domingo, 27 de septiembre de 2015

Aprendiendo a luchar


Hay una canción de Reincidentes que se llama así y me gusta bastante. Hoy venía de vuelta del aeropuerto pensando en eso. En que, una de las cosas que más le agradezco a mi familia, es haberme enseñado a valorar determinadas cosas y a plantarme y defenderlas. Aday, un compañero del curro, lo resumía perfectamente en la anecdota que le pasó cuando apenas era un chaval. Volvía del colegio con el ojo morado y su padre le preguntó que había pasado. El joven Aday le contó a su padre que un compañero le había dicho que era un hijo de puta y el padre, en su sabiduria veterana, le dijo
"Está mal que te metas en peleas. No debes pelearte con otros niños. Pero tampoco puedes dejar que insulten a tu madre".
Esto, que suena tan paradójico y difícil, es tan sencillo como la tabla del uno. Es decir, hay cosas que no se pueden tolerar. Y como no se pueden tolerar, no se toleran. Yo no soy una persona conflictiva. No me gusta enzarzarme con gente, prefiero estar tranquilo y a mi aire. Pero creo que determinadas cosas no se deben ceder, porque empiezas cediendo una... cedes otra... y cuando te das cuenta has perdido tu capacidad de decisión. La voluntad de poder, que decía Nietzsche, que no es otra cosa que nuestro natural impulso de convertir nuestros deseos en realidad. Y eso solo es posible cuando hemos defendido dicha capacidad.
Así que bueno, una cosa de la que estoy agradecido a mi familia es de ello. De haberme preparado para un mundo en el cual la fuerza existe. Mi principal conflicto deontologico con las escuelas que defienden la libertad educativa y la capacidad del niño de aprender "a su aire", es precisamente esa. La necesidad del conflicto como parte del proceso de aprendizaje, y de la resolución de conflictos mediante elementos externos. Esa forma de desprenderse del ego y de asumir que, sí, ok, este es el mundo que me rodea... pero hay muchas cosas que no alcanzo a ver o controlar y que también ejercen influencia sobre mi mundo.

Quiero terminar agradeciendo, aparte de a mi familia, al entorno en el que vivo y me muevo, y a la Armada, a darme algo por lo que merece la pena plantarse. Dice una ley de murphy que todo hombre está dispuesto a morir por una idea, siempre y cuando no la tenga demasiado clara, pero el otro día Pau Gasol definió muy bien que era su nación. Su barrio, sus amigos, su familia. Ya está. Eso somos. Una pequeña tribu pero, en mi caso, una pequeña tribu maravillosa interconectada con otras pequeñas tribus que también son geniales. Un album de historietas, no una gran historia, pero cuantas historietas interesantes!

No hay comentarios:

Publicar un comentario