viernes, 18 de septiembre de 2015

Entre el exceso y la apatia


Ayer venía para casa en el metro y miraba a la gente a mi alrededor. Es muy entretenido, se aprende mucho tanto de ellos como de ti. Miraba a la gente y pensaba, ¿por qué me balanceo entre los extremos? ¿Por qué ese conflicto, ese eterno vivir en la paradoja?
Soy extremadamente sofísticado y a la vez, extremadamente vulgar. En mi se combinan el intelectual de salón con el rudo marinero. Y me gusta. Me gusta decir cosas que alzan cejas, me gusta hacer preguntas incomodas, me gusta tener medio pie fuera del encuentro social. Debe ser ese matiz provocador adolescente, pero a la vez es algo tremendamente vital. Encuentro motivos para alegrarme siempre. Me gusta la anganga más tópica y la refinada señorita. Siempre y cuando sean auténticas. Me he dado cuenta de que me define la honestidad. La busqueda de algo real.
Dudo. Durante mucho tiempo he sentido el halito del tiempo en la nuca. La busqueda de la estabilidad, de algo que continue. De una historia que se extienda en el tiempo, en lugar de una burbuja de relato que queda enterrada entre otras burbujas, baul que cargo por el mundo adelante. Es importante dar lo que recibes, así que he optado por dejar esa tensión de lado y confiar en el equilibrio. La busqueda de reciprocidad se torna amarga cuando las expectativas suben.
Así pues, ¿por qué esa pasión por la paradoja? ¿Por qué ese contraste? Porque es en el conflicto donde se crea y yo quiero crear. Aunque aun tengo miedo de exponerme, aun tengo miedo de sufrir, aun tengo miedo de tomarme las cosas en serio. Miedo miedo miedo. El gato que se quema rehuye el agua hirviendo y mis emociones me han quemado demasiado. Mantener un perfil bajo, no llamar la atención, no esperar demasiado. Dejar que un día suceda al siguiente sin hacer mucho ruido.
¿Es eso vivir? Pero no se vive de hoy para mañana. Estoy creandome a base de pedacitos que voy encontrando tirados por el suelo. Y a veces, como ayer, eso sucede simplemente levantando la cabeza y mirando a tu alrededor. Tanto... y tan poco. 

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