nota la falta de dinero, de oportunidades, de esperanza. Se nota en la suciedad de las calles, en las caras cansadas, en el vivir al día. En la gente que se gasta su dinero en un móvil, en un coche, en un traje, como si pensara que nunca iba a ganar algo más y que, mejor disfrutar ahora, antes de que definitivamente se apaguen las luces y vuelva la soledad, el buscarse la vida, la tristeza.


El caso es que me monto en el bus, saludo al conductor (esa, mi cruzada particular, está perdida) y me siento. Y voy viendo a mi alrededor. Es cierto que son las siete de la mañana, pero hay dos cosas de Madrid que no le voy a perdonar nunca.
Que no haya gente guapa. Que no haya alegría.
Y es que es curioso, pero una cosa va con la otra. Rali decía que los españoles somos guapos, pero Rali no ha ido a trabajar a las siete de la mañana. Ya sé que habrá quien piense "Madrid no es el Puente de Vallecas" y "Bien podrías ir a trabajar a las ocho o salir de copas a las nueve". Pero, ni yo elijo mi horario (como no elegí venir aquí), ni tengo porqué enfrentarme a la hosquedad y mala educación que aquí pasa por "normalidad".


Pero curiosamente, estoy contento. Hoy me lo he pasado bien en el trabajo. He aprendido cosas. He arreglado algunas historias. Otras han ido fatal y estoy intentando ponerlas a funcionar. Iba a ir a un concierto pero... mucho lío. Porque esa es otra. De mi casa a la zona del concierto, una hora. La vuelta, otra hora. Y vivo relativamente cerca del centro.
Excepto mi cruzada contra Madrid, que es una guerra perdida, la vida es fantástica. He corrido. Me he reído con mis compañeros. He recibido una buena noticia. Y en general, me gusta donde y como estoy. Pero parece que, por más que lo intento, da igual donde viva. La felicidad siempre está en otro sitio, a unos cuantos cientos de kilómetros.
Menos mal que siempre nos queda la mochila.

sábado, 16 de julio de 2016

Nacionalismo 1 - Globalización 0


Mustafa Kemal Ataturk es un personaje polemico. Fundador de la Republica de Turquia, en medio del convulso periodo comprendido entre las dos guerras mundiales para los Balcanes (casi todos los países de la zona tuvieron alguna guerra a raíz de la disolución de los imperios Austro-hungaro y Otomano), el señor Kemal fue partidario radical de una occidentalización de su país. Al igual que los japoneses antes que él o que Pedro el Grande de Rusia, Ataturk consideró que la forma más exitosa de sociedad en el mundo era la occidental, y que la obtención de los beneficios materiales y sociales que se desprendían de ella eran consecuencia de sus mecanicas internas. Así pues, decidido a introducir plenamente a Turquia entre los países más avanzados del mundo, impulso una serie de medidas secularizadoras que originaron el conflicto identitario en el que siempre se ha encontrado dicho pais, un estado entre Asia y Europa, entre el laicismo europeo y el integrismo religioso, enemigo de Israel pero amigo de USA.
El ejército turco ha sido el defensor a ultranza de los valores laicos durante todo el siglo XX. Pero siguiendo la crisis de identidad tan bien expuesta por Huntington en "El choque de civilizaciones" a raíz de la caída de los grandes bloques, uno de los principales campos de batalla identitarios es la religión contra el nacionalismo. Turquia, desde la subida al poder de Erdogan como consecuencia de la constante frustración por la no entrada en la Unión Europea, se desliza progresivamente hacía un dominio de la religión sobre el legado de Ataturk, que no debemos olvidar encontró resistencia constante por parte del medio rural y de buena parte de la población turca.

Ayer hubo un intento de golpe de estado en Turquia. Entre sus detonantes, probablemente tendremos la posición ambigua del gobierno turco ante el ISIS, las polemicas elecciones repetidas de otoño, la persecución a periodistas, el aumento de poder de las figuras religiosas. El uso por parte de los servicios de inteligencia del Ejército, en ocasiones en clara contradicción con los intereses que el Estado dice perseguir. Y por supuesto, el atentado del aeropuerto de Estambul y el de Niza.

Intento de golpe de estado que ha fracasado. Como fracasó el intento de mantener a Gran Bretaña en la Unión Europea, de integrar a Ucrania (de forma muy sucia) en Europa, como triunfa la extrema derecha en todo el mundo y Trump promete construir un muro para separar paises y culturas. La occidentalización en Turquia da un paso atrás que puede tomar mucho impulso, la Unión Europea hace aguas, Siria se desangra.

Y sin embargo... vivimos en la epoca de la comunicación. El otro día conocimos a una chica que trabajaba con un ordenador. Llevaba ocho meses viajando. El inglés como lingua franca permite comunicaciones y relaciones personales nunca imaginadas. Internet es una puerta al mundo. Los aviones son más baratos que nunca y existe una cantidad enorme de gente que viaja, se mezcla, se inquieta. Somos más manipulables que nunca al estar saturados de información, pero las tendencias cada vez serán más globales y menos nacionales. Al igual que la fabrica venció al taller, el ser humano global vencerá al ser humano nacional. Es el precio que pagamos por desarrollar tecnologias que hacen el mundo cada vez más pequeño, aunque paradojicamente cada vez estemos más solos.

En este dos mil dieciseis, la Globalización está perdiendo todas las batallas. Pero sigo creyendo que, al final, ganará la guerra. La tribu fue superada por la polis y la polis fue superada por el Estado. Llegaremos al siguiente estadio.

viernes, 15 de julio de 2016

¿Celos de qué?


Mi viaje a Bulgaria era mi Gran Proyecto Viajero de este año. Arrancó en octubre, cuando quedé con Rali en que alquilariamos un coche y nos iriamos a recorrer el país. Luego, cuando Rali conoció a su nuevo novio, incluimos al chico en el plan. También me dijo "Tienes que conocerlo Ale. Te va a encantar. A todos mis amigos les gusta". Así que, parte del plan, era conocer al novio de Rali y dar mi visto bueno.
¿Suena muy paternalista? Joderos. También lo hago con las novias de mis amigos. Si luego me voy a pasar horas escuchando quejaros en persona o por internet, al menos que sepa de lo que estáis hablando. Y sí, voy a pasarme horas escuchando quejarse a esta gente. Quid pro quo.
El caso es que se torció, claro. Rali trabajaba, Iliam trabajaba... bueno. ¿Qué más da? Viajo cuando puedo y algo haremos. Malo será, que dicen los gallegos. El primer día que conocí a Iliam me cayó bien. Bien. Sin grandes aspavientos, un tipo reservado pero bien. Me gusta la gente que tantea el suelo que pisa. Si el novio de una amiga me recibe con un abrazo o aspavientos... malo. Me pareció un buen tío, fiable.
Ese día, Rali y yo nos fuimos al parque a charlar de todo y, en un momento dado, hizo una broma sobre el novio. Me encantó. Fue una broma suave, como una caricia, como los motes entre amigos. Más tarde hablamos sobre como, cuando el sentido del humor no funciona entre dos personas, malo.

Tres días después, tomando cervezas en Veliko Tarnovo, Moe me dijo "A ti lo que te hace falta es una mujer que te centre. Una chica que te diga: esto está bien... no pierdas el tiempo con esta otra cosa...". Y yo le dije que ya la tenía. Que por esa chica había ido a Bulgaria. Rali es esa chica.

Out of the game. Otros tres días después, sentados en un parque tomando cervezas, Rali y yo bromeabamos con mi viejo comentario de estar "fuera del juego". Le dije que había una chica a la que quizás fuera a ver... pero que la interesada era ella. Entonces Rali me dijo que, si la interesada era ella, porqué no venía ella. Eso me dejó pensando. Siempre es así. Pone el dedo en el sitio y dice "¿ves? Ese es el problema". Me encanta que lo haga ahora que a ella todo le va genial. Moe tiene razón cuando dice que necesito a una mujer que me cubra las espaldas y ella es ideal para eso.

¿Y le supone algún problema a alguien? No. Me llevo muy bien con su anterior novio, es un buen tío. Me llevo bien con el nuevo, también es un buen tío. A Rali no le gusta Radostina... y en eso tiene razón. El novio de Radi sí es celoso conmigo. ¿Y? Uno tiene celos de aquello que cree que le pueden quitar, que puede perder. Uno tiene dudas de sí mismo, falta de autoestima. Algo. Pero yo no siento que vaya a perder el apoyo de alguien que me cubre las espaldas, que es buena tía, que se preocupa por mi.
Es una de esas cosas que nos cuesta poco dar, pero vale muchísimo recibir. Y hay que saber valorarlo como lo que es.

Recordad las dos lecciones de Rali. El sentido del humor hace falta. Si no os podéis reír juntos, malo. Y la otra persona tiene que moverse. Si solo os movéis vosotros, malo.
No ha sido tan difícil, ¿verdad?

¿Algo especial para hoy, Moe?


Esta pregunta se la hice a Moe en el Hikers Hostel en Veliko Tarnovo el martes antes de irme para Sofia. Moe, rastafari tranquilote, "último en acostarme, primero en levantarme. Cervezas y porros para dormir, porros y café para despertarme", es un tío sabio. Guay. Y cuando yo le pregunté esto, me contestó lo siguiente.
" Cada día es especial, tío. Somos nosotros los que hacemos que sea o no especial."
Veo un bosque de manos levantandose con "peros" en el cargador. Pero pensadlo un momento. ¿Quién decide que día es especial o no? ¿Hay un jurado que da premios de especialidad? No. De repente nos llama esa persona que es super importante para nosotros. O aprobamos un examen. O vamos a ese sitio al que hacía mucho que no ibamos. O comemos ese plato que nos apetece tanto. 
Si os fijáis, hay dos posturas. La pasiva, algo que sucede y nos hace feliz, y la activa, hacemos algo que nos hace feliz. ¿Y no podemos trabajar en ambos casos? Sobre la pasiva podemos orientar nuestras expectativas y sentimientos. Sobre la activa... coñe, podemos hacerla. O dejarla para otro día. A veces saborear la espera, esa sensación de anticipación es casi tan bueno como el éxito en sí. En resumen, nosotros somos los conductores de nuestra vida. ¿Por qué no podemos hacer que cada día sea especial?
Ok. Porque si es "normal" no es "especial" y si sucede cada día entonces es normal. Sois unos malditos aguafiestas, ¿lo sabéis?
Voy a hacerme un día especial. Y luego unas papas ali-oli. ¿Por qué? Porque puedo. Ea.

jueves, 14 de julio de 2016

Entre la afición y la adicción


Hoy hablaba con un colega sobre la diferencia entre pasión y hambre. Que basicamente es la misma que la enunciada en el título. Cuando dejas de ser tu y pasas a ser un yonki de tus impulsos? Cuando pierdes la capacidad de resistirte a la sensualidad ?
Existe mucha gente que consudera el ego como algo perjudicial, el orgullo un defecto. Y volviendi a lo dicho anteriormente sobre el equilibrio, todo va en función de la magnitud y la escala. No considero mas negativo afirmar la personalidad cual fanático que renunciar a defenderla. En el punto medio está la virtud.
En que consiste en este caso? Supongamos que tienes una baja autoestima y satisfaces tu valor personal con el que otros te dan. Eso es hambre. Necesitas sus caricias como el perro necesit del amo.
Pero... Y si no te importa? Si eres consciente de tu valia y los piropos y críticas son valorados objetivamente? Entonces no es hambre sino pasión. Son cosas buenas pero no imprescindible. Al final la lucha termina siendo entre tus impulso y tu ego. Y a veces en esta lucha perdeis ambos, cuandk cae demasiado en una direccion o en otra.

Let it flow


Acabo de llegar de Sofia (Bulgaria) tras pasar una semana increíble, conclusión a un mes bastante disparatado. Realmente El Viaje ha sido el de esta semana, aunque lo demás no ha estado mal.
Y me siento genial. Estoy agotado, sucio, desordenado... vivo. He caminado por montañas, visitado monumentos, comido y bebido demasiado, reído. He dejado aparte el móvil, el reloj, la cartera... incluso mi idioma. Durante una semana me he asomado a otras vidas y he permitido que otras se asomaran a la mía, viendome a través de sus ojos. Me he expuesto y he creado, he reflexionado (he escrito demasiado, algo caerá aquí), he leído. He disfrutado de la musica, montado en bici, compartido. He creado.

Y, como pasa cuando uno se asoma al mundo con la actitud adecuada, he encontrado respuestas. He aprendido sobre cosas que estaban dentro de mi y no lo sabía, otra gente me ha regalado sabiduria, calma, fuerza, valor. En concreto, a lo largo de una serie de kilometros y horas, estas vacaciones han asomado a mi vida cuatro personas que quiero mencionar. Ricardo de Lisboa, Rafa de Almeria, Adri de Virginia y Moe de... digamos Veliko. Gente que han aparecido en un momento dado y, casi siempre entre cervezas y sonrisas han compartido historias, viajes, optimismo, recuerdos. Gente que me ha recordado que la felicidad no necesita un porqué, que el amor es creer y crear, que la vida tiene su propio ritmo. Que, al fin y al cabo, no somos más que una hoja al viento pero que podemos ser felices. Solo tenemos que escucharnos a nosotros mismos y hacerlo. Cruzar el enorme valle que nos separa de esa persona, de esa historia, de nuestros sueños. Un pasito a cada vez y, cuando nos damos cuenta, estamos al otro lado. Y ya que estamos, seguimos. Porque la vida se va viviendo paso a paso y dura lo que tenga que durar, como todas las buenas historias.

¿Sabéis lo que más le agradezco a esta gente? Que me hayan recordado que no estoy solo. Que ahí fuera con una mochila, o con una furgoneta, o detrás de un mostrador o sabe Dios haciendo que hay gente que entiende que la vida es algo que se vive solo, que se define a sí misma. No hay guias ni manuales, no existe una sola forma de hacer las cosas. Somos dueños de nuestro destino cuando elegimos serlo y que cambiar el mundo es tan facil cómo sonreir. Todo parece dificil o inalcanzable o imposible... hasta que vamos y lo hacemos.
Me siento bendecido. Muchas gracias, gente. La próxima va a vuestra salud.


miércoles, 6 de julio de 2016

La libertad de un adulto


Hace un momento estaba pensando en la libertad teñida de seguridad. Como los niños. Cuando eres libre pero no sabes, cuando te mantienes ignorante dentro de determinados limites, eres como los niños. Vives en un mundo pequeño y dominas tu zona de confort, pero todo cambio dentro de esa zona te estresa.
He tenido días difíciles. Alguien se ha sentido amenazado por mi y ha reaccionado mal. Yo no me meto en su terreno, tengo unas miras más amplias. Como le decía a Vicen, hay que salir del entorno, hay que moverse. Así evitas estancarte, ponerte mustio como agua podrida. Te toca cambiar de entorno, de gente, de escenario. Porque si bien es cierto que, al no moverte, obtienes una mayor percepción de tu entorno y una mayor familiaridad con él, también surge en ti el miedo a perder dicho dominio.
Ser libre consiste en equivocarse y aceptar nuestros errores, para volver al punto en el que estabamos bien. Y desde allí, repetir los pasos solucionando aquel que hicimos mal. Ser libre es ser responsable y lo suficientemente flexibles mentalmente para asumir que podemos estar equivocados. Ser libre es corregirse, pedir perdón, compartir, preguntar. Ser libre es asumir nuestra falibilidad... en un entorno desconocido y siempre cambiante. Y entender que, por más que queramos, nunca podremos controlarlo todo. Vamos a ser adultos. Vamos a aprender, mezclar, cambiar. Vamos a adaptarnos.

Nunca aprendo

Nunca aprendo. Soy como un perro que se acerca a la mesa, pidiendo comida, hasta que le dan una patada y entonces se aleja. Y al cabo de un tiempo, vuelve a acercarse. ¿Aún no has aprendido? ¿No te das cuenta de que para ella es un juego? Eres agradable. Divertido. Un entretenimiento. O quizás un amigo. Etiquetas. Eres una etiqueta y te corresponde ceñirte a ella, tienes X derechos y X obligaciones. No te salgas del guión.
Porque es un juego. ¿O no? A veces duele. Y cuando duele te das cuenta de que ha dejado de ser un juego y que tienes que apartarte. Que estás haciendo el tonto y poniendote en ridiculo. Está todo en tu cabeza. La otra persona... ¿qué sabes de la otra persona? Lo que ella te cuenta y a veces ni eso. Sería mucho más inteligente racionalizar las cosas. Poner distancia, tanto física como mental.
Olvidalo. Deja que todo pase. No te enredes en unas construcciones verbales e intelectuales que no existen. Pon distancia fisica. Sal a correr, estudia, queda con amigos. Muevete. Huye de tu casa, de ese edificio espiral donde tu madre y tu hermana se persiguen con paranoias que te acaban salpicando.
Construye tu vida. Una vida sin silencios siempre llenos del ruido de fondo de la tele, sin sacrificios epicos que nadie reconocerá, pero que necesitamos para justificar nuestra existencia. Construye una vida de calma, de lectura, de reflexión. De conversaciones interesantes, de viajes, de musica y colegas y series e historias. Una vida donde lo que haga el vecino o lo que pase en la tienda de enfrente te dé igual, porque tienes cosas suficientes para entretenerte y ser feliz sin necesitar nada ajeno a ti. Interiorizate. El camino a la felicidad pasa por el equilibrio y el equilibrio pasa por la independencia.

Has ofendido. Has faltado al respeto. Disculpate. Llevas toda la semana buscando algo que te dañe, para justificar una reacción. ¿Tan difícil es entender que quieres ser feliz? ¿Qué puedes serlo sin ser esto una oposición a nada, sin ser una ofensa a nada? Tu vida es tuya. Es una unidad, no un componente de otra cosa. Pero cuando cedes la iniciativa y entras en un ritmo pasivo, crece en ti una frustración que solo puede desahogarse dañando y siendo dañado. Es enfermizo.

Por eso ahora es el momento. Ahora es el momento de coger el tren, la mochila, el avión. De hacerte muchisimos kilometros y juntarte con gente que te entienda y viva como tu. De apartarte de todo eso... de estar a tu aire. El Taoismo divide la naturaleza de todo en un aspecto masculino activo y uno femenino pasivo. La casa de mi madre es una casa de mujeres. No es mi lugar. Por más que yo quiera, no lo es. Quizás por eso Eva decía que debería irme de allí y no le falta razón.

Al igual que eso, tengo que dejar determinadas relaciones enfermizas. Si no puedo controlarlas... y es obvio que por ejemplo la relación con cierta persona que no puedo controlarla, mejor huir. Mejor poner distancia, tiempo. Mejor hacer como que no existe y no darle importancia. Porque al final termino haciendome daño a mi mismo. Es una bomba de relojeria y no aporta nada bueno. El ratito interesante que me va a dar no compensa los ratitos de disgusto que, inevitablemente, me darán.
Pero está bien aprender esto. Así es más fácil irse. Así uno no echa de menos, sino que tiene ganas y fuerza de ir a por lo siguiente.

lunes, 4 de julio de 2016

Una casa


Se me viene a la cabeza la canción "A house... in the middle of the street...".
Hoy he ido a mi piso para inaugurarlo. Ya tengo agua. Ya tengo corriente. No hay muebles. Pero mientras limpio pensaba "Este es mi piso. Es el definitivo. El de verdad."
Y en cambio... no siento nada distinto. Veo a los vecinos y sé que no soy parte de una comunidad. Quizás aún. Puede que sea por no saber donde viviré. Pero lo cierto es que no encuentro nada distinto entre esta casa y las otras (dos pisos y dos residencias) en las que he vivido en los ultimos dos años. La falta de muebles. El esfuerzo extra.
Pero a la vez... pienso que es otra cosa. Es algo estable en mi vida, en una vida en la que nada parece quedarse.
Mi coche ha dado problemas. Lo cogí un día y no sé, algo parece que estropeé. Con el piso me pasa parecido. Es Ale el que habla con el chaval de las cocinas. Mi hermana la que lleva el coche.
Solo soy bueno para trabajar. Y en eso destaco, ciertamente. Pero las cosas del día a día (el piso, el coche, las facturas, Hacienda...) pasan por alguien. En ese sentido soy como los hombres de la generación de mi abuelo, que para todo lo práctico dependían de una mujer. Que absurdo.

Hace años en una novela leí que todas las estrellas del rock se caracterizaban por un carisma exagerado y una incapacidad para hacer nada normal. Quizás en este piso, mi futura casa, me encuentre otra vez con que soy una estrella del rock. Pero que sensación tan extraña, amar algo sin saber que es.