miércoles, 26 de octubre de 2016

El sagrado deber del anfitrión


Vengo de una familia de marcado carácter norteño, como ya sabéis todos los que me conocéis. En el norte de España, probablemente por el clima, la casa de uno no es cualquier cosa. No se invita a casa a nadie que no sea muy muy amigo. Todo tiene que estar perfecto cuando se reciben invitados. Lo mejor que tengamos es para ellos. En el norte de España, uno no invita a gente porque, normalmente, el nivel de exigencia personal que se impone uno mismo con respecto a los invitados no es cualquier cosa.
Yo he sido educado en eso. Pero también soy del sur, soy un animal social. Necesito gente. Así que me gusta invitar a mis amigos a mi casa. Lo malo es que, dado que vengo de la tradición que tengo, todo invitado es un huesped.
En inglés hay una simpatica similitud semantica entre host "anfitrión, receptor" y hostage "rehen". Es simpatica porque entra mucho dentro de la actitud en la que uno se encuentra una vez establece un compromiso. Quien se queda a tu casa es tu huesped y tienes unas obligaciones hacía él/ella. Tiene que estar bien. Tiene que estar cuidado. Tiene que estar contento. Si no, no te comprometas.
Eso es parte de nuestra cultura. Recuerdo una cosa muy simpática. Rali me dijo que su madre quería conocerme y le reñía por no haberse liado conmigo porque "un hombre que te cuida así es exactamente lo que necesitas". Es gracioso porque yo cuido a Rali así porque, en primer lugar, es una amiga y una persona muy importante para mí. Pero sobre todo, porque como anfitrión tengo una serie de obligaciones hacía ella. Haría algo parecido por alguien que no me cayera tan bien. La diferencia es el matiz y es muy sutil, la mayoría de la gente no se daría cuenta.

Ya he dicho en cierta ocasión que para recibir, hay que dar. Y uno sabe que lo está haciendo bien cuando la persona que se va de tu casa dice "Me da pena irme. Quiero quedarme". Esa es la mejor recompensa que pueden darte. Es un abrazo de colega, es un beso en la frente. Es la manera de decirte que lo estás haciendo bien y que sigas así. Sobre todo porque eso habla de nosotros mismos, de como somos, de nuestro carácter, nuestra generosidad, nuestra voluntad, nuestro espíritu. Y del respeto que nos tenemos a nosotros mismos, a través del trato que damos a los demás.

Muchas gracias por dejarme ser vuestro anfitrión. Muchas gracias por ser tan buenos huespedes.

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