jueves, 20 de octubre de 2016
Que poco mundo tengo
Hoy he hecho algo asombroso. He ido a comer a un restaurante. Con compañeros y gente de mi edad y un poco mayores. Alguien había reservado mesa. Hemos visto el menú. Hemos pedido y nos han ido sirviendo. Se ha hablado de trabajo pero bien, sin faltar ni quejarse. Se han contado historias y han sido divertidas. Y ahora la gente está tomando copas por ahí.
Y me ha encantado. He estado super a gusto, me he reído. Me sentía solo y triste y de repente no. Y al agradecerles que me invitaran me he dado cuenta de que algo, perfectamente normal para cualquiera, para mí no lo es. Que la ropa adulta, las comidas adultas, la vida adulta, no son para mí. Hace años, cuando aprobé mi oposición, decidí cambiar. Decidí que quería probar a ser un adulto y tener responsabilidades y vivir como uno.
No funcionó, claro. Y como le decía a Mar hace un año, "sé hacer un petate y dormir en un aeropuerto y viajar por el mundo, pero no sé lo que es pasarte un fin de semana encerrado en una habitación con tu novia. " Tampoco sé lo que es irte de viaje con una pareja. Ir a una cena de empresa. Comprar ropa "bien". Colgar posters. Y tantisimas cosas que se supone vas haciendo a medida que te vuelves adulto y que yo me salté y no he conseguido recuperar.
Y sin embargo, estoy contento. Y me siento bien. Y sé que las cosas irán mejor. Hoy estoy agradecido por lo bueno y quiero seguir estandolo. Vivir. Aprender. Disfrutar. Porque aunque sepa muchos idiomas y muchos datos útiles o inútiles, me queda tanto por descubrir... y eso me encanta. Así que muchas gracias y a seguir con ello. Un abrazo y gracias a los compis del curso.
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