domingo, 16 de octubre de 2016

Tanta hambre


Este ha sido un fin de semana raro. Ya estoy mejor, ea ea. Hacía falta un descanso y un poco de otra perspectiva. Vamos tirando.
Ayer fue día de cumpleaños. Me cogió a pie cambiado encontrarme con que, a su estilo y manera, soy muy importante para alguien. Gracías. A veces el tiempo y la distancia te hacen olvidar las emociones y es bueno que te las recuerden.
También ayer fue día de cumpleaños dos. Hice un regalo y estuvo bien. Es bonito ver a la gente alegrarse y que le gusta algo. Estuve en una fiesta. Había bastante gente. Basicamente dividida en dos grupos, los que aún no saben de que va la vida y tienen curiosidad, miedo y ganas (los demasiado jovenes) y los que ya saben de que va y tienen frío, miedo, cansancio y hambre (los demasiado viejos). Los primeros son refrescantes y hacen un guacamole fantástico. Los segundos... dan un poco de cosa. Aún así, yo me temo que estoy más en el grupo de los segundos que de los primeros así que me toca bailar la musica, ya que estoy en la pista.
También vi gente guay que hacía mucho que no veía. Me alegra ver que les va bien, aunque sé que, dentro de unos meses si todo sale bien, esa gente quedará por la popa y dentro de un tiempo no serán ni siquiera un recuerdo. Pero es ley de vida. Unos vienen y otros se van, y solo se quedan los que nadan en tu misma dirección durante este momento. La vida es un camino.
Lo que me sorprendió fue eso que titulo, el hambre. Gente buscando compañia como quien se agarra a un clavo ardiendo. Miradas complices, celos. Tanto rollo telenovela, cuchillos debajo de las sonrisas, faldas cortas de matar, camisetas ceñidas de matar. Y mientras las balas cruzan por encima de tu cabeza, algunos solo queremos tener una conversación interesante.
Y en un momento dado, te das cuenta de que has cruzado una barrera. Y has pasado de ser "ese chico raro amigo de no sé quién" a "esa atracción de circo amigo de no sé quién". Puede ser el alcohol. Pero nunca me he sentido a gusto presumiendo, ni estando fuera de lugar. Pero a veces no puedo evitarlo y resulta que soy lo más interesante en metros a la redonda. No quiero esa fama. No quiero esa sensación. Así que me vuelvo a las sombras y dejo que todo pase, porque aunque creemos haberlo dejado seguimos en la infancia, buscando algo en lo que creer, alguien a quién admirar.
Tonterías. Necesitamos seguir nuestra propia sombra, en lugar de buscar totems a los que adorar. Y mientras, nadie escucha la musica y yo sigo preguntandome cual es mi juego. Y hoy se me ha ocurrido que, quizás, el día que caiga al barro de las emociones perderé toda la perspectiva que me hace saber, entender, pensar. Decía Steven Eriksson en una novela que amar a distancia es como las aguas estancadas, que son seguras porque no tienen vida. O algo. Y yo, cuando veo ese hambre, me doy cuenta de que la mía, atemperada por una dignidad distante, una especie de bushido del Dr Juan, no está tan mal. Aún estoy bien. Aún puedo sentir esperanza.

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