sábado, 1 de octubre de 2016

Lealtad reciproca y karma


El otro día me pasó una cosa curiosa que hoy le comentaba a una amiga. Me encontré con un jefe que me hizo una pregunta y me puso en un compromiso. Yo no podía darle una respuesta positiva, pero tampoco podía mentirle. Me vi obligado a regatear y salir del paso, hasta el punto de que me sonrojé. Se lo contaba a mi amiga y me decía, riéndose, "¿al jefe no se le miente?".

Y claro que no. La lealtad reciproca, tal y como me explicó d. Salvador hace muchos años, consiste en que uno no puede pedir lo que no da. Si yo no juego limpio con el jefe... ¿como puedo esperar luego que juegue limpio conmigo? Claro, el primer paso lo doy yo. Pero porque el principal interesado en que mi vida siga un ritmo adecuado, que haya cosas positivas y un espíritu adecuado... soy yo. ¿Por qué tengo que actuar pasivamente? Es mi vida. Yo la dirijo.

El karma, en cierto sentido, es algo parecido. No creo que exista una relación lineal causa-efecto... pero si existen tendencias y actitudes. Y según nos sintamos, producimos. Hay un tono general. Recuerdo que hace tiempo uno de mis jefes me dijo que yo "creaba muy buen ambiente de trabajo" y que "era muy fácil trabajar conmigo". Es un piropo enorme y lo tengo a mucha honra. Hasta ahora en todos los sitios donde he trabajado la gente ha estado contenta conmigo porque, bueno, yo entiendo que existe un objetivo y ya el tema del "como" es donde podemos moverlo. Y lo adecuado, lo bueno, es moverlo de forma que estemos comodos los más posibles y podamos aportar. Decía Simon, un jefe que tuve en Inglaterra, que "hay que dejar que la gente florezca". Algo así. El karma, queridos niños y niñas, consiste en dejar que las cosas florezcan. Y tener fé y fuerza.

Ya me he liado con otra cosa. ¡Hablamos! Disfrutad vuestro día

No hay comentarios:

Publicar un comentario