domingo, 30 de octubre de 2016

Tertulia literaria


Hay que salir de la zona de confort. Si no estás contento, cambia. Esas cosas las sabemos todos. Pero a la hora de la verdad, coger un metro e irse a una zona que no conocemos, atravesar un control de seguridad, sentarse en una cafetería y esperar a que aparezcan no sabes cuantos desconocidos a hacer no sabes qué, intimida. Es natural. Cuanto más mayores somos, más conscientes nos volvemos de todo lo que puede salir mal, y de lo bien que estamos sin salir de nuestro espacio.
Precisamente por eso hay que hacerlo. Hay que viajar. Incluso aunque sea al barrio de enfrente, pero hay que viajar.

He tenido un fin de semana maravilloso. Últimamente siempre que voy a Cádiz voy de vacaciones. Y me lo tomo como mis vacaciones. Fuimos al medico mi hermana y yo y, como total teniamos tiempo, nos fuimos a dar un paseo. Sin prisa. A ver un paisaje mientras charlabamos. Y le sentó genial a ella y a mí me sentó bien. El viernes por la noche estuve de fiesta con Ale. Fue divertido. He hecho cosas distintas y me he sentido mimado, querido, especial. Han sido días geniales para salir del cansancio, el estrés y la rutina. Incluso me ha dado tiempo a dormir un montón de horas.

Y lo he rematado por todo lo alto. Metiendome en una sala con una docena de personas a las que no conocía, de aproximadamente seis o siete paises, a comentar un libro de Lovecraft. Y me ha encantado. Gente que había hecho los deberes y conocía al autor y a la obra. Gente que tenía puntos de vista interesantes, cultura, una mente abierta y ganas de contrastar ideas en un ambiente de respeto y curiosidad. He sacado un par de nuevos autores para leer, nuevos puntos de vista y, sobre todo, la refrescante sensación de no ser un átomo aislado en el mundo, sino que hay más gente como yo que quiere leer, formarse, mezclarse. Ha sido una experiencia fantástica y espero repetir. Y os animo a que hagáis lo mismo, a qué busquéis por internet, por vuestro barrio, por conocidos, actividades que puedan gustaros y os apuntéis a ellas. Como Yas con el Krav Maga. Si queréis algo, id por ello. A veces saldrá mal, pero también puede salir bien y cuando lo hace es genial. Así que a por ello.

Haters gonna hate

En cierto sentido, somos esclavos de nuestra naturaleza. Ayer tuve un día fantástico en el que volví a quedar con Luichi, marujeamos y nos pusimos al día. Le confesé que, cuando me enfrié y pensé en la conversación con nuestra princesa disney favorita, me sentí avergonzado. Yo me quejaba de echar de menos a mi familia, cuando las veo una vez al mes, a alguien que hace un año que no vé a los suyos (ni sabe cuando lo hará). Luichi apuntó que todos vemos el mundo a través de nuestra ventana, y que ya demasiado es que me dí cuenta de que estaba cometiendo un error.
Esa ventana de la que hablaba Luichi es clave. Estamos dominados por nuestros impulsos. El último mes he conocido a dos chicas que un amigo definió como "divas". Para ellas es natural ser adoradas y que el mundo gire en torno a ellas. Por tanto, no le puedes pedir que empaticen o actuen de forma distinta a su forma de ser. Aliusha también hablaba de eso, de como compañeras que tienen veintipocos años y la vida les ha venido de cara, se quejan de una situación que para ella es una bicoca.
Al final, es lo que comentaba en cierta ocasión de que todos vemos el mundo a través de diferentes opticas y esas opticas condicionan nuestra interpretación del mismo. Y cuanto más limitadas son nuestras opticas, menos "personajes" somos capaces de interpretar, más previsibles van a ser nuestras reacciones y más limitados nos vamos a ver en nuestras elecciones. Es una simple cuestión de entender cuales son nuestras necesidades y como las satisfacemos. Una vez alguien descubre eso de nosotros, es posible prevenir como vamos a actuar. El error de aquellos que estamos fuera y lo vemos es introducir un factor de aleatoriedad absurdo, cerrar los ojos. "Puede pasar cualquier cosa" "la gente es irracional" "nada tiene sentido".
No. Eso es pereza. Si lo analizas encuentras la pauta. Y como dice el título, haters gonna hate. Los estupidos son aquellos que, sabiendolo, esperan encontrar un resultado distinto.

P.D: Esto también tiene un enfoque positivo. Todo lo que hagamos vendrá condicionado por nuestra naturaleza. Luichi es un tío simpatico y no puede vender juguetes, o guiar un grupo, sin contar tonterías de Cádiz y hacerlos reír. Yo, cuando veo que un grupo está parado, tengo que activarlo. Existen cuestiones propias de nuestra naturaleza que no podemos evitar, y a veces esos rasgos son buenos. Dependerá siempre del contexto y del lugar.

jueves, 27 de octubre de 2016

Lo ha vuelto a hacer


Hoy ha sido un día raro. Un día que ha empezado con un abrazo que no sabe a nada. Ayer un chico me dió la mano y fue un apretón de manos flojo, de esos que no transmiten nada. Soy bastante maniatico con eso; el apretón de manos es importante. Un abrazo es importante. Son gestos que dicen mucho sobre como somos, sobre como interactuamos con otros seres humanos, sobre como nos vemos a nosotros mismos.

Hoy, como decía, ha empezado con un abrazo que no sabe a nada. Luego me he conectado a masa y he intentado encontrarle sentido a mi día a día. No ha funcionado. Iba a quedar con compañeros... tampoco ha funcionado. Me han regalado tiempo libre, han cambiado mis planes y no he sabido que hacer conmigo mismo. Harto de tirar en un sentido y en otro de las cuerdas, me he hecho un nudo a mí mismo y he caído sobre el suelo del salón, una pelota informe, esperando a ver si era capaz de deshacerme los nudos sin tener que cortar.

He salido. Casi a regañadientes. Me he encontrado a esa persona tan increíble, nuestra princesa disney favorita. Yo estoy agotado. Mucho. Y le he tirado, perdonenme la expresión, un camión de mierda emocional encima. Necesitaba desahogarme con alguien y le ha tocado a ella. Ha aguantado estoica, se lo ha sacudido, me ha dado una bofetada emocional y me ha dicho que actuara como un hombre. Luego se ha reído de mí, me ha enderezado la camisa y me ha regalado un beso y un abrazo de los de verdad, de esos que se te meten debajo de la piel y te calientan cuando llueve y hace frío. He acabado el día avergonzado por molestarla con esas tonterías mías, cuando ella lucha batallas de verdad y yo mientras quejandome porque se me ha roto una uña. Y a la vez, esa bofetada me ha servido para darme cuenta de muchas cosas, para plantearme otras, para redirigirme.

El metro no estaba lejos. Una vez ahí, oculto de miradas, he abierto la caja. Había un abrazo en papel. Un regalo maravilloso, algo con lo que los niños de ojos azules y manos torpes sueñan. La belleza, esa virtud que según Wilde se justifica a sí misma. He dicho "ooohh" y estoy maravillado.

Me siento algo avergonzado. Me he quejado de mi situación ante alguien que está mucho peor que yo y sonríe y disfruta. He actuado como un niño ante alguien que ha actuado como una mujer. Y alguien que ha sido lo suficientemente generoso como para no abofetearme fisicamente ni enfadarse, sino para animarme, para desearme lo mejor, para apoyarme. Y para darme un abrazo de verdad, de esos que saben a realidad.
Tengo mucha suerte de que haya alguien como ella en mi vida. Y tengo mucha suerte de que aparezca y me haga reaccionar, una y otra vez, aunque yo sigo siendo un desastre que me empeño en hundirme. Gracias. Muchas gracias.

Demasiada sinceridad


Es una maldita casualidad. Justo hoy me han preguntado por los samurai y he recordado el codigo del Bushido. Más tarde, leyendo una novela precisamente de Mishima, pensaba en lo absurdo que es un concepto del honor que te obliga a la extinción. El honor debería ser algo vivo, algo que tendiera a la excelencia y no una mohosa armadura de normas detrás de la que esconderse de la realidad.
Ajá. Ajá.
Todos vemos la paja en el ojo ajeno y no la viga en el propio.
Hoy hablaba con una colega y me he dado cuenta de que, lo que yo llamo "honestidad", realmente es cobardia. Esa costumbre de poner distancia, de justificarme en una vida nomada... no es más que mi forma de evitar el compromiso. De acomodarme. De creerme, en mi arrogancia, que mis reglas están por encima de las de la sociedad y que yo sé mejor que nadie lo que le conviene a todo el mundo.
¿De verdad me creo tan listo?
Parece que sí. Pero no es tan difícil. Dejate llevar. Comparte. Comenta. Quizás estés viviendo en otra ciudad y trabajes muchas horas. ¿Y? Habiendo voluntad puede que nos volvamos a ver. Yo puedo moverme. Tu puedes moverte. No somos arboles. Ya te pasas el día quejandote. Saca la cabeza del cubo y mira el mundo. Huele las flores. Da gracias por las cosas buenas que tienes. Deja de fijarte tanto en lo malo.
Y no golpees a los demás con cosas que sirvan para alejarlos. Guarda tus fantasmas. Tu vida tiene sus cosas malas. ¿Y? Como la de cualquiera. No te esfuerces en dar esa imagen tragica. Simplemente, acepta que puedes ser normal. Intenta vestirte como todo el mundo. No te pongas alambre de espino alrededor, deja que se acerque quien quiera. Sonríe, aunque tengas los dientes feos siguen siendo tus dientes y habrá a quién le guste. Y si no, siempre es mejor una sonrisa fea que un gruñido bonito.
Vive. Equivocate y disfruta de tus errores. Ya te pasas la vida hecho un palo en el trabajo, ¿por qué no ser más flexible en tu vida personal? Al igual que has aceptado que eres humano y que te equivocas, que pecas, y que a veces las cosas no salen bien, acepta que lo vas a pasar mal a veces. Pero que es el precio a pagar por pasarlo bien otras. Esa es la sinceridad de verdad. Esa es la que necesitas ahora.

miércoles, 26 de octubre de 2016

El sagrado deber del anfitrión


Vengo de una familia de marcado carácter norteño, como ya sabéis todos los que me conocéis. En el norte de España, probablemente por el clima, la casa de uno no es cualquier cosa. No se invita a casa a nadie que no sea muy muy amigo. Todo tiene que estar perfecto cuando se reciben invitados. Lo mejor que tengamos es para ellos. En el norte de España, uno no invita a gente porque, normalmente, el nivel de exigencia personal que se impone uno mismo con respecto a los invitados no es cualquier cosa.
Yo he sido educado en eso. Pero también soy del sur, soy un animal social. Necesito gente. Así que me gusta invitar a mis amigos a mi casa. Lo malo es que, dado que vengo de la tradición que tengo, todo invitado es un huesped.
En inglés hay una simpatica similitud semantica entre host "anfitrión, receptor" y hostage "rehen". Es simpatica porque entra mucho dentro de la actitud en la que uno se encuentra una vez establece un compromiso. Quien se queda a tu casa es tu huesped y tienes unas obligaciones hacía él/ella. Tiene que estar bien. Tiene que estar cuidado. Tiene que estar contento. Si no, no te comprometas.
Eso es parte de nuestra cultura. Recuerdo una cosa muy simpática. Rali me dijo que su madre quería conocerme y le reñía por no haberse liado conmigo porque "un hombre que te cuida así es exactamente lo que necesitas". Es gracioso porque yo cuido a Rali así porque, en primer lugar, es una amiga y una persona muy importante para mí. Pero sobre todo, porque como anfitrión tengo una serie de obligaciones hacía ella. Haría algo parecido por alguien que no me cayera tan bien. La diferencia es el matiz y es muy sutil, la mayoría de la gente no se daría cuenta.

Ya he dicho en cierta ocasión que para recibir, hay que dar. Y uno sabe que lo está haciendo bien cuando la persona que se va de tu casa dice "Me da pena irme. Quiero quedarme". Esa es la mejor recompensa que pueden darte. Es un abrazo de colega, es un beso en la frente. Es la manera de decirte que lo estás haciendo bien y que sigas así. Sobre todo porque eso habla de nosotros mismos, de como somos, de nuestro carácter, nuestra generosidad, nuestra voluntad, nuestro espíritu. Y del respeto que nos tenemos a nosotros mismos, a través del trato que damos a los demás.

Muchas gracias por dejarme ser vuestro anfitrión. Muchas gracias por ser tan buenos huespedes.

Principito

Una amiga me ha contado un sueño muy raro en el que yo salía. En cierto sentido me ha recordado a El Principito y me ha hecho sentir identificado con la obra. Es un cambio interesante porque, hasta ahora, el único personaje con el que me habían referenciado era Sir Henry de "El retrato de Dorian Gray" - y la verdad es que quién lo hizo me clavó -. El Principito es un personaje de otra dimensión, más tierno pero no por ello menos cruel.
Ayer charlé mucho con una colega y llevo unos cuantos días con conversaciones interesantes. Gente que me propone planes e ideas, historias que circulan. El futuro parece interesante. Me vuelvo a ver como el perro y el chico de la mochila que adoraban a la diosa, un año después, varios años después. En cierto sentido, la proximidad del cambio es algo que inspira, asusta y motiva a la vez. Pero el cambio es vida. Voy a poneros dos o tres de las citas más famosas de "El Principito" que me encantan.

"A los mayores les gustan las cifras. Cuando se les habla de un nuevo amigo, jamás preguntan sobre lo esencial del mismo. Nunca se les ocurre preguntar: '¿Qué tono tiene su voz? ¿Qué juegos prefiere? ¿Le gusta coleccionar mariposas?' Pero en cambio preguntan: '¿Qué edad tiene? ¿Cuántos hermanos? ¿Cuánto pesa? ¿Cuánto gana su padre?' Solamente con estos detalles creen conocerle."

Fue el tiempo que pasaste con tu rosa lo que la hizo tan importante."

No era más que un zorro semejante a cien mil otros. Pero yo le hice mi amigo y ahora es único en el mundo."

Es mucho más difícil juzgarse a sí mismo que juzgar a los demás. Si logras juzgarte bien a ti mismo eres un verdadero sabio.

Disfrutadlo

Las barreras artificiales que creamos

Ayer Kay hablaba del tema del titulo, comentandolo asombrada. No le falta razón. En 'Just Breath'  ya Pearl Jam habla de lo idiota que somos cuando nos guardamos un ' te quiero'. And I just wonder (o en mi casi, wander). Porque, si como decía antes estamos de paso, por qué guardarnos nada? Por qué poner barreras a la comunicación? Nadie es tan rico que le sobre un abrazo ni tan pobre que no pueda dar uno. Hay que compartir. Y en tiempos de cambio, cuando algo acaba y algo empieza, es el momento de decir, de hacer. Besaros al ocaso y besaros al amanecer. Dejad que la vida fluya sobre y a través de vosotros y, sobre todo, no dejéis que vuestros prejuicios, creencias, actitudes, ideas os impidan ser felices. Sed fieles a vosotros mismos. Como decía Mar, citando a Gandhi, la felicidad es ser consecuente con uno mismo. Perseguid la idea de Verdad que existe dentro de vosotros. Sed la mejor versión posible de vosotros mismos y regaladsela al mundo. No se la vendais; ya os vendrá de vuelta el amor que dais. Y seguid siendo geniales. A por ello.

Make it significant


Hay un hecho que solemos obviar en nuestra vida diaria todos los seres humanos, independientemente de nuestra cultura, estrato social, religión o raza.
Nos vamos a morir.
Tarde o temprano pasará. Alguna gente piensa más sobre ello y otra menos. En mi caso, por experiencias personales, es un pensamiento que nunca se me aleja demasiado. El caso es, ¿qué hacemos con ello?
Decía Rali que mi estado natural es la felicidad y, mientras me mantenga equilibrado, seré feliz. Tiene razón, la condenada me conoce muy muy bien. Pero eso es así por herencia de mi hermano, por osmosís. Jose me obligó a aprender (no me enseñó) que, si queremos hacer del mundo un lugar mejor, en primer lugar tenemos que estar bien nosotros. Porque da igual lo interesantes, divertidos, curiosos, inteligentes, rápidos, fuertes que seamos. Al final seremos polvo. Por tanto, mientras estemos aquí, debemos (no podemos, debemos) hacer lo que podamos porque merezca la pena. Porque la muerte no es algo que esté planificado en la mayoria de ocasiones. No recibe uno una notación del tío/tía de la guadaña, toc toc buenas tardes, ¿qué tal le viene el miercoles 22? Ah ok, ya coordinamos otra fecha. Pasa. Y vivir cada día como si fuera el último no consiste en reventar, partirlo todo, probar los límites. No. Consiste en levantarse dando gracias por otro día y, a la vez, haciendo el firme proposito de que el día de hoy merezca la pena. Y a jugar.

Hay otra cosa sobre la que quería escribir aquí. No os guardéis nada. No penséis "esto no es importante". Lo es. Si está en vuestra cabeza, lo es. No dejéis que el miedo a hacer daño o al futuro os impida vivir aquello en lo que creéis. Sed fieles a vosotros mismos. Cuando era muy joven pensaba que las cosas no se dicen, se demuestran. Ok. Pero también se dicen. Y hay muchas maneras de decirlas. Aunque sepais (y ella lo sepa) que queréis a vuestra madre, decidselo. Acariciadle la cara. Repartir sonrisas. Reiros más. Y llorad más, que también hace falta. Dejad que la comunicación fluya a vuestro alrededor y que la gente os conozca y que vosotros los conozcais.

Una ultima cosa hoy y ya casi me voy, que voy a llegar tarde. Nadie es una isla. La persona más independiente y segura de sí misma del mundo duda, se siente sola y no puede construir sola. Somos seres sociales. Los líderes no solo necesitan seguidores, también necesitan apoyo. Una base desde la que construirse a sí mismos. Así que entended que, tanto si estáis a la cabeza como en medio como al final de la cola, sois parte del proceso. Dad. Al igual que recibís, dad. Y aseguraos de que ayer, mañana, hoy, sean días que merezca la pena vivir. Cread historias. Compartirlas. como dice el título, suponed una diferencia.

P.D: Es curioso. Según facebook, hace cuatro años justo hoy copié citas de Tagore sobre la muerte. Ahí van

“Death is not extinguishing the light; it is only putting out the lamp because the dawn has come.”
― Rabindranath Tagore
“When you came you cried and everybody smiled with joy; when you go smile and let the world cry for you.”
― Rabindranath Tagore

Muchas gracias. 

domingo, 23 de octubre de 2016

Sobre abusados y abusadores


Hace mucho mucho tiempo, en una galaxia muy muy lejana... Ok ok, no va por ahí, pero quería una introducción espectacular y me dije "¿por qué no tirar de clásicos?"
El paisaje siempre se difuminaba. Daba igual que estuvieramos sentados en un parque, tumbados sobre el asfalto, mirando al mar. Nos besabamos sin mirarnos o nos mirabamos hasta hundirnos en el otro. Cuando nos abrazabamos siempre dolía, dolía por dentro y dolía por fuera, pero era un dolor bonito. Nunca he querido así. Creo que nunca volveré a querer así.
"Existen lobos porque existen corderos. Hay gente que va por la vida pidiendo que abusen de ella. ¿Por qué tengo que dejar de hacerlo? A ellos les gusta. "

Ya no es la primera vez que me pasa. Me pongo en la picota voluntariamente. Elijo dar, para quizás recibir. A veces soy generoso de verdad y, simplemente, no me importa. Pero tanto en un caso como en otro, dependo de la buena voluntad de la persona objeto de mis atenciones. A veces, esa persona es empática, honorable y comprensiva. Comparte un concepto cultural de sostenibilidad y entiende que, si uno hace pastel de semillas con todas las semillas, el año que viene no podrá plantar.  Concretamente recuerdo la resistencia de Rali a que la invitase a nada, o la numantina Aliusha negandose a salir si ella no podía pagar. Son gestos que, si bien no son necesarios, hablan mucho de uno mismo. Un codigo moral funciona cuando el juez más severo que tenemos somos nosotros mismos. La disciplina, esa virtud que en exceso nos aleja de nosotros mismos, es lo que hace que nos podamos relacionar como iguales.

Pero sigue siendo cierto lo que decía la adolescente, aunque esa chica ya no exista. Voluntariamente permitimos que abusen de nosotros y, haciendolo, justificamos el abuso. Hay que cortar el ciclo. Hay que analizar en que nos estamos equivocando e impedir que se repita. Hay que quererse a uno mismo. Y a partir de ahí, exigir lo que damos. Ni más, ni menos. Porque la justicia, como leí en cierta ocasión, consiste en no depender del favor ni temer de la arbitrariedad. Consiste en ser equilibrados, honestos. La justicia surge de la verdad, aunque la verdad sea fea como ahora. Tenemos que mirarnos a nosotros mismos y salir del ciclo.
Así que a por ello. A construir un mundo en el que la gente que esté sea la que de verdad deba estar, no cualquiera. Y a hacerlo mediante la comunicación, el respeto, el carácter. A creer y crecer y aprender. A seguir viviendo.

Es guay, pero no es mi tipo de guay


Esa frase ("It's cool, but it's not my kind of cool") la dije ayer varias veces con distintas personas. Me gusta, porque es una forma muy concreta de definir algo que es muy complicado de explicar. ¿Por qué con algunas personas conectamos totalmente y con otras no? Recuerdo el caso de Dominik como algo extremo. Domi, al que conocí en Inglaterra, es todo lo contrario a mí. Es un chico responsable, de buena familia, con pareja estable y la vida más standard que uno se pueda imaginar. Y en cambio, una vez empezamos a hablar y a caminar juntos vimos que compartiamos inquietudes, una forma de ver el mundo y, sobre todo, una actitud parecida. Hay comunicación y, sobre todo, respeto y atención. Domi y yo nos preocupamos el uno por el otro. Ronald, otro tío con el que me llevo muy bien, me dijo que su nombre significa "Espada fuerte" y va atribuido a gente que es buen amigo, que se preocupa de su gente. 
Al final, la comunicación existe en muchos niveles y las relaciones son más una cuestión de valores y sensaciones que de gustos y aficiones. Cuando te sientes respetado, te sientes valorado, te sientes querido, estás bien. Es volver a la frase aquella de Nora. "Fumar es bueno, porque me hace feliz. Y todo lo que me hace feliz es bueno".

Claro que a veces no es solo eso. El ser "mi tipo de guay" son muchas cosas y depende de cuanto y como quieras compartir. Cada relación se define a sí misma. Es importante tener claro que las relaciones se construyen sobre la marcha, mediante interacciones, impresiones, hitos. Es una historia larga con momentos destacados, no un montón de pequeñas historias. Quizás esa sea una de las claves que hacen que mantenga las amistades durante tanto tiempo. La capacidad de interactuar y de compartir, de mostrarte y querer saber. Tengo una amiga, Elli, que siempre me felicita mi cumpleaños y otras fechas especiales. En este mundo cada vez más egoista e insolidario, el que alguien se pare un momento para tener un gesto contigo hay que saber valorarlo.

Hace dos días iba en el metro y delante mía iba un hombre medio dormido. Se le veía acabado, cansado. Ropa sucia, pelo deshecho, esa cara de "no puedo más". Yo, que iba contento, le sonreí. Me devolvió la sonrisa. Luego no nos volvimos a mirar porque daba vergüenza, pero en ese momento sentí que había hecho algo bueno. Había tocado a otro ser humano. Y ese ser humano me había tocado a mí. Creo que fue algo en lo que ganamos los dos.

"Creo que busco un imposible. Un chico aventurero, curioso, inquieto, inteligente... y que a la vez sea responsable, serio, formal."
"Pues sí, la verdad que ese perfil que planteas es bastante complicado de encontrar."
" Bueno, no sé. ¿Alguien como tu?"
Momento en el cual clavé frenos y dije "Ni se te ocurra. Porque lo siguiente es alguien como tu, que no eres tu y tendré que mandarte a la mierda. " Los dos nos reímos. Porque sabiamos que era así. Cuando uno tiene una confianza tal con una persona, realmente es tu tipo de guay. Cuando eres tu mismo en todas sus dimensiones, cuando compartes así, sabes que estás con la gente adecuada. Dicen que uno se siente atraido por las virtudes y se enamora por los defectos. Yo estoy enamorado de los defectos de mis amigos. Lo único que lamento, animal gregario que soy, es que no hay quién los pille. A mis compis de mochila (los dos, L y R. Que curioso, como Left and Right) no los veo (ni contacto virtualmente) desde hace meses. A mi princesa favorita la he visto media hora y una tarde en tres meses, y eso que vive aquí al lado. Y estos son dos ejemplos random. Aún así, hay que reconocer que existe un valor de calidad sobre cantidad y eso es lo que hace que merezca la pena. Al final todo son elecciones. ¿Me compensa o no? Y ahí decides. Y fundamental, conocerse a uno mismo y conocer a la otra persona. No le puedes pedir a nadie algo que no puede dar, pero si puedes pedir lo que das tu. Así que relacionate con gente que entienda eso.

De estereotipos y percepciones


" Así que te comportaste como un perfecto caballero."
" La mina no tiene criterio ninguno."

Como persona absolutamente exagerada (los andaluces manejamos la hiperbole que da gusto; te he dicho sieneh y sieneh de vehse), esas dos frases que he recibido (una con un marcado carácter étnico pero aún así facilmente comprensible para aquellos de fuera de Castilla) me han sorprendido. La primera porque es una metonimia (lo  he tenido que buscar en google, definición de la parte por el todo) y la segunda porque es una ignorancia de un rasgo para explicar una situación. Como cuando cogemos una foto, borramos a alguien que no nos apetece que aparezca ahí y cambia totalmente el sentido de la composición.

Ya ayer escribí sobre que percibimos la realidad a través de numerosos filtros. A los filtros "temporales" que dije ayer debemos sumar aquellos más firmemente asentados, nuestra cultura. Un prejuicio se convierte en cultura al cabo de mucho tiempo, pero una vez lo hace ya no conseguimos quitarnosla ni con agua caliente. Ya deja de ser algo "que pensamos que es así" para "ser así". Esa figura del "perfecto caballero" de la que hablaba mi colega (a veces es jodido encontrar una palabra neutra en español), lleva consigo una serie de juicios de valor asociados que, dependiendo del contexto, serán positivos o negativos. Pero es lo que en programación se denominaría un "objeto", una serie de variables reunidas en una única etiqueta o un objeto de objetos. En este caso, un conjunto de caracteristicas y juicios, un rol. Una figura de cartón detrás de la que esconder a una persona de verdad.
No, no me comporté como un perfecto caballero. No puedo hacerlo. Soy lo que soy. Pero tampoco quiero encontrarme encasillado en un rol, prefiero ser más fluido y deshacerme entre los huecos. Prefiero ajustar mi comportamiento al entorno, dar lo que recibo y ser yo mismo. Realizar una evaluación constante. Y por favor, evitar las etiquetas. Son tan insalubres.

En cuanto a la segunda frase, estamos ante un caso de zoom. Aplicamos a otra persona nuestra óptica del mundo y el resultado que nos da produce una sensación de superioridad moral que nos satisface. Es érroneo. Todo el mundo tiene criterio, aunque no se ajuste a los patrones que nosotros aplicamos. Estamos aplicando un zoom tan lejano que se nos escapan los detalles y nos confundimos a la hora de identificar. Es un error. Vemos una mancha y pensamos que es un coche. No tiene porqué. Aún así me gusta lo directo del lenguaje, lo explicito de la prosa.

Tanto en un caso como otro, estamos aplicando filtros que no nos corresponde aplicar. Pero resulta divertido, siempre y cuando evitemos convertirlo en costumbre. La realidad es demasiado compleja y a la vez demasiado simple para analizarla en terminos tan absolutos. Mejor fluir. Mejor dejarse fluir.

sábado, 22 de octubre de 2016

Percepción y realidad


Hace muchos años me contaron un chiste que decía así.
- ¿Cual es la diferencia entre una puta y una hija de puta? Una puta se acuesta con todos. Una hija de puta se acuesta con todos menos contigo.

Y en la primera frase ya me he cargado el principio de mi anterior artículo de no levantar ampollas. Palabra prohibida en Cádiz, por cierto, por su rima fácil. Y hablando de brevedad, ¿sabéis ese que dice "cuente brevemente una historia que incluya religión, sexo, monarquía y misterio: "¡Dios! ¿Quién se ha acostado con la reina?".

Volviendo al tema, tras esta introducción o proemio (no sé si estoy de resaca o borracho, pero la manzanilla entra que da gusto), voy a hablar de mi libro. De un tiempo a esta parte vengo percibiendo señales equivocas. Como ya he escrito alguna vez, lo que pensamos que es la realidad objetiva no existe. Solo existen nuestras percepciones de esta que, aunadas, dan lugar a un imaginario colectivo. Como planteaban en "Matrix", el hecho de que miles de personas piensen que el agua cae en un sentido no significa que lo haga, sino simplemente que todos se han puesto de acuerdo en interpretar sus percepciones en una determinada dirección. El éxito, como acostumbra, conlleva su propia inercia. Y como dijera Hannah Arendt, polemica como ella sola, cuando la masa empuja en una dirección es un acto de valentía asombroso cuestionar.
Aún así, dado que aún no soy capaz de conectarme a la Mente Colmena y dejar que los prejuicios, opiniones, creencias y, en general, sistemas mentales del colectivo me posean, sigo limitado a mi escasa percepción humana. A lo que me dicen mis sentidos e interpreta, abstrae, analiza y cognisciona (¿esa palabra existe? mi mente. Claro que todos esos procesos mentales se encuentran viciados por mi estado mental, mi salud, mis experiencias y, en general, lo que en inglés se llama "mood" o estado de ánimo.

¿Y a qué viene todo esto? A que, de un tiempo a esta parte, sufro una percepción de pagafantismo. Lo cual es pésimo para mi autoestima. Hace una semana tuve una discusión con una amiga, chica inteligente, que resumió en "ok ok. Dejaré de tratarte como si fueras una amiga mía". Eso es importante. Chicas, recordad. Aunque él sea un chico sensible e inteligente y os escuche, sigue estando al otro lado de la valla. Es como los jefes o los padres; nunca dejan de serlo. Puede parecer tu amigo, puede escucharte y comprenderte, pero cuando llegues a casa dos horas tarde oliendo a whisky te va a fulminar con dos semanas de castigo.
¿Y en que se traduce esto? Como dijera Karen (hoy es día de citas: "Nao come diante de pobre nao" -me encanta esa doble negación brasileña- ). El fallo es mío, claro. Doy pie a que la gente se sincere conmigo y me cuente cosas que no estoy preparado emocionalmente para manejar. Y lo hago asumiendo roles que se pueden malinterpretar. Con lo que termino sufriendo por exposición, por inconsciencia y, curiosamente, sin recibir ningún refuerzo positivo. El otro día pensaba que me gustaría enamorarme. O sentirme atraído. Algo. Y me resulta curioso que, sin haber recibido los estimulos positivos (mariposas en el estomago y etc) sí he recibido los malos (perdida de autoestima y sensación de inutilidad, etc). Aunque bueno, menos drama. No ha habido celos ni inseguridad, así que not 100% bad.

Todo esto solo para explicar que he tenido una semana mala en lo sentimental, en un mes malo en lo sentimental, en otro año malo en lo sentimental. Aunque, como decía alguien más sabio que yo (probablemente con barba), si va bien es una historia; si va mal una lección. Y como dijera el Doc, "Nada puede contigo, es cosa tuya". Es percepción contra realidad y podemos ajustar la percepción a nuestra interpretación de la misma. Y nuestras relaciones las vamos definiendo a medida que van teniendo lugar y no tenemos más limites que nuestra voluntad, nuestra capacidad de comunicación y lo que valoremos dicha relación. Todo esto entendiendo como "nuestra" por ambas partes. Así que bien. A por ello. Vamos a vivir otro día.

jueves, 20 de octubre de 2016

Que poco mundo tengo


Hoy he hecho algo asombroso. He ido a comer a un restaurante. Con compañeros y gente de mi edad y un poco mayores. Alguien había reservado mesa. Hemos visto el menú. Hemos pedido y nos han ido sirviendo. Se ha hablado de trabajo pero bien, sin faltar ni quejarse. Se han contado historias y han sido divertidas. Y ahora la gente está tomando copas por ahí.

Y me ha encantado. He estado super a gusto, me he reído. Me sentía solo y triste y de repente no. Y al agradecerles que me invitaran me he dado cuenta de que algo, perfectamente normal para cualquiera, para mí no lo es. Que la ropa adulta, las comidas adultas, la vida adulta, no son para mí. Hace años, cuando aprobé mi oposición, decidí cambiar. Decidí que quería probar a ser un adulto y tener responsabilidades y vivir como uno.
No funcionó, claro. Y como le decía a Mar hace un año, "sé hacer un petate y dormir en un aeropuerto y viajar por el mundo, pero no sé lo que es pasarte un fin de semana encerrado en una habitación con tu novia. " Tampoco sé lo que es irte de viaje con una pareja. Ir a una cena de empresa. Comprar ropa "bien". Colgar posters. Y tantisimas cosas que se supone vas haciendo a medida que te vuelves adulto y que yo me salté y no he conseguido recuperar.

Y sin embargo, estoy contento. Y me siento bien. Y sé que las cosas irán mejor. Hoy estoy agradecido por lo bueno y quiero seguir estandolo. Vivir. Aprender. Disfrutar. Porque aunque sepa muchos idiomas y muchos datos útiles o inútiles, me queda tanto por descubrir... y eso me encanta. Así que muchas gracias y a seguir con ello. Un abrazo y gracias a los compis del curso.

miércoles, 19 de octubre de 2016

Sobre idiomas y mascaras

Antes estaba haciendome la cena y pensaba que, en este mundo ultracomunicado, existen demasiadas barreras a la opinión y el concepto de "intimidad" es complicado de equilibrar. Sin ir más lejos, este blog es un espacio personal en el que escribo lo que me apetece, para consumo personal. Pero así y todo existen determinadas opiniones que no me atrevo a poner, bien por ser demasiado personales, bien por estar sometidas al juicio público de cualquiera que pase por aquí, lea y opine.
Ya hablé en cierta ocasión del concepto de "judgemental". Me parece terrible la facilidad con la que cogemos una información, troceamos la parte que nos gusta/interesa y nos limitamos a ella.  Hemos creado un clima en el que, en lugar de compartir libremente las ideas y expresarnos desde el respeto y la armonia, nos pasamos el día buscando motivos para sentirnos ofendidos o encontrar algo que nos separe. Es molesto, porque considero que un debate "conflictivo" es enriquecedor, pero no tengo tiempo ni ganas de enfrentarme a trolls que solo buscan una forma de satisfacer su ego, sus ansias de justicia o su necesidad de mostrar fidelidad al canon establecido. En "Piromides", Terry Pratchett mostraba de forma absurda como, una vez convencido realmente de algo, una persona no necesita una ley que lo domine. Él se convierte en su propio carcelero. A muchos que se nos llena la boca protestando de la dictadura de lo políticamente correcto y como en muchas ocasiones esa doctrina se ha salido de la realidad, no nos vendría mal dedicar un momento a plantearnos si lo nuestro no es más que una pataleta y una reacción.
Digo esto porque, sinceramente, me habría gustado escribir una reflexión sobre el brutal asesinato de una adolescente en Argentina y no me atrevo, porque me gustaría dar un enfoque alternativo y, en este tipo de temas, todo lo que sea salirse de la línea blanca de lo que marcan los medios y las opiniones es entendido como complicidad con los criminales. Y estaría interesante, opino yo, apartar la vista del cadaver y fijarnos en otras cosas, si queremos hacer una reflexión rica.
Pero no me atrevo. Y esa es una tragedia de nuestro tiempo.

La otra tragedia sobre la que quería reflexionar es como empleamos el idioma como barrera y, lo más preocupante, como no somos conscientes de ello. Actualmente la lingua franca es el inglés. Yo, que tengo amigos de demasiados países, cuando quiero compartir algo que considero interesante en FB u otra red social lo comento en español y en inglés. Es mi forma de decir "chicos, esto os puede interesar". Si lo pongo en español solo, entiendo que es porque un tema local que a ellos se les va a escapar. Aún así, de un tiempo a esta parte casi todo lo comento en ambos idiomas. No es un acto especialmente generoso por mi parte -para las parrafadas tengo el blog-, sino una mera cuestión de integración. Quiero que mis amigos que no hablan español participen de mis tonterías, opiniones, reflexiones, debates. Aunque en virtud de la primera parte de este artículo no me estiro mucho, a veces no puedo evitarlo. En cambio, concretamente en España, me encuentro con gente que elige colocar sus mensajes en idiomas regionales. No tengo nada en contra de la reafirmación de la identidad a través del idioma, yo mismo soy una persona con mucho acento. Curiosamente, en Madrid me he visto obligado a renunciar al acento y hablar un español "neutro" (o todo lo neutro de lo que soy capaz) por la incapacidad de la gente de esta ciudad de entender algo que no identifiquen como propio.
Tanto en un caso como otro, me encuentro con el idioma como una barrera y un desafío, lo cual me resulta agotador. Hace veinte años tener un acento exótico era algo valorado y viviamos en un país donde se celebraba su diversidad. Ahora vamos caminos de reinos de taifas lingüisticos, que no solo no se conocen sino que ni siquiera se entienden. Y me resulta sorprendente y un poco triste que la globalización, esa gran oportunidad para la Humanidad, vaya camino de ser una especie de Unión Europea; libre movimiento de capitales, pero incapaz de una verdadera unión política o cultural por nuestra ansia de afirmar una identidad mediante el conflicto.

Quizás es que hoy estoy un poco de bajona. Será el tiempo.

domingo, 16 de octubre de 2016

Tanta hambre


Este ha sido un fin de semana raro. Ya estoy mejor, ea ea. Hacía falta un descanso y un poco de otra perspectiva. Vamos tirando.
Ayer fue día de cumpleaños. Me cogió a pie cambiado encontrarme con que, a su estilo y manera, soy muy importante para alguien. Gracías. A veces el tiempo y la distancia te hacen olvidar las emociones y es bueno que te las recuerden.
También ayer fue día de cumpleaños dos. Hice un regalo y estuvo bien. Es bonito ver a la gente alegrarse y que le gusta algo. Estuve en una fiesta. Había bastante gente. Basicamente dividida en dos grupos, los que aún no saben de que va la vida y tienen curiosidad, miedo y ganas (los demasiado jovenes) y los que ya saben de que va y tienen frío, miedo, cansancio y hambre (los demasiado viejos). Los primeros son refrescantes y hacen un guacamole fantástico. Los segundos... dan un poco de cosa. Aún así, yo me temo que estoy más en el grupo de los segundos que de los primeros así que me toca bailar la musica, ya que estoy en la pista.
También vi gente guay que hacía mucho que no veía. Me alegra ver que les va bien, aunque sé que, dentro de unos meses si todo sale bien, esa gente quedará por la popa y dentro de un tiempo no serán ni siquiera un recuerdo. Pero es ley de vida. Unos vienen y otros se van, y solo se quedan los que nadan en tu misma dirección durante este momento. La vida es un camino.
Lo que me sorprendió fue eso que titulo, el hambre. Gente buscando compañia como quien se agarra a un clavo ardiendo. Miradas complices, celos. Tanto rollo telenovela, cuchillos debajo de las sonrisas, faldas cortas de matar, camisetas ceñidas de matar. Y mientras las balas cruzan por encima de tu cabeza, algunos solo queremos tener una conversación interesante.
Y en un momento dado, te das cuenta de que has cruzado una barrera. Y has pasado de ser "ese chico raro amigo de no sé quién" a "esa atracción de circo amigo de no sé quién". Puede ser el alcohol. Pero nunca me he sentido a gusto presumiendo, ni estando fuera de lugar. Pero a veces no puedo evitarlo y resulta que soy lo más interesante en metros a la redonda. No quiero esa fama. No quiero esa sensación. Así que me vuelvo a las sombras y dejo que todo pase, porque aunque creemos haberlo dejado seguimos en la infancia, buscando algo en lo que creer, alguien a quién admirar.
Tonterías. Necesitamos seguir nuestra propia sombra, en lugar de buscar totems a los que adorar. Y mientras, nadie escucha la musica y yo sigo preguntandome cual es mi juego. Y hoy se me ha ocurrido que, quizás, el día que caiga al barro de las emociones perderé toda la perspectiva que me hace saber, entender, pensar. Decía Steven Eriksson en una novela que amar a distancia es como las aguas estancadas, que son seguras porque no tienen vida. O algo. Y yo, cuando veo ese hambre, me doy cuenta de que la mía, atemperada por una dignidad distante, una especie de bushido del Dr Juan, no está tan mal. Aún estoy bien. Aún puedo sentir esperanza.

viernes, 14 de octubre de 2016

Expectativas y cartas


Hoy me decía una amiga algo curioso. Según parece, mi dolor de muelas puede deberse a que estoy enfadado con un hombre. Al menos según ella, que es cardiologa, debido al psicosomatismo esa rabia puede transformarse en dolor. Curioso.
No lo sé. El caso es que hablamos de como las expectativas que se generan en torno a una persona producen frustración, y dicha frustración se convierte en dolor. El lunes me sentí inspirado después de un buen fin de semana en Cádiz (curioso como, cuando estamos mal, cualquier pequeña cosa se convierte en un gran acontecimiento) y me harté de escribir cartas. Van a la basura. La gente a la que iban dirigidas no está o no se la espera. Y en cierto sentido eso es frustrante pero por otro lado... es una lección de vida. Un esfuerzo que hagamos pensando en una persona nunca está mal. El esfuerzo es algo bonito y el cariño, la buena voluntad y las ganas de compartir algo son una cosa positiva. Aunque a veces parezca que nos equivocamos pero... si algo no es una buena experiencia es una lección. Así aprendemos.

No sé. A veces simplemente estás cansado. A veces parece que todo Dios se lo está pasando genial y está haciendo montones de cosas, mientras tu vas de casa al trabajo y del trabajo a casa. A veces parece que todo Dios está siendo super mimado mientras tu no. A veces, parece que estás andando en circulos mientras que todo Dios avanza a toda velocidad.
Ese es el momento de tomarse un respiro y sacar la cabeza de la caja. Es el momento de darse cuenta de que, por un par de días, alguien te recibe con un abrazo cuando vuelves de trabajar. Que, aunque tu trabajo está lejisimos de hacerte feliz, haces cosas interesantes y te pagan por ello. Que hay gente buena a tu alrededor que te trata con respeto y cariño. Que aunque haga frío y estés lejos de casa, al menos tienes un piso donde cobijarte, libros y té.
A veces hay que darse cuenta de que, una carta, es tan importante como nosotros queramos que sea. Como todo lo demás. Y que mañana, si nada lo impide, podrás dormir hasta que quieras. ¿Qué más necesitas? Las cosas irán saliendo. Poco a poco. Pero deja que las expectativas se vayan al lugar al que tengan que irse y continua con tu vida, día a día. Día a día.

jueves, 13 de octubre de 2016

Quien con niños se acuesta....


Hace unos fines de semana me pasó algo curioso. Hice un viaje para ver a alguien que sabía que aquello no iba a acabar bien. Pero a veces, un caballero tiene que dejarse engañar. O quizás es el aburrimiento. O la falta de objetivos.
De una forma o de otra, me dejé utilizar. Y después me he encontrado con que, al intentar volver a establecer contacto con esa persona, me han rechazado con un "no tengo tiempo para juegos". Curioso. Porque precisamente quién hizo planes y organizó mi vida sin consultarme no fui yo. Pero son cosas que pasan cuando uno se relaciona con personas que no están en la misma onda en la que uno se encuentra.
No es la primera vez que me pasa. En el último año creo que la mayoría de chicas que he conocido estaban en esa escala. Y el fallo, obviamente, es mío. Uno no puede pedirle a nadie algo que esa persona no es capaz de dar. Es una situación que solo produce frustración y malentendidos, como es el caso. Así que quizás sea tiempo de hacer un analisis, decidir que es lo incorrecto y orientarlo en una nueva dirección.
Ahora estoy algo contento. Falta menos para Navidades y tengo ganas de que pasen cosas buenas. Ya iremos viendo. Pero es interesante ese momento de reflexión en el que uno se para, dice "¿Qué he hecho?" y luego decide si quiere seguir así o quizás es tiempo de cambiar. Quizás es tiempo de cambiar. Porque si uno quiere algo diferente tiene que probar cosas diferentes.
Buenos días gente. Disfrutadlo

miércoles, 12 de octubre de 2016

Feliz día de la Hispanidad


Hola gente.

No suelo hacer esto, pero  hoy voy a escribir algo sobre política. Como la mayoría de los que me conocéis sabéis, para mí el Día de la Hispanidad es un día genial. Celebro que tengo una cultura y un lenguaje común con quinientos millones de personas, que estamos extendidos por todo el mundo. Celebro que hay gente en Rusia, Bulgaria, Inglaterra, Alemania, que coge aviones y libros y va a clases y se esfuerza por entendernos y compartir con nosotros. Celebro una forma de vida.
Pero de unos años aquí existen determinados grupos políticos empeñados en aguarme la fiesta. En denunciar que se celebra el genocidio de las culturas nativas americanas (que, exceptuando en Chile y en los territorios colonizados por anglosajones, en su mayoría no han sido destruidas sino asimiladas), la injerencia de un Imperio en unos territorios soberanos y, en general, lo hijos de puta que somos los españoles.
Miren, perdonen uds caballeros, pero vayanse a tocar la pandereta a otra parte. Mi último intento de racionalizar esto en facebook acabó con alguien llamandome estúpido. Quizás todos tendriamos que aprender un poco lo que significa el respeto. Denunciar situaciones presentes acusando al pasado me parece una forma muy cobarde de mirar el presente. Brasil lleva casi doscientos años de Independencia e insisten en ser pobres porque los portugueses los saquearon. Si hoy en día los indios americanos están discriminados no es porque Cristobal Colón descubrió unas islas hace quinientos años. Y yo, que lo que celebro es el hecho de poseer una cultura común y ser parte de un movimiento global hermoso e inspirador, no tengo porqué agachar la cabeza porque alguna gente no ha madurado y está empeñada en trasladar sus traumas personales al primero que pase por ahí.

Dicho esto, quiero volver a sonreír. Hoy llueve. Ayer escuché a los Guardias Civiles cantar su himno porque, no lo sabía yo, es su día grande. Me alegro también por ellos, esa gente de verde empeñada en que los demás vivamos seguros y tranquilos. Hoy llueve y el desfile será un desastre, tengo tarea, pero puedo escribir en este hermoso idioma que me legaron mis antepasados. Puedo mirar al mar, sabiendo que a cinco o seis horas de diferencia existe gente que habla mi idioma, conoce una religión similar a la mía, tiene un concepto de familia parecido, come cosas del estilo. Puedo recorrer la ciudad señalando cosas en común y cosas distintas con gente de Perú, Ecuador, Puerto Rico, Argentina, Colombia,... Puedo leer a Garcia Marquez o a Benedetti, escuchar a Pepe Mújica, ver videos de profesores y psicologos argentinos, escuchar a políticos colombianos, ver cuadros mexicanos. Puedo saludar a tantos amigos del otro lado del mundo en nuestro idioma. Y el que sea eso, nuestro, es algo para celebrar. Así que una sonrisa, señores. Gracias por compartir y crear y creer.

domingo, 9 de octubre de 2016

Un toque aleatorio


Hace poco hablaba de lo triste que es la falta de comunicación moviendose por el mundo. Y precisamente hoy me ha pasado lo contrario. Me he sentado en el tren con el móvil, en un momento dado he levantado la cabeza y había ahí una señora. "Oh, disculpe. Estaba metidisimo en esto". Y nos hemos pegado el viaje, cuatro horas, hablando. Ha sido interesantisimo, porque empiezas tratando temas neutros (origen y destino, trabajo, noticias) y poco a poco van surgiendo historias. Opiniones. Cuestiones personales. Consejos. Es mucho tiempo y te da para tratar a la persona que tienes al lado pero, sobre todo, para tomar una impresión de su actitud general.
Yo intento ser una persona positiva. Mi hermano me enseñó que, si uno quiere, puede sacar una sonrisa casi de cualquiera. Y es bueno eso. Yo creo que, si podemos, tenemos que intentar mejorar el mundo. Hacer feliz a la gente. Apoyarles. Y a veces, eso te viene de vuelta. A veces das con alguien que está en una onda parecida y que cree que el mundo merece la pena.
Esto es más fácil con viajeros, claro. Ellos ya están mentalmente condicionados a salir de su zona de confort. Han decidido irse a otro sitio, probar otras cosas. Gente así reacciona facilmente a una visión positiva del mundo. Quieren que las cosas sean mejores. Y a veces, basta con eso. Con querer, para poder cruzar esa barrera que nos separa de otra persona, de un nuevo libro, de otra historia y volver a conectarnos con nosotros mismos, con nuestro optimismo, nuestra curiosidad. Podemos volver a ser ese niño que mira por la ventana y señala "¡mire mire! ¡campos de algodón!" como si fuera algo nuevo. Como si todo el mundo fuera algo nuevo y pudieramos aprender, descubrir, crear cada día.

Ha sido un buen fin de semana. Poder sentarse en la playa con un libro y oír el mar. Tumbarse en el sofá y rascarle la garganta al perro de tu hermana, que te golpea con la pata en el hombro "Penny, penny, penny" para que le acaricies y le mimes. Cuidame. Soy especial. Y sobre todo, poder sentirse uno mismo. El hogar es donde queremos y somos queridos, como le decía hace un rato a Olena. Por eso el hogar es importante. Porque el hogar es donde recuperamos energías para seguir creando historias que merezcan la pena ser contadas.

jueves, 6 de octubre de 2016

Tribalismo y racismo


Hola buenas. Hoy voy a ser breve, que estoy con algo de prisa. Llevo unos días dandole vueltas a este tema, en parte a raíz de algo que leí en "The War Nerd" y en parte debido a una amiga que va a viajar dentro de poco.
En la historia de la humanidad, siempre ha existido en mayor o menor grado xenofobia. El ser humano, como todos los primates superiores, es tribal. Hace no mucho leí sobre una guerra de genocidio entre chimpancés que duró casi veinte años, hasta que una de las tribus exterminó absolutamente a la otra. Mujeres y niños incluidos, o hembras y crias si les parece menos crudo.
El caso es que, siendo esta la norma, la cuestión tribal no ha sido casi nunca estrictamente racial. En tiempos en que el Estado-Nación no era la norma, la filiación se debía a la familia, a la ciudad, al gremio, y se manifestaba mediante una multitud de detalles. Ropa. Lenguaje. Gestos. Yendonos a un pasado casi mitologico, un romano lo era en virtud de su lugar de nacimiento, no del color de su piel ni del de su pelo. La versión cientifica del racismo, como la conocemos en Occidente, surge del proceso de colonización en sus dos vertientes, la de "castas raciales" española y la binaria de "puros/impuros" anglosajona.
Pero en buena parte del mundo, el tribalismo continua en el modelo clásico, en el que uno puede pertenecer a una tribu por adscripción, por matrimonio, por adopción, por herencia. O por el contrario versele vedado el acceso a la misma precisamente por esos mismos motivos. Hace años conocí a una chica, rusa, de padre judio y madre árabe. Dado que los judios establecen el linaje por la madre y los árabes por el padre, esa chica no tenía tribu. Así de lógicos y racionales somos los seres humanos.
Todo esto, por supuesto, independientemente de su lugar de nacimiento, color de piel u otros rasgos que en Occidente usamos para establecer barreras entre nosotros. Cuando fui a Inglaterra, en el cuestionario medico me preguntaban por mi origen racial. Recuerdo haber dudado entre "caucasico nordico", "mediterraneo" y no sé que otra había. Al final no puse nada. ¿No es señal de que un sistema de clasificación nos resulta ajeno cuando no somos capaces de alinearnos dentro de él?

Pero me he ido del tema. El tema de este artículo, divagaciones aparte, es que debemos tener en cuenta que da igual lo asumido que tengamos como "natural" nuestro sistema de creencias. Hay otros. Y debemos estar dispuestos a adaptarnos, a aceptar otros y a cambiar nuestro modo de penar para adaptarnos al entorno. Volviendo al ejemplo de mi amiga, en Oriente Próximo la raza es algo secundario con respecto a la tribu y cualquiera de estos dos asuntos son infinitamente más importantes que la nacionalidad a la hora de constituir la identidad de un ser humano concreto. Hariamos bien en recordarlo, cuando intentemos comprender lo que sucede en otras latitudes, que no en todas partes el ser humano se relaciona igual. Somos tribales, sí, pero ese tribalismo toma distintas formas. 

sábado, 1 de octubre de 2016

Lealtad reciproca y karma


El otro día me pasó una cosa curiosa que hoy le comentaba a una amiga. Me encontré con un jefe que me hizo una pregunta y me puso en un compromiso. Yo no podía darle una respuesta positiva, pero tampoco podía mentirle. Me vi obligado a regatear y salir del paso, hasta el punto de que me sonrojé. Se lo contaba a mi amiga y me decía, riéndose, "¿al jefe no se le miente?".

Y claro que no. La lealtad reciproca, tal y como me explicó d. Salvador hace muchos años, consiste en que uno no puede pedir lo que no da. Si yo no juego limpio con el jefe... ¿como puedo esperar luego que juegue limpio conmigo? Claro, el primer paso lo doy yo. Pero porque el principal interesado en que mi vida siga un ritmo adecuado, que haya cosas positivas y un espíritu adecuado... soy yo. ¿Por qué tengo que actuar pasivamente? Es mi vida. Yo la dirijo.

El karma, en cierto sentido, es algo parecido. No creo que exista una relación lineal causa-efecto... pero si existen tendencias y actitudes. Y según nos sintamos, producimos. Hay un tono general. Recuerdo que hace tiempo uno de mis jefes me dijo que yo "creaba muy buen ambiente de trabajo" y que "era muy fácil trabajar conmigo". Es un piropo enorme y lo tengo a mucha honra. Hasta ahora en todos los sitios donde he trabajado la gente ha estado contenta conmigo porque, bueno, yo entiendo que existe un objetivo y ya el tema del "como" es donde podemos moverlo. Y lo adecuado, lo bueno, es moverlo de forma que estemos comodos los más posibles y podamos aportar. Decía Simon, un jefe que tuve en Inglaterra, que "hay que dejar que la gente florezca". Algo así. El karma, queridos niños y niñas, consiste en dejar que las cosas florezcan. Y tener fé y fuerza.

Ya me he liado con otra cosa. ¡Hablamos! Disfrutad vuestro día

El lujo es privilegio


Hace tiempo que llevo dandole vueltas a algo que me intriga sobre mí mismo. ¿Por qué no me gusta el lujo? Es una cosa extraña. Todo el mundo a tu alrededor desea algo... y tu te preguntas porqué tu no. Aunque tengo una sospecha.

El año pasado en Inglaterra Jeremy Corbyn se hizo muy famoso de repente. La clave de su discurso era una palabra complicada de traducir: Inequity. La traducción más literal sería "desigualdad". Lo complicado de la traducción es que nosotros la desigualdad la entendemos como algo meramente económico, mientras que en el mundo anglosajón se refiere (de una forma bastante lógica) a una desigualdad legal, moral y económica. Es decir, no consiste solo en que el dinero esté repartido de forma parcial, sino que la posesión del dinero lleva aparejada una situación legal y moral de superioridad. Cuando Jeremy Corbyn protestaba contra la desigualdad no lo hacía contra el hecho de que unos tuvieran más dinero que otros, sino contra el hecho de que los que tenían más dinero estaban manteniendo una verja de acero en torno a sus privilegios, separando la sociedad.

Hoy me he perdido en el Aeropuerto de Barajas y me he visto en medio de la zona de pasajeros-vip. No es una zona especialmente limitada. Vas andando por un pasillo y, a la derecha, hay unas salas cerradas con un acceso. Yo buscaba el metro y, efectivamente, estaba ahí. Solo que desde la zona vip había una pasarela desde la que mirar a los que toman el metro, antes de salir a la calle donde un taxi o un coche les recogerá.

Pasando por ahí entendí mi problema con el lujo. El lujo, en su forma más cruda, no es más que esa pasarela por encima de los pobres desgraciados qeu cogen el transporte público. El lujo es privilegio. Es la manifestación física de tu superioridad económica, moral y legal. En un lugar por donde transitan miles de personas al día, el lujo es asomarse a la ventana y decir "mira esos pobres desgraciados".

Ese es mi problema con el lujo. Tener un salario mayor por una mayor cualificación o responsabilidad, que existan diferentes productos con diferentes niveles de calidad... eso me parece no solo natural sino sano. Entiendo que haya menús de diez euros y menús de cincuenta. Pero cuando el menú se va a los doscientos euros, ya hay algo raro ahí. La persona que se compra un coche con un cenicero de oro no está comprando un mejor producto; está dando un mensaje al mundo. Y ese mensaje es contrario a mi naturaleza porque, por un lado, no es práctico (ese oro gastado en la vanidad de una persona podría perfectamente invertirse en algo mejor para la comunidad) y por otro lado, es una falta de respeto a todos aquellos que no pueden.

Quizás, en esa mezcolanza de filosofías, creencias y estilos que me han ido cayendo a lo largo de años de viajes, lecturas y experiencias, me he vuelto demasiado estoico, demasiado espartano. A veces me planteo que clase de bloqueo mental tendré que me impide disfrutar de cosas perfectamente disfrutables. Pero en esto creo que tengo razón. En el punto en que la excelencia se convierte en privilegio, deja de ser para mi.