jueves, 27 de octubre de 2016

Lo ha vuelto a hacer


Hoy ha sido un día raro. Un día que ha empezado con un abrazo que no sabe a nada. Ayer un chico me dió la mano y fue un apretón de manos flojo, de esos que no transmiten nada. Soy bastante maniatico con eso; el apretón de manos es importante. Un abrazo es importante. Son gestos que dicen mucho sobre como somos, sobre como interactuamos con otros seres humanos, sobre como nos vemos a nosotros mismos.

Hoy, como decía, ha empezado con un abrazo que no sabe a nada. Luego me he conectado a masa y he intentado encontrarle sentido a mi día a día. No ha funcionado. Iba a quedar con compañeros... tampoco ha funcionado. Me han regalado tiempo libre, han cambiado mis planes y no he sabido que hacer conmigo mismo. Harto de tirar en un sentido y en otro de las cuerdas, me he hecho un nudo a mí mismo y he caído sobre el suelo del salón, una pelota informe, esperando a ver si era capaz de deshacerme los nudos sin tener que cortar.

He salido. Casi a regañadientes. Me he encontrado a esa persona tan increíble, nuestra princesa disney favorita. Yo estoy agotado. Mucho. Y le he tirado, perdonenme la expresión, un camión de mierda emocional encima. Necesitaba desahogarme con alguien y le ha tocado a ella. Ha aguantado estoica, se lo ha sacudido, me ha dado una bofetada emocional y me ha dicho que actuara como un hombre. Luego se ha reído de mí, me ha enderezado la camisa y me ha regalado un beso y un abrazo de los de verdad, de esos que se te meten debajo de la piel y te calientan cuando llueve y hace frío. He acabado el día avergonzado por molestarla con esas tonterías mías, cuando ella lucha batallas de verdad y yo mientras quejandome porque se me ha roto una uña. Y a la vez, esa bofetada me ha servido para darme cuenta de muchas cosas, para plantearme otras, para redirigirme.

El metro no estaba lejos. Una vez ahí, oculto de miradas, he abierto la caja. Había un abrazo en papel. Un regalo maravilloso, algo con lo que los niños de ojos azules y manos torpes sueñan. La belleza, esa virtud que según Wilde se justifica a sí misma. He dicho "ooohh" y estoy maravillado.

Me siento algo avergonzado. Me he quejado de mi situación ante alguien que está mucho peor que yo y sonríe y disfruta. He actuado como un niño ante alguien que ha actuado como una mujer. Y alguien que ha sido lo suficientemente generoso como para no abofetearme fisicamente ni enfadarse, sino para animarme, para desearme lo mejor, para apoyarme. Y para darme un abrazo de verdad, de esos que saben a realidad.
Tengo mucha suerte de que haya alguien como ella en mi vida. Y tengo mucha suerte de que aparezca y me haga reaccionar, una y otra vez, aunque yo sigo siendo un desastre que me empeño en hundirme. Gracias. Muchas gracias.

No hay comentarios:

Publicar un comentario